Ecoansiedad: ¿Por qué el clima nos quita el sueño?

¿Has sentido alguna vez una sensación de angustia al leer sobre el deshielo de los polos o los incendios forestales que cada vez son más frecuentes? No estás solo. El simple hecho de hacer “scrolling” en tu teléfono móvil cada mañana y leer noticias sobre sequías, inundaciones o incendios forestales se ha convertido, para muchos, en un ejercicio de ansiedad.

De hecho, este malestar no es un fenómeno aislado: un estudio internacional publicado en The Lancet Planetary Health señala que casi el 60% de los jóvenes en todo el mundo se sienten muy o extremadamente preocupados por el cambio climático. Esto refleja como en los últimos años el cambio climático ha dejado de ser únicamente una crisis ambiental para convertirse en un desafío de salud pública. Este malestar definido por una mezcla de impotencia y tristeza tiene un nombre técnico: ecoansiedad

¿Qué es exactamente la ecoansiedad?

La ecoansiedad no es solo un tema de moda en internet o una enfermedad mental. Según explica la investigadora María Pastor Valero, de la Universidad Miguel Hernández (UMH), es una “respuesta emocional lógica y muy normal ante un problema que es real” .

Mientras que la ansiedad clínica a menudo carece de una causa clara, impide el funcionamiento diario y/o necesita un tratamiento médico, la ecoansiedad nace de una amenaza objetiva como es la crisis climática. Se manifiesta a través de sentimientos de tristeza profunda, pensamientos rumiantes sobre el futuro del planeta, desesperación e incluso sentimientos de negación. Solo se convierte en cuadros clínicos como depresión o estrés postraumático si estos sentimientos se vuelven crónicos o muy intensos.

Brisbane - Alan" por School Strike / Flickr / Licencia Creative Commons CC BY 2.0
«Brisbane – Alan» por School Strike / Licencia Creative Commons BY 2.0)

¿Cómo se mide un miedo global?

Para estudiar este fenómeno, la ciencia utiliza herramientas validadas internacionalmente. Una de las más destacadas es la escala Hogg, diseñada originalmente en 2021 para jóvenes en Australia y hoy es utilizada en diversos países.

Este instrumento consta de 13 ítems que evalúa la experiencia y las sensaciones sobre el clima de las personas en las últimas dos semanas.  A través de diferentes preguntas como «¿has tenido pensamientos repetitivos sobre el futuro del planeta?» o «¿has sentido angustia o ansiedad cuando piensas en el cambio climático?», se asigna una puntuación de 0 (nunca) a 3 (casi todos los días), sumando un total de 39 puntos. Esta puntuación permite a los epidemiólogos identificar qué grupos de población están sufriendo más.

¿La ecoansiedad nos afecta a todos por igual?

Uno de los hallazgos más reveladores de las investigaciones sobre la ecoansiedad es que no nos afecta a todos por igual ya que existe una brecha de desigualdad. Un estudio cualitativo realizado en Brasil revela que en lugares como las favelas de Sao Paulo (Brasil) los jóvenes viven el cambio climático como una amenaza directa; el medio a perder su casa por una inundación. En cambio, en jóvenes universitarios con un nivel socioeconómico alto, la ecoansiedad suele ser más “intelectualizada” generada por el flujo constante de información catastrófica en redes sociales. Por lo que la ecoansiedad es un espejo de la desigualdad social, ya que muestra una clara injusticia medioambiental asociada a la pobreza.

También se ha comprobado que la ecoansiedad golpea más fuerte a las mujeres jóvenes debido a una mayor conciencia social y preocupación por el futuro y a una mayor carga de responsabilidad en los hogares.

¿Cómo podemos gestionar este malestar?

La clave está en la comunicación y la acción colectiva. Mensajes alarmistas en los medios de comunicación o que buscan culpabilizar al individuo solo aumentan la angustia y el malestar en la población. En cambio, la comunicación debe incluir mensajes esperanzadores y contar historias de éxito local.

Proyectos de cooperación internacional, como el proyecto CLINE (Generation Climate Crisis), propone combatir la angustia mediante la creación de laboratorios ciudadanos. Se ha comprobado que cuando las personas se asocian con otras de la comunidad para realizar acciones proambientales, el nivel de ecoansiedad se neutraliza. Esto funcionan como una terapia en el que los niveles de angustia disminuyen.

Sentirte abrumado por las noticias del clima de hoy en día es una respuesta lógica y normal, pero, sobre todo, es importante entender que el conocimiento y la acción comunitaria son las herramientas definitivas para reducir las desigualdades sociales. Es posible que quizás este gran desafío nos obligue a conectarnos y dejar el aislamiento atrás para proteger no solo nuestro planeta, si no también nuestra salud mental.

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