Doctora Dolores Molto: “Las moscas son animales valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras”

  • La catedrática del Departamento de Genètica de la Facultat de Biologia de la Universitat de València explica el modelo animal de Drosophila melanogaster y su vital relevancia para la investigación de enfermedades raras de origen genético. 
Doctora María Dolores Molto en un laboratorio de la Universidad de Valencia.
La doctora Molto y el estudiante de doctorado Alexandre Llorens Trujillo en el laboratorio.

La doctora María Dolores Molto es especialista en genética de la Facultad de Biología de la Universitat de Valencia (UV). Su línea de trabajo son las enfermedades raras de origen genético. Uno de sus proyectos fue sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad rara del sistema nervioso, que afecta el movimiento y marcha de las personas jóvenes. Para entender mejor esta enfermedad, recibió ayuda de unos seres particulares: moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). La doctora Molto explica la importancia de estos animales en la investigación y cómo ayudaron para entender mejor la ataxia de Friedreich.

¿Cómo se empleó la mosca de la fruta para estudiar la ataxia de Friedreich? 

Los afectados con ataxia de Friedreich tienen un gen mutado, el cual produce una proteína llamada frataxina. El resultado final de la mutación es que el gen no se expresa (activa) lo suficiente y no sintetiza (produce) la cantidad de proteína necesaria para mantener la salud de las células. 

La mosca también tiene un gen que codifica la frataxina y fuimos el primer grupo en identificarlo. Dado que podemos reproducir la enfermedad en Drosophila, tenemos la posibilidad de estudiarla. Así que desarrollamos un modelo en el cual las moscas tenían una cantidad de frataxina reducida para entender sus funciones. 

¿Cuál es la función de la frataxina en el organismo?

La frataxina trabaja dentro de las mitocondrias, que son como las fábricas de energía de la célula. Esa energía les permite funcionar. La frataxina regula los niveles de hierro y ayuda a que dentro de la mitocondria funcionen enzimas muy importantes que sirven para obtener energía.

Sin frataxina, las mitocondrias no funcionan correctamente. Hemos visto que hay enzimas que se ven afectadas, tanto en pacientes como en moscas. Ambos casos sintetizan menos energía y aumentan lo que llamamos especies reactivas de oxígeno (ROS), que causan estrés oxidativo y muerte celular. 

Durante unos años, se discutió si las especies reactivas de oxígeno eran parte del origen de la enfermedad. Con las moscas pudimos confirmar la hipótesis: la falta de frataxina causa estrés oxidativo, el cual daña las mitocondrias, que a su vez lesionan las células nerviosas.

¿Cómo ayuda a pacientes o médicos entender la enfermedad de Friedreich? 

A partir de estudiar estos mecanismos que dan origen a la enfermedad, el equipo postuló posibles tratamientos. Identificamos una proteína reguladora que permite activar ciertos genes, llamada NRF2. Cuando hay niveles elevados de estrés oxidativo, NRF2 es liberado y se une al ADN, activando genes que protegen frente al estrés oxidativo. En las moscas que simulan la enfermedad, NRF2 no se libera y no activa esa protección, pero encontramos un método para liberar a NRF2 y activar las defensas antioxidantes.

En este sentido, el primer tratamiento para la ataxia de Friedreich fue aprobado en el año 2024 y justo actúa en ese nivel, activando a NRF2. Aunque no es totalmente curativo, sí ofrece un beneficio y, cuando tienes pacientes con estos problemas, cualquier mejora es bien recibida. 

Adolescente con ataxia de Friedreich, una enfermedad rara, en silla de ruedas.
La ataxia de Friedreich afecta el equilibrio y el movimiento e inicia durante la adolescencia. Prostock-studio/Shutterstock 

¿Por qué no investigar directamente en humanos en vez de en moscas?

Los organismos más sencillos, como es el caso de Drosophila, nos permiten realizar experimentos que por cuestiones éticas no podríamos realizar en humanos. Además, en una escala temporal, es muchísimo más rápido trabajar con ellas. Esto es lo que en biomedicina llamamos organismos modelo. 

Los organismos modelo han sido fundamentales porque han permitido determinar la función de los genes y cómo sus productos (proteínas) se integran en el funcionamiento de la célula.

Si ponemos el caso de las enfermedades raras, como la ataxia de Friedreich, sabemos que aproximadamente un 80% de ellas tienen un origen genético. En muchas de ellas, basta una mutación en un único gen para que se desarrolle la enfermedad. Los modelos animales nos permiten conocer cómo funcionan los genes. 

Además, es más rápido trabajar con modelos animales. Puedes investigar muchas generaciones en poco tiempo porque se reproducen más rápido. A estos animales podemos alterarlos genéticamente con facilidad y el riesgo bioético es muchísimo menor. 

¿Se parecen en algo las moscas al humano? Porque de primeras cuesta ver alguna similitud.

Si nos comparamos a simple vista, evidentemente, no nos parecemos en nada. Sin embargo, si hacemos un estudio profundo, tenemos muchas similitudes y compartimos muchas funciones básicas. Pensemos que tanto los humanos como las moscas necesitamos movernos, respirar, comer e incluso aprender. Tenemos una historia evolutiva compartida. Esto implica que muchos de los órganos tienen un origen común y en el desarrollo de estos órganos están participando unos genes claves que se han mantenido conservados a lo largo de la evolución. Por lo tanto, ¡estamos compartiendo genes! 

Si regresamos al campo de las enfermedades, puedo decir que el 70% de los genes que sabemos que en humanos producen una enfermedad tienen su equivalente en la mosca. Cuando en la mosca se alteran, reproducen características que se asemejan a la enfermedad. 

Si te das cuenta, no somos tan distintos.

Existiendo otros animales, como ratones, ¿por qué elegir moscas para realizar estudios? 

La historia de Drosophila tiene más de un siglo. Durante todo ese tiempo se han construido todo tipo de herramientas y estrategias sofisticadas para hacer estudios genéticos en ellas. Prácticamente puedes tener mutaciones para todos los genes de la mosca; es muy fácil generar mutantes. Podemos hacer que un gen se exprese (active) en el momento o en el tejido que queramos. Podemos cambiar cuánto se expresan sus genes o podemos silenciarlos (apagarlos). Todo esto tiene una ventaja muy importante para poder estudiar la función de un gen. 

Otra ventaja que tienen frente a organismos vertebrados, como los ratones, es que, además de ser pequeños, tienen ciclos de vida más cortos y una gran capacidad reproductiva, por lo que son muy abundantes. Con una pareja puedes tener muchísimos descendientes, a nivel de centenares. Con las moscas puedes hacer lo que se llaman estudios a gran escala. 

Incluso puedes realizar cruces entre moscas con diferentes mutaciones y ver si la descendencia, al combinar esas mutaciones, mejora o sale más perjudicada. Además, necesitan poco espacio, cuidados y materiales. Hasta podemos prepararles su propia comida aquí en el laboratorio.  

Alumna de biología trabajando con Drosophila melanogaster.
Alumna trabajando con las Drosophilas. Utiliza dióxido de carbono para anestesiarla y un pincel suave para manipularlas. 

Al trabajar con moscas mutadas, ¿qué nivel de riesgo existe si llegaran a escapar del laboratorio?

Como tenemos moscas transgénicas (genéticamente modificadas), necesitamos unas instalaciones específicas para trabajar con ellas. Nosotros las creamos en el 2018. Cotidianamente, la llamamos Fly Room, pero su nombre es Sala Mensua, en honor al profesor José Luis Mensua, quien fundó el Departamento de Genética en nuestra Facultad.

Esta sala cumple todas las condiciones para trabajar con moscas. Tiene una doble puerta para entrar y los investigadores tienen que ingresar con una bata específica para no llevarse moscas retenidas en la ropa. También cuenta con un sistema de ventilación que evita que las moscas puedan salir al exterior. 

Sin embargo, el nivel de riesgo es muy bajo, ya que las moscas con las que trabajamos no son patógenas. Además, si escaparan, es muy poco probable que sobrevivieran fuera del laboratorio, porque están adaptadas a esas condiciones. Por otro lado, los transgenes (genes modificados) que portan no son peligrosos y es extremadamente improbable que se transfieran a las moscas silvestres (de la naturaleza), ya que eso requeriría que llegaran a reproducirse con ellas. En cualquier caso, tampoco suponen un riesgo para la salud de las personas.

¿Cómo se trabaja con estos animales en el día a día de una investigación?

Dentro de la Flyroom, las moscas viven dentro de tubos de plástico. A cada tubo lo rellenamos con un poco de papilla que les preparamos a las moscas con azúcar, harina de maíz y levadura. Para que no escapen, pero tengan oxígeno, sellamos el tubo con un poco de algodón. 

Mientras esperamos a necesitarlos o a que se reproduzcan, los tubos de ensayo con las moscas se colocan en una incubadora. Es otro cuarto que regula la temperatura para que puedan vivir y reproducirse con mayor facilidad.     

Cuando trabajamos con ellas, usamos lupas binoculares para poder analizarlas a mayor tamaño. También tenemos un sistema para anestesiar (dormir) a los adultos —las moscas inician como larvas— porque vuelan y se mueven, así que para observarlos, necesitamos que estén anestesiados y quietos. Luego utilizamos pinceles suaves para manipularlos sin lastimarlos. 

Cuando termina una investigación o ya no se necesita de algún grupo de moscas, las depositamos en una morgue. No las podemos liberar porque son animales transgénicos y no sobreviven en el exterior. Así que la morgue tiene alcohol al 70%, el cual las noquea para que mueran pacíficamente.

En 2013 se reguló el cuidado de varios animales de laboratorio y en el 2023 entró en vigor la Ley de Bienestar Animal. ¿Qué normas y regulaciones protegen a las moscas durante la investigación? 

Las leyes de bienestar animal son muy estrictas en España, ya que se sigue la normativa europea. Sin embargo, las leyes están dirigidas sobre todo a organismos vertebrados o a algún invertebrado en el cual se sabe que puede sentir cierto tipo de dolor. Las moscas no entran dentro de estos grupos. Por lo tanto, no hay en sí una regulación específica.

Moscas de la fruta con mutaciones genéticas en un laboratorio.
Moscas con diferentes mutaciones en sus tubos de ensayo.

Las moscas no son lo que se dice guapas. La mayoría las llamaría una plaga. ¿A usted no le causa desagrado o miedo trabajar con ellas?

La doctora ríe. 

¿Las moscas? ¿No las has visto nunca? Son pequeñitas.

Se las puede confundir con plagas porque hay moscas que afectan a la fruta, pero estas son completamente inofensivas. Es más, yo las veo preciosas. Por ejemplo, tienen muchos colores de ojos: blancos, negros, rojos, naranjas, marrones, y son preciosos. Hasta hay mutantes que no tienen ojos. Algunas tienen alas planas y otras rizadas; algunas tienen alas pequeñitas e incluso hay algunas sin alas. 

Son pequeños animales, valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras y la embriología. Yo las veo preciosas.

Actualización 28 de abril 2026: se agrega información en pie de foto. Se agrega enlace a imagen del ciclo de vida de la mosca de la fruta.

La jornada valenciana por el Día Mundial de las Enfermedades Raras, centrada en la innovación tecnológica y en la tardanza en el diagnóstico

Una enfermedad rara es aquella que afecta a 1 de cada 2000 personas. El director científico del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS la Fe), Guillermo Sanz, explicó en la Jornada acogida por su institución con motivo del Día Mundial de las Enfermedades Raras, que estas se caracterizan por ser crónicas, incapacitantes, progresivas, potencialmente mortales y con un destacado componente genético. Con el objetivo de visibilizar los principales temas ligados a estas patologías, la jornada, que tuvo lugar el 28 de febrero, se centró en la innovación y en la demora en el diagnóstico como principales retos en torno a estas afecciones de baja prevalencia.

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Luisa María Botella | Investigadora en enfermedades raras

“ESTO ES IMPOSIBLE DE AGUANTAR”

La científica del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC se empeñó en encontrar a los enfermos de Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria, hasta que dio con ellos


Luisa María Botella.

Para Luisa María Botella Cubells (Valencia, 1959) la investigación no ha sido un camino fácil. Su trayectoria ha sido una especie de “tira y afloja” durante la cual ha tenido que hacer esfuerzos constantes por seguir con su pasión: el estudio de la enfermedad rara Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria (HHT). Asegura que solo se siente útil para los pacientes. Para el gobierno, en su opinión, los investigadores son “un estorbo”.

Pregunta. ¿Cómo son sus comienzos en el CIB-CSIC?

Respuesta. Yo entré en el CIB-CSIC en 1989, concretamente en el departamento de Biología Celular, donde hice hasta 1995 investigación básica con insectos. En ese año, por diversas cuestiones, me vi sin proyecto, sin laboratorio y con tan solo un despacho. Hasta 1996 me dediqué a ayudar a los estudiantes que entraban a ese departamento como becarios predoctorales, figura que en este momento casi ya no se ve en el CIB. Un año más tarde, me incorporé al laboratorio del profesor Carmelo Bernabeu con un proyecto del Plan Nacional de I+D+i, junto a una de las estudiantes a las que estuve ayudando. El paso fundamental fue que pasé de una investigación en un modelo de insectos a modelos humanos. Fue entonces cuando comencé a estudiar la endoglina, aunque por aquel entonces no sabía que mutaciones en esta proteína eran responsables de la aparición de la enfermedad rara Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria (HHT). Eso lo descubrí revisando la literatura científica en 2001.

P. ¿Es entonces cuando comienza a interesarse por esta enfermedad?

R. En ese momento me entró la curiosidad por conocerla. Ese mismo año fui con mi jefe a un congreso mundial sobre HHT y vi que, salvo cuatro o cinco grupos de investigación, la mayoría de los presentes eran médicos exponiendo los síntomas de la enfermedad. Nosotros no la investigábamos aún y para mí aquello supuso un antes y un después. Me empeñé en conocer dónde estaban los pacientes de HHT, quién los atendía y si se hacía algún tipo de diagnóstico. Mi jefe me recomendó que no me metiera en eso porque, al tratarse de una enfermedad rara, era difícil encontrar hospitales que colaboraran, además de que por aquella época había poca financiación para su estudio. Tras mucho insistir, me propuso buscar médicos que conocieran algún enfermo en España e intentar hacer un esbozo de proyecto conjunto.

P. ¿Da al final con un médico interesado?

R. Sí, a un médico cántabro le encantó mi proyecto y, como la HHT afecta a muchos órganos, me puso en contacto con dos médicos de medicina interna. Fue un proyecto que pidió mi jefe al Fondo de Investigación Sanitaria, una de las dos fuentes que había junto con el Plan Nacional de I+D+i. Como aún no eran incompatibles, él tuvo su proyecto con una fuente de financiación y yo el mío con otra.

P. A partir de ahí comienza la investigación.

R. El Hospital de Sierrallana en Torrelavega (Cantabria), que fue nombrado en 2003 como hospital de referencia español por la HHT International Foundation, nos mandaba las muestras de sangre de los pacientes para hacer el diagnóstico genético. Para ello contamos con una becaria, África Fernández. Aunque en 2005 se acabó el proyecto, conseguimos otros dos: uno del Plan Nacional de I+D+i y otro de la Fundación Ramón Areces, gracias a lo cual pude contratar a otra becaria para que hiciera su tesis, Virginia Albiñana. Además, el grupo entró a formar parte de los Centros de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER), creados en 2006, donde nos concedieron otros dos contratos. Fue la época dorada del laboratorio.

P. ¿Surgen complicaciones?

R. A finales de 2010 finalizó el proyecto de la Fundación Ramón Areces. Ese mismo año, debido a la crisis y los recortes, CIBERER no renovó el contrato a Lucía Recio, ayudante de laboratorio. Sin embargo, con el dinero que había para investigar la volví a contratar hasta finales de 2011, cuando finalizaba mi proyecto oficial. Mientras tanto, África acabó su tesis y a Virginia se le acabó la beca. Con lo cual, me vi sin dinero, sin proyecto y sola con María Luisa Ojeda, la otra plaza de contrato CIBERER que había quedado. Entonces, pensamos en financiación privada y se me ocurrió que una posibilidad podía ser participar en algún concurso de televisión.

“Una emisora de radio me facilitó hacer el casting de Atrapa un millón”

P. Al final, acaba yendo a uno.

R. En febrero de 2012, con motivo del día de las enfermedades raras, los medios de comunicación dieron bastante difusión. En una de las entrevistas por radio les comenté mi situación y les dije que estaría dispuesta a cualquier cosa para conseguir dinero. Otra emisora de radio me tomó la palabra y me facilitó hacer el casting de Atrapa un Millón, concurso de Antena3. Lo pasé y en junio fui con mi hermano. Ganamos 15.000 € y los 12.000 € que nos quedaron tras lo que se llevó hacienda los donamos a la Asociación de Pacientes de HHT, creada en 2005, aunque para mantener a una ayudante de laboratorio se necesitan 19.000 €. Sin embargo, esa fue la semilla que nos animó a hacer más cosas para volver a contratar a Lucía, algo que finalmente hicimos en octubre de 2012.

P. También participa en una campaña de difusión con la Asociación.

R. Sí, gracias a lo cual conseguimos tres ayudas importantes: 25.000 € de una señora que quiso permanecer en el anonimato, 50.000 € de la Fundación Heres y 20.000 € de la Organización de Estados Iberoamericanos, la cual puso la condición de que la mitad se invirtiera en hacer diagnósticos genéticos de gente de Iberoamérica, donde no se hacían todavía. Todo eso hizo que la Asociación tuviera un dinero y se plantease mantener a Lucía y contratar a tiempo parcial a otro investigador.

P. ¿Cuánta gente tiene actualmente con usted en el laboratorio?

R. A principios de 2013, gracias a la tesis doctoral de Virginia sobre posibles remedios terapéuticos para los pacientes de HHT, la vicepresidenta de la Alianza von Hippel-Lindau, asociación de otra enfermedad rara, me contactó para saber si una de esas terapias se podía aplicar para sus pacientes. Le dije que pensaba que sí y nos dieron un proyecto para abordar una terapia para esta segunda enfermedad. Con ese dinero contratamos a tiempo parcial a Virginia, y la otra media jornada se la pagaba la Asociación de HHT. De esta manera, recuperamos el laboratorio y así es como lo tengo hoy en día: Virginia, quien investiga ambas enfermedades, es contratada por CIBERER, Lucía por la Asociación de HHT y yo investigadora del CSIC. De vez en cuando, también tenemos estudiantes con proyectos fin de carrera y de máster.

De izq. a derecha: Virginia Albiñana, Luisa María Botella, María Luisa Ojeda y Lucía Recio. Fotografía aportada por Luisa María Botella

“El trámite burocrático para pedir proyectos se ha multiplicado por diez desde que entré en el CSIC”

P. ¿Qué cambios más notables ha visto desde sus inicios en la investigación respecto a la situación actual?

R. El trámite burocrático para pedir proyectos se ha multiplicado por diez desde que yo entré en el CSIC, te piden justificaciones continuamente, informes, etc. En mis comienzos, mi jefe pedía proyectos con tranquilidad y sin agobios, no como hoy en día. Además, ahora para pedir un proyecto te piden resultados previos, tesis doctorales dirigidas, proyectos propios y experiencia. Y si acabas de solicitarlo, ¿cómo vas a tener resultados previos? Es la pescadilla que se muerde la cola. En mi caso fue distinto porque cuando entré yo no era el jefe. Sin embargo, los que vienen de EEUU con publicaciones en las mejores revistas del mundo y con una cierta edad (hoy los que entran y quieren tener su propio grupo ya tienen más de 40 años), cuando se encuentran sin nada yo creo que les dan ganas de volverse. O tienes mucha necesidad de venir a España y vocación por ser investigador en este país, o no vienes porque es imposible.

P. Estuvo en la Universidad de Lund (Suecia) de 1986 a 1987, ¿qué diferencias más destacables diría que hay entre la investigación en España y en el extranjero?

R. Cuando volví a España noté enseguida una depresión post-estancia postdoctoral, lo cual pasa a todos. Un investigador español, fuera (en países occidentales desarrollados) tiene todas las posibilidades y técnicas más novedosas, además de presupuesto suficiente para poner en marcha sus propias ideas. Esto aquí no era así, no se utilizaban esas técnicas, no teníamos muchos aparatos, no había tanto dinero… En ese momento piensas que te tienes que olvidar de parte de lo que has aprendido para adaptarte a las posibilidades de aquí. Te ves un poco limitada y decepcionada. En otros países como EEUU, Inglaterra o Francia, sacas una plaza y te dan una financiación base para amueblar tu laboratorio y tener personal. Aquí, de partida, no tienes nada.

P. ¿Cree que la sociedad conoce cómo funciona la investigación?

R. No. De hecho, los que más podrían conocerlo, los estudiantes que están acabando, no tienen ni idea de lo difícil que es este mundo y de que hoy por hoy no van a poder quedarse en este país. Tampoco saben hasta el último año que, si quieren hacer tesis en España, van a necesitar una media de sobresaliente en la carrera para optar a beca, ya que dan muy pocas. Si lo hubieran sabido, se les hubiera creado desde el principio un estrés por sacar esa nota de corte, la cual actualmente está en un 8,8. En biología, como no tengas eso, no puedes hacer la tesis.

P. En su caso, ¿sabía en qué consistía antes de empezar?

R. No, yo tampoco lo sabía. Sabía que era muy dura, que hay que dedicarle mucho tiempo y sacrificar tu vida personal, y así lo hice hasta que volví a España. Sin embargo, ni siquiera entonces lo sabía, puesto que yo no tenía que conseguir el dinero, sino mi jefe. Yo me preocupaba de hacer experimentos. Lo peor viene cuando tú eres el responsable de laboratorio y tienes que encargarte de hacer el proyecto, de las ideas, de dirigir a los demás y, además, de captar fondos para mantener un equipo. Ahí es donde hoy en día tropezamos. Crear un grupo supone tener mucha experiencia y un CV espectacular.

P. ¿Cree que la profesión científica está estereotipada por parte de la sociedad?

R. Hay dos tipos de estereotipos en la actualidad: el del científico raro que huye de la sociedad y está en su mundo con sus ideas; y el del científico muy inteligente capaz de hacer milagros. Ambos son erróneos, aunque sí es cierto que, si quieres ser científico a largo plazo, tienes que dedicar gran parte de tu tiempo y tu vida personal, lo cual hace que los científicos a veces seamos personas un poco introvertidas.

“La vocación por las enfermedades raras me entró siendo ya madura, si fuera más joven seguro que me voy”

P. ¿Cómo ve la situación de la investigación en España en la actualidad?

R. Yo diría que España, y lo siento por decirlo, no es un país en donde puedas desarrollar tu carrera investigadora. Los españoles son muy buenos científicos. Somos imaginativos, somos creativos, tenemos voluntad, inteligencia y nos arriesgamos donde otros igual tiran la toalla. Sin embargo, España es un país de turismo hoy en día, no de ciencia. Es así de duro. A mí, la vocación por las enfermedades raras me entró siendo ya madura, si fuera más joven seguro que me voy. Esto es imposible de aguantar, te deprimes, te afecta a la salud física y psíquica y sientes que para el gobierno no sirves para nada, que eres un estorbo y que les gustaría quitarse la poca inversión que hacen en ciencia y dedicarlo a otra cosa. Solo me siento útil para los pacientes.

P. ¿Considera que los gobernantes conocen la investigación?

R. No tienen ni idea, eso es lo malo. Desde 2011 no tenemos ni ministerio, estamos en el de Economía, lo que indica que lo que van a intentar es recortar todo lo que puedan y dar lo mínimo posible para investigar. Otro ministerio importante que tenemos para la investigación es el de Sanidad y los que están arriba tienen un perfil de políticos, no son ni médicos ni investigadores, entonces no tienen ni idea de nada. Así no vamos bien.

P. ¿Qué papel juega aquí la divulgación científica?

R. La importancia es total y completa. En mi caso, hasta que no llegó la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y empezó a hacer difusión, nadie sabía en España lo que eran, nadie donaba dinero. FEDER, que se creó en 1999, firmó compromisos con el gobierno en 2006 y ha ido ganando una serie de derechos y la posibilidad de entrevistarse con el Ministerio de Sanidad, de tener acceso a fundaciones de bancos y comercios para que donen dinero. Esto ha sido gracias a la campaña de difusión. Si no fuera por esto, estaríamos estancados.

P. ¿Qué opinión le merecen las noticias científicas en medios generalistas?

R. En general, las noticias las veo mal llevadas. Se encarga a periodistas no especializados realizar reportajes de temas que desconocen por completo. La culpa es doble: periodistas no especializados y científicos con afán de notoriedad y repercusión. Ambos, juntos, pueden crear falsas expectativas a través de noticias que dan lugar a engaño.

P. ¿Qué propondría para solucionar esto?

R. Me gustaría que hubiera más periodistas especializados, que trabajasen en contacto con centros de investigación y así, conocer qué puede tener relevancia para la sociedad, cuándo contarlo y cómo. También me gustaría que los científicos fuéramos más realistas y supiéramos reconocer las limitaciones de nuestras investigaciones, estar seguros de los resultados antes de dar difusión. Creo que a todo científico le gusta difundir sus investigaciones, no solo en revistas especializadas, sino también en medios generalistas y que la sociedad las conozca.

P. ¿Cómo ve la situación actual de la mujer en esta profesión?

R. Aún hoy en día vemos que, aunque hay más estudiantes mujeres, a partir de ahí quedan frenadas debido al rol que la sociedad asocia a la mujer. Y si te tienes que marchar, frente a la disyuntiva de irte sola sin tu pareja y continuar en la investigación, o dejar esta y continuar con tu pareja en España, muchas veces la mujer elige la segunda opción. Hay mujeres que sí han llegado a altos puestos, muchas de las cuales no han sido madres o han tenido que sacrificar a la familia. En mi caso, he estado soltera y tengo un hijo adoptado. Al dedicarme a la ciencia mi vida personal se ha visto mermada. Y pasa con la mayoría. El problema es que la ciencia es muy esclava, llegas a casa y tampoco desconectas. Esto afecta tanto a hombres como mujeres.