Isabel Cordero-Carrión, matemática: “Las matemáticas son la caja de herramientas lógica de los más potente que hemos sido capaces de desarrollar”


La profesora asociada de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Valencia ha usado su formación durante sus primeros años de estudio para investigar el universo y las ondas gravitacionales a través de las matemáticas

Ilustración de Ivania Maturana

Siempre se escucha que las matemáticas se encuentran en todo lo que se hace a diario en la vida y constantemente se destaca su importancia. Por lo mismo, en la escuela y en el instituto son las materias en donde los gobiernos ponen más énfasis en el programa educativo. Sin embargo, durante la etapa de la adolescencia, las matemáticas, junto con otras ciencias más duras, tienen un gran rechazo por parte del estudiantado. De acuerdo al último informe PISA realizado el 2022, los estudiantes españoles lograron uno de los peores resultados en matemáticas con respecto a las evaluaciones anteriores. De igual forma ocurrió con el estudio TIMSS, según un reportaje del diario El País en diciembre 2025. 

Isabel Cordero-Carrión, licenciada en matemáticas y doctora en astrofísica, profesora titular de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Valencia en el área de Matemática Aplicada, estudió su licenciatura y doctorado en la misma universidad. Es miembro de la colaboración LIGO-Virgo-KAGRA (LVK), una red de detectores de ondas gravitacionales que se encuentran en Estados Unidos, Italia y Japón. Isabel participa activamente como divulgadora científica, incentivando el estudio de las matemáticas, la ciencia y la inclusión de las mujeres en áreas STEM. El pasado 14 de marzo se celebró el Día Internacional De Las Matemáticas, el cual está asociado al número Pi por sus infinitos decimales. Según la investigadora, es importante poder visibilizar las ciencias duras y poder conectarlas con la vida diaria, especialmente en edades donde los niños o adolescentes parecen perder el interés.

P. ¿Para qué sirven las matemáticas y para qué sirven en la física?

R. Muchas veces yo hago esta pregunta en los institutos cuando voy a dar charlas de divulgación. La respuesta siempre es que sirven para contar, medir u ordenar, sin embargo yo les respondo que en general, las matemáticas sirven para que no te engañen y para que no nos engañemos. Las matemáticas son una caja de herramientas de lógica de las más potentes que hemos sido capaces de desarrollar. Por ejemplo, muchas veces podemos tener dos objetos que parecen diferentes a simple vista, pero que con ayuda de las matemáticas podemos entender que son en realidad lo mismo. Cualquier cosa que queramos entender, como por ejemplo en este caso lo sería la física, va a necesitar de las matemáticas para que tenga lógica y razonamiento. 

P. ¿En qué procesos físicos se encuentran además de la simetría? ¿Sirven para describir el universo?

R. Para hablar de trabajos de simetría, quiero destacar la labor de Emmy Noether, la cual debería ser conocida junto con muchas otras investigadoras en ciencia que han sido invisibilizadas en el pasado. Para describir el Universo, necesitamos de las matemáticas y eso se puede ver en ciertos procesos como la gravedad, donde la geometría es la mejor forma que tenemos para entender el espacio-tiempo. Para escribir ecuaciones y entender por ejemplo las ondas, necesitamos también de las matemáticas. Muchas veces, la explicación a ciertos fenómenos no es posible hacerla con el lápiz y el papel, ahí recurrimos al uso de la matemática aplicada y métodos numéricos, que serían como simulaciones. Por otro lado, cuando observamos el Universo, necesitamos conectar esa observación con la teoría. En esos casos, la estadística es sumamente necesaria y eso también es matemáticas. La topología de los objetos también se hace a través de las matemáticas. Hay un montón de aplicaciones usándolas y esa fue una de las razones por las que luego de la licenciatura, decidí estudiar astrofísica. Uno pensaría que son dos cosas que no tienen conexión pero no es así. 

P. ¿Qué tanto rigor debe tener un investigador en matemáticas con respecto a un investigador en física a la hora de calcular?

R. Si una investigación en matemáticas requiere de un cálculo muy analítico, no se hacen muchas aproximaciones. Sin embargo, al igual que en la física, si necesitas utilizar métodos numéricos o usar el ordenador para resolver un problema, las aproximaciones son necesarias. La gran diferencia entre la investigación en matemáticas y física no es hacer o no aproximaciones, sino que antes de resolver un problema, el investigador en matemáticas intenta entender por qué se hacen, cuál es el rango de validez de la aproximación y sobre todo cual será el margen de error. En la física, primero se intenta resolver el problema y si la solución no calza bien con los datos, se piensa en cambiar el método de resolución. 

P. ¿Qué es LIGO-Virgo?

R. Es una colaboración de personas. Somos muchas personas los que estamos trabajando en la parte instrumental, teórica y de análisis de datos. Ligo-Virgo esta formado por tres interferómetros, uno que se encuentra en territorio estadounidense y el otro en territorio europeo. También se ha sumado el interferómetro Kagra, ubicado en Japón y que ya son parte de la colaboración por lo que ahora sería correcto llamarlo LIGO-Virgo-Kagra. Virgo, es la colaboración internacional europea de la cual yo soy parte asociada al interferómetro que se encuentra en Italia. Uno de los principales objetivos de esta colaboración es el estudio de las ondas gravitacionales. 

P. ¿Qué son las ondas gravitacionales? ¿Cómo se detectaron usando la matemática?

R. Las ondas gravitacionales o gravitatorias, son un fenómeno relativamente reciente que aparece en la teoría de la relatividad general. Cuando analizamos las ecuaciones, se entiende que hay una onda ya que encontramos un operador matemático que tiene la misma forma que las ondas del aire, del mar o de cualquier fenómeno ondulatorio. Al entender que ese operador proviene de un fenómeno físico utilizando mucha matemática, podemos pasar a la fase experimental y pensamos, ¿qué significa tener ondas en el espacio? Pensemos entonces en un globo hinchado al cual le pego dos pegatinas en su superficie, separadas una de otra. Si lo hincho un poco más, lo deshincho y luego lo vuelvo a hinchar, parecería que estas pegatinas están alejándose una de otra. Sin embargo, ellas están fijas en el sitio dónde las pegué y es el globo el que está cambiando de forma. El globo representa al espacio-tiempo y la onda gravitatoria es una perturbación en el tejido del espacio-tiempo y que distorsiona las medidas del tiempo y de la distancia entre los objetos. 

P. ¿Se pueden escuchar la ondas gravitacionales?

R. La respuesta corta sería que no, ya que una onda gravitatoria no tiene átomos que se golpeen entre sí, lo cual se traduciría en sonido. Tienen todas las propiedades de onda ya que tienen amplitud y frecuencia, sin embargo no son capaces de escucharse instantáneamente. Al ser detectadas y observadas, sí se puede hacer una analogía para convertir eso que observamos en sonido.

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«Puede que no lleguemos nunca a las respuestas a todas nuestras preguntas, pero lo importante es lo mucho que vamos a aprender en el camino de buscarlas«

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P. ¿Cómo ha evolucionado la matemática a lo largo del tiempo? 

R. Pues así como sucede en otras áreas de la ciencia como lo es la física, también las matemáticas evolucionan. En un momento, se pensaba que en la geometría estaba todo controlado y que existía un dentro y un fuera. Entonces apareció la cinta de Möbius y la botella de Klein, las cuales no tienen ni dentro ni fuera y cambió todo lo que pensábamos. Es por eso que cuando tienes ya una idea de que lo sabes todo, llega algo que te dice que nunca tendrás un sistema que esté completo y siempre existirán cosas que no podrás decir si son ciertas y podrás crear teorías alternativas a eso. En matemáticas, tenemos problemas abiertos extremadamente sencillos de entender pero que no sabemos cómo resolverlos aún ni tampoco si seremos capaces en el futuro. Eso, a mi parecer, es lo más bonito de las matemáticas y de la ciencia en general. Puede que no lleguemos nunca a las respuestas a todas nuestras preguntas, pero lo importante es lo mucho que vamos a aprender en el camino de buscarlas. 

P. ¿Qué te apasiona de las matemáticas?

R. Pensando en lo que me apasiona de ellas, la verdad es que cuando yo empecé a estudiar matemáticas, no tenía idea de qué eran y lo descubrí en el camino. Hacer matemáticas no es solamente hacer cuentas, sino que es jugar, equivocarse, poner la lógica al punto límite que te puedas imaginar. Me apasionan porque rompen un montón de ideas preconcebidas que se tienen y porque usándolas hay un montón de objetos raros que pueden definirse, existan o no. Cambian tu visión de ver el mundo cuando las aprendes, ya que tu mente se abre. 

P. ¿Crees que es importante celebrar el lenguaje de las matemáticas?

R. Yo pienso que sí, ya que si no le ponemos nombre a algo, no encontramos nunca el momento para pensar sobre ello. Las matemáticas a veces se olvidan porque se pueden enseñar muy mal, de manera muy memorística en donde se penaliza mucho el error. Pero esa idea se puede reformar y es a través de la divulgación que podemos transmitir lo impresionantes que son.

Tampoco debe ser contraproducente y divulgarlas sólo un día, ya que las matemáticas no existen solamente el día de las matemáticas, a pesar de que el 14 de marzo todo el mundo se acuerda del número Pi y de los infinitos decimales que tiene. Además del día de las matemáticas es importante que quienes las estudiamos, salgamos a la calle y hablemos de ellas en un lenguaje cercano y práctico. Tenemos que mostrar que las matemáticas son divertidas y desmitificar ciertas ideas sobre ellas. No olvidarnos lo diversas que pueden ser y que, por ejemplo, también se pueden hacer experimentos con ellas. Lo que se muestra sobre las matemáticas es solamente la punta del iceberg pero hay mucho más que contar. 

Ilustración de Ivania Maturana

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández: «La sobrecarga del cuidador se asocia con un mayor riesgo de errores con la medicación en casa»

Un estudio de la UMH revela que uno de cada cuatro cuidadores informales ha cometido errores con la medicación de pacientes dependientes por agotamiento emocional.

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández e investigador. Imagen cedida por el entrevistado.

El envejecimiento de la población y el aumento de los cuidados en el hogar provocan cambios en el sistema sanitario español y en el rol de las familias. El catedrático de la Universidad Miguel Hernández José Joaquín Mira, referente en investigación sobre calidad asistencial y seguridad del paciente, participa en un estudio publicado en el Journal of Health Quality Research con 176 cuidadores de personas dependientes, que analiza cómo influye la sobrecarga emocional en los errores en la administración de medicamentos. Los resultados señalan que el desgaste psicológico, además de afectar al bienestar del cuidador, también pone en riesgo la seguridad del paciente, duplicando el riesgo de cometer errores.

Pregunta: En este contexto de envejecimiento de la población y aumento del cuidado a domicilio, ¿por qué es relevante este estudio?

Respuesta: Desde siempre, las personas cuidan de otras, esto no es nuevo. Sí lo es que, sobre todo en países desarrollados y en Europa, se están produciendo cambios acelerados en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID: hay más personas que necesitan cuidados en casa porque vivimos más y la gente decide permanecer en su hogar el mayor tiempo posible. A las políticas de desinstitucionalización de los gobiernos, en parte por falta de recursos, se une la voluntad de quedarse en casa. Vivimos más años: el cambio más notable se ha dado en los hombres, que han aumentado significativamente su esperanza de vida. Esto implica que haya más personas con condiciones crónicas y no es gratis vivir más. Por tanto, más personas necesitan cuidados en casa y algo que siempre ha existido ahora cobra mayor relevancia.

P: Uno de cada cuatro cuidadores, 45 de los 176, dijo que había tenido algún incidente con la medicación. ¿Es más alto de lo esperado?

R: No, al contrario, es bastante razonable. Quienes cuidan a otros, o quien sigue un tratamiento crónico, sabe que hay confusiones y errores involuntarios que a veces tienen consecuencias. Igual que al movilizar a alguien sin técnica puedes lesionarte la espalda, en casa hay condiciones que afectan a la seguridad. En instituciones sanitarias llevamos años implantando protocolos para garantizarla, pero no debemos olvidar a los pacientes en casa. Aunque estén con familiares, también hay que velar por su seguridad. Ese es el objetivo de estos estudios.

P: ¿Cuáles eran los errores más frecuentes?

R: Principalmente, confusión por la apariencia de los fármacos, que muchas veces son parecidos. A veces hay varios cuidadores y falla la comunicación: equivocarse en la dosis, repetirla u olvidarla. También influye la conservación de los medicamentos: olvidar si deben ir en la nevera o dónde guardarlos. Algunos formatos, como las gotas, son más difíciles de dosificar. Son errores que en ocasiones pueden complicarse.

P: Cuando hablamos de cuidadores y pacientes, ¿a qué tipo de situaciones de cuidado nos referimos exactamente?

R: Nos centramos en personas dependientes que requieren ayuda diaria: alimentación, higiene, movilidad o tratamiento. No hablamos de cuidados puntuales, como cuidar a alguien con gripe, sino de quienes dedican muchas horas porque tienen a alguien dependiente a su cargo. En procesos largos, las rutinas pueden favorecer errores involuntarios. De los errores, estimamos que un 2% requiere atención sanitaria, es decir, tiene consecuencias más graves.

P: ¿Cómo influye la sobrecarga emocional en la gestión de medicación?

R: Es un tema recurrente en la investigación. Cuidar 24 horas al día, todo el año, influye en la vida personal y profesional. Es un reto para las instituciones. En Europa se han desarrollado leyes de dependencia con distintos grados de implantación. Nosotros hemos visto que una mayor sobrecarga emocional se asocia a más errores, con impacto en la persona cuidada.

P: ¿La sobrecarga emocional provoca errores, o existe una relación bidireccional entre sobrecarga e incidentes?

R: Son dos fenómenos que conviven. Por un lado, aumenta la probabilidad de error. Por otro, cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: ya existe la carga del cuidado y además surge el impacto emocional del error. Sentirse responsable afecta, más aún si hay vínculo emocional. Esto puede cambiar la actitud al cuidar, demasiadas precauciones tampoco ayudan pues aumentan la carga emocional y pueden ser contraproducentes: tener precauciones estandarizadas es útil, pero pasarse de la raya suele tener un efecto contrario.

P: ¿Qué tipo de consecuencias? ¿Más ansiedad, por ejemplo?

R: Más preocupación y exceso de control por miedo a que ocurran incidentes, lo que incrementa la carga mental del cuidado y termina favoreciendo la aparición de más errores. Involuntarios, pero se cometen. Estos sentimientos de responsabilidad y culpa hacen que las emociones no sean las más adecuadas para el cuidado.

«Cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: la carga del cuidado sumada al impacto emocional del incidente»

P: En el estudio encontraron que había más riesgo de error en hombres que en mujeres. ¿Cómo interpretar esta diferencia?

R: Los hombres se atreven a hacer más cosas: siguen menos las pautas que las mujeres, por ejemplo, con las prescripciones y pueden tener errores en esta dirección. También hay un nuevo fenómeno: los hombres vivimos más que antes. Más hombres llegan a una edad en la que su pareja tiene dificultades o requiere cuidados. Pero pertenecen a una generación con menos experiencia en tareas domésticas. Se enfrentan a nuevas dificultades al proveer cuidados básicos en el hogar, que las mujeres, por tradicionales sesgos de género, han asumido. Esto genera diferencias con los hombres que solían tener una menor responsabilidad en tareas domésticas. Por tanto, ahora tienen más margen de comisión de errores involuntarios. Tampoco podemos afirmar que sea así en todos los casos, pero va en esta dirección. También hay diferencias biológicas en la respuesta a medicamentos en ciertos procesos y es un factor que no siempre se tiene en cuenta. Entre cuidadores informales hemos visto que hay algunas pautas que son distintas según el género, así que conviene comentarlo. Al formar a cuidadores puede ser útil, basándonos en errores que hemos visto, dar algún mensaje diferente a hombres y mujeres, aunque, al final, las recomendaciones básicas son las mismas para ambos.

P: ¿Podría el sistema sanitario hacer algo sobre la responsabilidad sanitaria que recae sobre las familias?

R: Cada vez somos más conscientes de que la información es clave. Ha habido escuelas de cuidadores informales. Hoy contamos con tecnologías digitales, lo cual es importante porque estos cuidadores no pueden acudir regularmente a formación presencial. Necesitan recursos accesibles desde casa. Es clave formar en medicación de riesgo y en uso de dispositivos médicos complejos. Materiales fiables e inmersivos pueden ser una alternativa eficiente que nos podríamos plantear.

P: ¿Qué señales indican si un cuidador está sobrecargado?

R: Principalmente la fatiga y la dificultad para recuperarse con el descanso, además del estado de ánimo. Es una situación exigente en tiempo y responsabilidad. Muchas personas lo identifican, pero no tienen salida porque el paciente necesita atención. Las ayudas sociales, aunque limitadas, dan cierto alivio y recuperación. Esta es una situación complicada de resolver, evidentemente. Estos tiempos libres o ayudas para que una persona pueda descansar unas horas, al menos algún día a la semana, suponen un alivio necesario para recuperarse.

P: ¿Detectaron culpa o miedo entre los cuidadores al hablar sobre incidentes con la medicación? ¿Se normaliza el agotamiento?

R: Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa, forma parte de su quehacer cotidiano. Hablar de errores cuesta en todos los ámbitos, también en el sanitario. Es una reacción humana. Tuvimos que ajustar las preguntas para obtener respuestas fiables. Es un reto al investigar en este campo porque se tiende a infrainformar, es decir, a no contar completamente los errores o a minimizarlos por esa doble victimización. Ese sentimiento controvertido entre “sé que no he hecho bien algo” y el miedo a alguna consecuencia muy negativa.

P: ¿Hubo algún testimonio llamativo?

R: Sí, situaciones cotidianas que reflejan la dificultad de organizar el día a día. Por ejemplo, administrar medicación con poca luz para no despertar al paciente y confundirse. O guardar medicamentos del paciente y de mascotas en el mismo lugar y mezclarlos. Son situaciones comunes.

«Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa»

P: ¿Qué le diría a un cuidador con burnout?

R: Si el cuidador está sobrecargado probablemente haya aislamiento. Es importante romperlo a través de asociaciones, apoyos sociales… Los servicios sociales tienen limitaciones, pero hay recursos disponibles y es una puerta donde se puede llamar. En centros de salud y hospitales existen grupos de formación y apoyo. Es importante mantener ese contacto social, porque alivia la presión y la sensación de soledad y alta responsabilidad.

P: Hacer piña.

R: Un poco, sí. Al final el ser humano encuentra por ahí una válvula de escape que funciona. Cuando hemos organizado grupos, fíjate, más que si era eficaz o no lo que hacíamos, una de las cosas que nos han dicho algunos cuidadores era: “Es la primera vez que alguien me pregunta”. Ese dato refleja una sensación de aislamiento.

P: ¿Estamos olvidando el papel de los cuidadores?

R: No, hay iniciativas en España y conciencia social. Otro problema distinto es si hay recursos suficientes porque el número de personas que cuidan a otras es enorme en nuestro país: cientos de miles de personas. No hablamos de un fenómeno aislado. Aún así sería necesario un plan más coordinado para abordar esta problemática social, clínica y humana.

“No se trata de apagarlo todo sino de utilizar la luz de forma útil”

El investigador del IAA‑CSIC advierte que la luz nocturna afecta a la salud, a la biodiversidad y a la astronomía y denuncia que la transición al LED se ha hecho sin criterios ambientales

Alejandro Sánchez de Miguel, referente en el estudio de la contaminación lumínica a nivel internacional, es astrofísico e investigador en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en la Oficina de Calidad del Cielo. Ha desarrollado metodologías pioneras para medir la luz artificial nocturna con satélites desde el espacio y colabora en iniciativas para la protección global del cielo oscuro. Sus investigaciones revelan como la luz nocturna es un tipo de contaminación como la del aire que está alterando los ecosistemas, afecta a la salud humana y compromete la capacidad científica de los observatorios. El investigador señala la necesidad de utilizar la luz de forma racional y alerta sobre un problema silencioso pero creciente sobre el que, a su juicio, existen soluciones fáciles de aplicar.

Alejandro Sánchez de Miguel durante una ponencia en Shanghái. Foto: https://asanchezdemiguel.com

P: ¿Qué es exactamente la contaminación lumínica y por qué debería preocuparnos?

A.S: Es un tipo de contaminación como cualquier otra, igual que la del aire. Legalmente, la luz es una forma de energía que se introduce en la atmósfera y puede producir daños en la salud, en los ecosistemas y en usos legítimos del medio ambiente, como la observación astronómica. El problema es que, como hay intereses, hay conflicto, y se ha intentado rebajar el concepto a luz molesta. Pero la definición de la ONU es clara: toda luz nocturna que produce daño es contaminación lumínica. No se trata de apagarlo todo, sino de usar la luz de forma útil.

P: Tus trabajos con datos de satélite muestran un aumento sostenido del brillo del cielo. ¿Cómo está evolucionando la contaminación lumínica en el planeta? ¿Por qué la luz azul es la más perjudicial?

A.S: Los satélites históricos que usamos, como DMSP o VIIRS, no ven colores. Son ciegos a la luz azul, que es la forma más dañina de contaminación lumínica porque es la que más se dispersa en la atmósfera. Con la mejor calibración disponible vimos un crecimiento del 49% en los últimos 25 años, pero en la luz azul el aumento llega al 270%. Y eso que los satélites no la detectan bien. La transición al LED no se está haciendo de forma sostenible: en muchos lugares se han instalado lámparas de temperatura de color muy alta, las más contaminantes.

P: En sus estudios como Impactos ambientales de la luz artificial nocturna apuntas a que el brillo del cielo sigue aumentando por un inadecuado uso de la tecnología LED. ¿Es una contradicción disponer de una mejor tecnología actualmente pero que contamine más?

A.S: La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real. Hasta 2017 no empezaron a igualar en eficiencia a las lámparas de sodio. La tecnología LED es maravillosa si se usa bien, pero no se está usando bien. Tiene capacidades enormes, direccionalidad, regulación, elección del color etc.  que no se están aprovechando. El impacto ambiental de fabricar un LED es menos sostenible: requiere tierras raras y electrónica. 

La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real

Pero ha habido desinformación por parte de la industria y casos de corrupción ligados a su instalación. Y muchos ayuntamientos no tienen personal con formación técnica para evaluar lo que compran.

Imagen de las luces nocturnas de España y parte de Francia desde la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA

P: ¿Los observatorios profesionales se están viendo perjudicados por el aumento sostenido de la contaminación lumínica? ¿Cómo afecta a las observaciones científicas y a sus resultados?

A.S: Es un tema delicado y a muchos observatorios no les gusta admitirlo, pero afecta. Obliga a exponer los telescopios más tiempo, reduce la eficiencia y aumenta los costes. Y hay una paradoja, muchos astrónomos no son plenamente conscientes del problema porque no trabajan en las partes del espectro más afectadas. 

No es solo la contaminación lumínica, sino la química, la acústica, el cambio climático… Hay un nivel de amenazas tan grande, que la contaminación lumínica se ha quedado relegada. Además, ahora mismo la contaminación lumínica más grave para la astronomía no viene solo de las ciudades, sino de los satélites. Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta.

P: Hace poco se paralizó un gran proyecto industrial destinado a mejorar la transición energética, el proyecto INNA en Chile próximo a los grandes observatorios. ¿Qué riesgos implicaba?

A.S: Muchos. La contaminación lumínica habría aumentado por encima de las recomendaciones de la Unión Astronómica Internacional. Pero además habría problemas por vibraciones, polvo, turbulencias… Un observatorio necesita preservar las mejores condiciones naturales posibles, idealmente en cientos de kilómetros a la redonda. En Paranal ya se ven honguitos de luz a lo lejos. Construir una mega infraestructura a 25 km es incompatible con un telescopio como el VLT. Y el impacto ambiental más grande habría sido la construcción de la carretera: coger un sitio virgen supone un daño mayor.

Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta

P: ¿Deberían existir zonas de protección lumínica internacional?

A.S: Sí. Igual que hay zonas protegidas para la radioastronomía. La legislación ya contempla que cualquier proyecto que genere contaminación directa o indirecta debe tener un estudio de impacto ambiental, pero no se está aplicando. La contaminación lumínica viaja cientos de kilómetros. Necesitamos áreas de protección internacional para la astronomía y mecanismos para que las administraciones respondan si degradan un observatorio. La astronomía es uno de los pocos ejemplos reales de desarrollo sostenible que existen.

P: ¿Qué medidas sencillas se podrían aplicar en las ciudades y las administraciones para reducir la contaminación lumínica sin renunciar a la seguridad ni a la iluminación urbana?

A.S: Formación técnica, cumplimiento de la ley y reducción de la potencia. En Madrid se bajó un 50% la iluminación y nadie se dio cuenta. La gente prefiere luz cálida, pero no se le pregunta. Y necesitamos educación ambiental, si las organizaciones que crean conciencia social ignoran este problema, las leyes no se cumplen. También es clave elegir temperaturas de color bajas y usar la luz solo donde y cuando hace falta.

Dirigir correctamente las luminarias exteriores al suelo, junto con una adecuada temperatura de color cálida son parte de las medidas más eficaces para reducir la contaminación lumínica.

Créditos: Dark Sky International

P: ¿Qué le preocupa más: que estemos perdiendo capacidad científica en los observatorios o que estemos transformando el planeta sin darnos cuenta?

A.S: La degradación del planeta. La ciencia seguirá haciéndose, siempre habrá alguien mirando hacia arriba. Pero los impactos ambientales y en la salud los tenemos encima. En mi caso, una de las cosas que más me ilusiona fue ver uno de mis artículos sobre contaminación lumínica citado en una investigación sobre el tipo de cáncer por el que murió mi padre. Los efectos de la contaminación lumínica afectan a los ciclos circadianos, a la melatonina y al crecimiento de ciertos tumores. La ciencia nos ayuda a saber hasta dónde podemos llegar en la degradación. 

SABER MÁS:

Environmental impacts of artificial light at night.

KJ. Gaston, A. Sánchez de Miguel Annual Review of Environment and Resources 47 (1), 373-398

“València té una oportunitat única amb l’Horta, però cal saber aprofitar-la”

El doctor enginyer de camins Joan Olmos Lloréns, una de les principals veus contra la València del mite del progrés, analitza la situació de l’Horta de València després de l’eliminació del Consell de l’Horta.


El canvi climàtic és fa palés cada dia més i València és un dels escenaris on les seues conseqüències són més visibles. El professor Olmos, amb una experiència professional que combina universitat, gestió pública i activisme és, actualment, una de les veus més lúcides per a entendre l’evolució de l’urbanisme i del medi ambient del Cap i Casal, especialment de tots els canvis que està sofrint l’Horta en les últimes dècades. La seua visió ofereix una perspectiva crítica sobre el present i el futur de València amb una combinació de l’ecologisme, la societat i l’urbanisme.

L’urbanista al despatx de sa casa, a València. Font: Joan Olmos Lloréns.


La seua trajectòria és molt diversa: universitat, administració i activisme. Com ha influït tot això en la teua manera d’entendre l’urbanisme?

Jo sempre he intentat fugir d’una visió estrictament tècnica d’aquest camp. L’urbanisme no és només una disciplina d’enginyeria, és també una qüestió social, política i ambiental. La meua experiència en diferents àmbits m’ha portat a defensar la interdisciplinarietat. No es poden entendre problemes complexos com el territori o el canvi climàtic des d’una sola mirada. Allà on he pogut expressar-me, he mostrat la meua preferència per juntar opinions professionals que puguen contribuir a explicar i entendre el medi ambient: geògrafs, biòlegs, urbanistes, enginyers de camins, forestals… I, per suposat, al món de l’ecologisme.

Aquesta visió interdisciplinària també implica una manera concreta d’entendre la ciència?

Sí. Com diu Carl Sagan en El món i els seus dimonis (1995), “la ciència no és perfecta, però és el millor instrument que tenim per analitzar la realitat”. El problema és quan es prescindeix de la ciència, és a dir, quan es substitueix el pensament científic pel pensament màgic. Això passa molt en urbanisme, per exemple, en els casos en què una gran infraestructura es ven com si anara a solucionar tots els problemes. No hi ha solucions miraculoses.

«Les universitats haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen»

Sovint has criticat la identificació entre creixement i progrés. Encara estem instal·lats en aquesta idea?

Absolutament. Encara es pensa que créixer és sempre positiu. Més carreteres, més ports, més urbanització. Però el creixement té costos, i molts d’ells no es comptabilitzen. És el que anomenem costos externs: impactes ambientals, sanitaris o socials que paguen totes les persones. Si entenguérem això, moltes decisions urbanístiques hagueren sigut diferents.

Quin paper ha jugat l’activisme en tot aquest procés?

L’activisme ecologista hi ha tingut un paper fonamental. Encara que moltes batalles s’han perdut, l’activisme ha deixat una empremta important. Ha generat consciència i ha documentat una responsabilitat històrica. Moviments com la defensa del Cabanyal o de l’Horta han demostrat que la societat pot influir. Ara bé, també és cert que la mobilització ha disminuït.

Per què creus que passa això?

Probablement perquè s’ha instal·lat una certa resignació. A més, les institucions no sempre han estat a l’altura. Les universitats, per exemple, haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen.

«L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar»

Parlem de l’actualitat. Com valores les polítiques urbanes recents a València en relació amb el canvi climàtic?

No són encoratjadores. Es continua apostant per models basats en el creixement i la construcció. Fins i tot després de fenòmens extrems com la DANA, en lloc de replantejar-se el model territorial, s’està parlant de reconstruir en els mateixos llocs i amb la mateixa lògica. Això és un error.

En aquest context, quin paper juga l’Horta de València?

L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar. La legislació mateixa ho reflecteix: el sòl no urbanitzable es defineix en negatiu, el positiu és el sòl urbanitzable, aquell destinat a ser urbà.

La recent eliminació del Consell de l’Horta, impulsada per l’actual govern valencià al·legant causes burocràtiques i econòmiques, ha generat preocupació entre els sectors agraris i ambientals. Creus que la desaparició d’aquest organisme pot agreujar la situació?

Sens dubte. El Consell de l’Horta tenia limitacions, però era un instrument de protecció i coordinació. Sense aquest tipus d’estructures, l’Horta queda més exposada a la pressió urbanitzadora. I si a això sumem la falta de relleu generacional en l’agricultura, el panorama és preocupant.

L’Horta de Godella amb la ciutat de València al fons. Camí Vell de Godella, 2013. Per Rosa Pardo i Marín.


Per què costa tant protegir l’Horta?

Hi ha diversos factors. Econòmicament, l’agricultura no és rendible en molts casos. Culturalment, ser llaurador ha estat infravalorat. I políticament, no hi ha hagut una defensa prou forta per cap part. Tot això fa que l’Horta perda davant d’altres interessos.

Creus que encara hi ha marge per a revertir aquesta situació?

Sí, però cal actuar. Una de les claus és fomentar el cooperativisme i facilitar que gent jove puga dedicarse a l’agricultura amb condicions dignes. També cal valorar el coneixement acumulat: la gestió de l’aigua, les sèquies, els sistemes de reg… tot això és un patrimoni extraordinari.

I des del punt de vista urbanístic, què caldria fer?

Necessitem un nou urbanisme. Un urbanisme que no es base només en construir, sinó en fer ciutats habitables, amb proximitat, amb menys dependència del cotxe i més respecte pel territori. València té una oportunitat única amb l’Horta, però cal saber aprofitar-la.

Per acabar, mantens l’optimisme?

Citant a Kant, “l’optimisme és una obligació moral”. No podem rendir-nos. Encara que el context no siga el millor, tenim la responsabilitat de continuar treballant i transmetent una visió crítica. El futur dependrà, en gran part, de la capacitat de les noves generacions per entendre i defensar el territori.

Teresa Franquesa, ambientóloga: “La generación Z ha crecido oyendo que nos encontramos en un punto de no retorno y eso causa angustia”

Teresa Franquesa, ambientóloga, sostiene que muchos jóvenes recurren hoy a la desconexión como mecanismo de defensa frente a la sobrecarga mental y la amenaza climática.

La ambientóloga española Teresa Franquesa Codinach posee una larga trayectoria profesional en numerosas disciplinas, como la enseñanza, comunicación científica, ordenación del territorio, gestión del medioambiente y educación ambiental. Gracias a su doble formación, doctora en Ciencias Biológicas y máster en Psicología Social, posee un carácter polifacético que le ha permitido trabajar en diversos campos.

Cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA), ha trabajado en el ayuntamiento de Barcelona, dirigiendo el Plan Clima 20-30, así como estrategias de sostenibilidad y educación ambiental. Su libro “Cambio climático y ecoansiedad” busca divulgar conocimiento sobre la crisis climática y el miedo crónico que esto puede causarnos, ayudándonos a tomar consciencia y romper el aislamiento mediante el paso a la acción de manera conjunta. A juicio de la investigadora, la solastalgia puede llevar a la pérdida de nuestras raíces, sobre todo en la actualidad, y en especial a la generación Z.

(Izquierda) Teresa Franquesa Codinach, ambiéntologa y divulgadora española, cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA). Foto cedida por la entrevistada. (Derecha) Cambio climático y ecoansiedad. De la preocupación a la acción. Libro de Teresa Franquesa Codinach publicado en 2024.

¿Cómo define el concepto de solastalgia y qué similitudes y diferencias guarda con el término ecoansiedad?

La persona que introdujo este concepto fue el filósofo australiano Glen Albercht en 2003, cuando una población australiana asistió a la destrucción de su entorno tras la explotación de unas minas. Esta población siempre se había sentido confortada por su entorno y la experiencia de destrucción del mismo le causó una sensación de pérdida, a la cual Albercht denominó solastalgia, por su paralelismo con nostalgia. La diferencia sería que la nostalgia implica añoranza del pasado, mientras que la solastalgia implica una sensación de pérdida en el presente, al ver que el lugar que habitamos está siendo desfigurado, provocando un sentimiento de no pertenencia. Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconocemos como tal, suscitando un sentimiento de desamparo.  

Albercht definió solastalgia como una respuesta anímica a la destrucción del propio lugar, relacionada con un sentimiento de pérdida que conlleva tristeza. Más tarde, se popularizó el concepto de ecoansiedad, que incluye una gama muy amplia de emociones difíciles: miedo, rabia, culpa, etc. Así, yo asociaría la solastalgia más con la tristeza, mientras que la ecoansiedad puede asociarse también a otras emociones.

“Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconoces como tal, suscitando un sentimiento de desesperación”

Como las minas de Riotinto, donde se lleva a cabo la extracción del mineral y el paisaje se transforma.

Claro, porque cuando sentimos un lugar como propio, que contribuye a la creación de nuestra identidad, al ser degradado, podemos experimentar este duelo o solastalgia. Entonces, este sitio especial pasa a estar borroso, y esa interconexión que sentíamos puede desaparecer.

¿Podría la solastalgia asemejarse a un duelo migratorio? Un migrante libra pequeñas batallas en silencio de forma cotidiana con respecto a barreras lingüísticas, culturales, de carácter…

El duelo migratorio tiene un punto común con la solastalgia que es la pérdida del entorno que dota de esta identidad, pero, en este caso no es por destrucción, sino por distancia. Este duelo estaría a caballo entre un fenómeno de nostalgia y de solastalgia.

¿Y al volver a casa por vacaciones y ver que el descampado de al lado de tu casa se ha transformado en un bloque de pisos?

Esto sí correspondería a la idea de solastalgia, porque no reconoces tu lugar, en el cual creciste, formaste tu identidad…

¿Considera que todas las generaciones están sometidas al fenómeno de solastalgia de igual manera? Por ejemplo, la generación Z impactada por el “doomscrolling”.

La generación Z ha crecido oyendo que nos encontramos en un punto de no retorno y eso causa angustia. Un mecanismo de defensa saludable es desconectar para no abrumarse. De hecho, muchos jóvenes reconocen evitar pensar en esto porque se sienten impotentes. Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento.

Prueba de ello es un estudio que relata que entre 2023 y 2025, los jóvenes españoles de 18-30 años que creen que el cambio climático es importante, ha bajado del 90% al 76%. Preocupación e implicación climática no son sinónimos, pero sí es verdad que encontramos presente este mecanismo de defensa. No debemos olvidar que también existe una desconfianza fundada hacia la capacidad y la voluntad de las instituciones para hacer frente a este problema, asociando el cambio climático con retórica.

“Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento”

Gráfico lineal del porcentaje de personas con total seguridad de que está ocurriendo el cambio climático por sexo y edad en España. Fuente: Observatorio transición justa 2025.

Una especie de mercaderes de la duda por mecanismo de defensa.

Bueno, existen muchos intereses en mantener el business as usual y sembrar dudas de todo tipo. Siempre los intereses venden unos relatos y tenemos que saber si los compramos o no.

Este punto de no retorno con el cual la generación Z ha crecido, y cuyos cambios climáticos, al ser un fenómeno a largo plazo, no se atisban de forma inminente…

Diría que sí los veremos, por desgracia. De hecho, ya los estamos viendo. Otra cosa es que los identifiquemos como tales, pero el cambio del clima es un hecho.

¿Puede este contexto crear una disonancia cognitiva en esta generación, lo que debe estar haciendo versus lo que podría hacer, culpabilizándose de no poner su granito de arena, desencadenando patologías psíquicas?

Sentir tensión y preocupación en una situación como esta es normal, la situación es inquietante. No diría que esto sea ningún tipo de patología, porque es normal sentir miedo, rabia o tristeza. Lo que ocurre nos importa. No es un signo de debilidad, sino una señal que hace que estemos alerta. Siempre digo, no estamos locos, estamos despiertos. De hecho, Thomas Doherty dice que la función de la ecoansiedad no es hacerte feliz, sino mantenerte vivo.

Emoción proviene del término emovere (= agitar), de manera que las emociones nos agitan. Las emociones son como una alarma que nos empuja a actuar cuando algo en nuestro entorno vital no va bien, y tenemos que tomar precauciones, como si fuese una alarma de incendios: cuando suena la alarma, el problema no es la molestia que causa el ruido, sino que se está quemando la casa. No se trata de mirar a la ecoansiedad, sino la causa de esta.

Quizás deberían pensar para la tercera película de la saga Inside Out una nueva emoción que represente la preocupación climática.

El problema es que el discurso apocalíptico no ayuda, cansa. En cambio, un relato positivo, esperanzador, resulta más poderoso que una alerta constante, empujando a la sociedad a llevar a cabo acciones. Existe un gran abanico de posibilidades para actuar. La cuestión es encontrar aquella iniciativa en la que cada uno sienta que está desarrollando sus posibilidades. Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia.

Respecto a la salud mental, existe un proceso de pasos esenciales para cuidar de uno mismo: primeramente, escucharse y reconocer sus emociones, aceptarlas; en segundo lugar, comunicar con nuestro alrededor para tener feedbacks positivos que nos recuerden que el cambio es posible; seguidamente, encontrar aquello que podemos hacer que esté en nuestra mano, siendo realistas (sobre todos los jóvenes…); posteriormente, mantener una red de apoyo, con iniciativas comunitarias, para transformar el miedo en energía; y, por último, cuidarse emocionalmente, por ejemplo, dosificando el consumo de información con el fin de evitar la saturación, ya que a veces puede resultar saturadora y redundante.

“Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si esto te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia”

En relación a la saturación de información en jóvenes, ¿cómo ve la iniciativa de prohibir el uso de redes en menores de 16 años en España?

Hoy en día hay muchos padres que intentan que sus hijos no tengan un móvil hasta que tengan una determinada edad, pero no todos tienen la misma consciencia, y muchos les dan el móvil a sus bebés para que se entretengan. Esta falta de visión crítica de no pensar en las repercusiones que una persona de temprana edad esté sometida a cantidades ingentes de información no adaptadas hace que se planteen este tipo de restricciones. Una manera de acotar la utilización de redes sería implantar, como ya se ha hecho en otros países como Australia, redes sociales exclusivas para menores.

El ecólogo Ramón Margalef se refería a que “la problemática fundamental puede resumirse en que la tierra se nos hace pequeña”. Respecto a la crisis ambiental global, ¿podríamos hablar de solastalgia? ¿Estamos a tiempo de revertir las consecuencias de nuestros actos?

Cabe recordar que esta citación de Margalef es de los años setenta y, además, él fue un pionero en indicar esto cuando muy poca gente veía los límites de la Tierra. La actividad humana llega a todas partes, no queda apenas territorio virgen. Tenemos una influencia monstruosa sobre el plantea, su funcionamiento y sus características.

¿Existe una enorme solastalgia? Bueno, es una manera de verlo. Retomando la metáfora del incendio, cuando suena la alarma y te das cuenta que se te ha quemado la cocina, hay dos posibles actitudes: o rendirse y aceptar que no hay nada que hacer, o luchar por salvar el resto de las habitaciones. Yo soy partidaria de esta segunda actitud, tenemos oportunidades y tenemos capacidad de acción.

Afirmar que nada tiene arreglo es una actitud un poco presuntuosa, puesto que conlleva presuponer que sabemos lo que va a pasar. Mejor actitud sería admitir que no sabemos exactamente lo que va a pasar. Y en esta incertidumbre, podemos actuar. Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva. Así, a cada uno nos toca asumir nuestras propias responsabilidades, entendiendo estas como la habilidad para responder a una situación y luchar para cambiarla, activándonos de manera realista. Entendiendo que no estamos solos y que lo que tiene sentido es sumar en el cambio colectivo.

“Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva”

Esto requiere mucha fuerza de voluntad para salir de una zona de confort en la cual estamos bien, estamos a gusto…

Dormiditos…

Sí, totalmente.

Como la alarma de incendios: un poco de preocupación es lo que nos hace estar alerta y no dormirnos en el sopor de la tarde…

Doctora Dolores Molto: “Las moscas son animales valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras”

  • La catedrática del Departamento de Genètica de la Facultat de Biologia de la Universitat de València explica el modelo animal de Drosophila melanogaster y su vital relevancia para la investigación de enfermedades raras de origen genético. 
Doctora María Dolores Molto en un laboratorio de la Universidad de Valencia.
La doctora Molto y el estudiante de doctorado Alexandre Llorens Trujillo en el laboratorio.

La doctora María Dolores Molto es especialista en genética de la Facultad de Biología de la Universitat de Valencia (UV). Su línea de trabajo son las enfermedades raras de origen genético. Uno de sus proyectos fue sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad rara del sistema nervioso, que afecta el movimiento y marcha de las personas jóvenes. Para entender mejor esta enfermedad, recibió ayuda de unos seres particulares: moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). La doctora Molto explica la importancia de estos animales en la investigación y cómo ayudaron para entender mejor la ataxia de Friedreich.

¿Cómo se empleó la mosca de la fruta para estudiar la ataxia de Friedreich? 

Los afectados con ataxia de Friedreich tienen un gen mutado, el cual produce una proteína llamada frataxina. El resultado final de la mutación es que el gen no se expresa (activa) lo suficiente y no sintetiza (produce) la cantidad de proteína necesaria para mantener la salud de las células. 

La mosca también tiene un gen que codifica la frataxina y fuimos el primer grupo en identificarlo. Dado que podemos reproducir la enfermedad en Drosophila, tenemos la posibilidad de estudiarla. Así que desarrollamos un modelo en el cual las moscas tenían una cantidad de frataxina reducida para entender sus funciones. 

¿Cuál es la función de la frataxina en el organismo?

La frataxina trabaja dentro de las mitocondrias, que son como las fábricas de energía de la célula. Esa energía les permite funcionar. La frataxina regula los niveles de hierro y ayuda a que dentro de la mitocondria funcionen enzimas muy importantes que sirven para obtener energía.

Sin frataxina, las mitocondrias no funcionan correctamente. Hemos visto que hay enzimas que se ven afectadas, tanto en pacientes como en moscas. Ambos casos sintetizan menos energía y aumentan lo que llamamos especies reactivas de oxígeno (ROS), que causan estrés oxidativo y muerte celular. 

Durante unos años, se discutió si las especies reactivas de oxígeno eran parte del origen de la enfermedad. Con las moscas pudimos confirmar la hipótesis: la falta de frataxina causa estrés oxidativo, el cual daña las mitocondrias, que a su vez lesionan las células nerviosas.

¿Cómo ayuda a pacientes o médicos entender la enfermedad de Friedreich? 

A partir de estudiar estos mecanismos que dan origen a la enfermedad, el equipo postuló posibles tratamientos. Identificamos una proteína reguladora que permite activar ciertos genes, llamada NRF2. Cuando hay niveles elevados de estrés oxidativo, NRF2 es liberado y se une al ADN, activando genes que protegen frente al estrés oxidativo. En las moscas que simulan la enfermedad, NRF2 no se libera y no activa esa protección, pero encontramos un método para liberar a NRF2 y activar las defensas antioxidantes.

En este sentido, el primer tratamiento para la ataxia de Friedreich fue aprobado en el año 2024 y justo actúa en ese nivel, activando a NRF2. Aunque no es totalmente curativo, sí ofrece un beneficio y, cuando tienes pacientes con estos problemas, cualquier mejora es bien recibida. 

Adolescente con ataxia de Friedreich, una enfermedad rara, en silla de ruedas.
La ataxia de Friedreich afecta el equilibrio y el movimiento e inicia durante la adolescencia. Prostock-studio/Shutterstock 

¿Por qué no investigar directamente en humanos en vez de en moscas?

Los organismos más sencillos, como es el caso de Drosophila, nos permiten realizar experimentos que por cuestiones éticas no podríamos realizar en humanos. Además, en una escala temporal, es muchísimo más rápido trabajar con ellas. Esto es lo que en biomedicina llamamos organismos modelo. 

Los organismos modelo han sido fundamentales porque han permitido determinar la función de los genes y cómo sus productos (proteínas) se integran en el funcionamiento de la célula.

Si ponemos el caso de las enfermedades raras, como la ataxia de Friedreich, sabemos que aproximadamente un 80% de ellas tienen un origen genético. En muchas de ellas, basta una mutación en un único gen para que se desarrolle la enfermedad. Los modelos animales nos permiten conocer cómo funcionan los genes. 

Además, es más rápido trabajar con modelos animales. Puedes investigar muchas generaciones en poco tiempo porque se reproducen más rápido. A estos animales podemos alterarlos genéticamente con facilidad y el riesgo bioético es muchísimo menor. 

¿Se parecen en algo las moscas al humano? Porque de primeras cuesta ver alguna similitud.

Si nos comparamos a simple vista, evidentemente, no nos parecemos en nada. Sin embargo, si hacemos un estudio profundo, tenemos muchas similitudes y compartimos muchas funciones básicas. Pensemos que tanto los humanos como las moscas necesitamos movernos, respirar, comer e incluso aprender. Tenemos una historia evolutiva compartida. Esto implica que muchos de los órganos tienen un origen común y en el desarrollo de estos órganos están participando unos genes claves que se han mantenido conservados a lo largo de la evolución. Por lo tanto, ¡estamos compartiendo genes! 

Si regresamos al campo de las enfermedades, puedo decir que el 70% de los genes que sabemos que en humanos producen una enfermedad tienen su equivalente en la mosca. Cuando en la mosca se alteran, reproducen características que se asemejan a la enfermedad. 

Si te das cuenta, no somos tan distintos.

Existiendo otros animales, como ratones, ¿por qué elegir moscas para realizar estudios? 

La historia de Drosophila tiene más de un siglo. Durante todo ese tiempo se han construido todo tipo de herramientas y estrategias sofisticadas para hacer estudios genéticos en ellas. Prácticamente puedes tener mutaciones para todos los genes de la mosca; es muy fácil generar mutantes. Podemos hacer que un gen se exprese (active) en el momento o en el tejido que queramos. Podemos cambiar cuánto se expresan sus genes o podemos silenciarlos (apagarlos). Todo esto tiene una ventaja muy importante para poder estudiar la función de un gen. 

Otra ventaja que tienen frente a organismos vertebrados, como los ratones, es que, además de ser pequeños, tienen ciclos de vida más cortos y una gran capacidad reproductiva, por lo que son muy abundantes. Con una pareja puedes tener muchísimos descendientes, a nivel de centenares. Con las moscas puedes hacer lo que se llaman estudios a gran escala. 

Incluso puedes realizar cruces entre moscas con diferentes mutaciones y ver si la descendencia, al combinar esas mutaciones, mejora o sale más perjudicada. Además, necesitan poco espacio, cuidados y materiales. Hasta podemos prepararles su propia comida aquí en el laboratorio.  

Alumna de biología trabajando con Drosophila melanogaster.
Alumna trabajando con las Drosophilas. Utiliza dióxido de carbono para anestesiarla y un pincel suave para manipularlas. 

Al trabajar con moscas mutadas, ¿qué nivel de riesgo existe si llegaran a escapar del laboratorio?

Como tenemos moscas transgénicas (genéticamente modificadas), necesitamos unas instalaciones específicas para trabajar con ellas. Nosotros las creamos en el 2018. Cotidianamente, la llamamos Fly Room, pero su nombre es Sala Mensua, en honor al profesor José Luis Mensua, quien fundó el Departamento de Genética en nuestra Facultad.

Esta sala cumple todas las condiciones para trabajar con moscas. Tiene una doble puerta para entrar y los investigadores tienen que ingresar con una bata específica para no llevarse moscas retenidas en la ropa. También cuenta con un sistema de ventilación que evita que las moscas puedan salir al exterior. 

Sin embargo, el nivel de riesgo es muy bajo, ya que las moscas con las que trabajamos no son patógenas. Además, si escaparan, es muy poco probable que sobrevivieran fuera del laboratorio, porque están adaptadas a esas condiciones. Por otro lado, los transgenes (genes modificados) que portan no son peligrosos y es extremadamente improbable que se transfieran a las moscas silvestres (de la naturaleza), ya que eso requeriría que llegaran a reproducirse con ellas. En cualquier caso, tampoco suponen un riesgo para la salud de las personas.

¿Cómo se trabaja con estos animales en el día a día de una investigación?

Dentro de la Flyroom, las moscas viven dentro de tubos de plástico. A cada tubo lo rellenamos con un poco de papilla que les preparamos a las moscas con azúcar, harina de maíz y levadura. Para que no escapen, pero tengan oxígeno, sellamos el tubo con un poco de algodón. 

Mientras esperamos a necesitarlos o a que se reproduzcan, los tubos de ensayo con las moscas se colocan en una incubadora. Es otro cuarto que regula la temperatura para que puedan vivir y reproducirse con mayor facilidad.     

Cuando trabajamos con ellas, usamos lupas binoculares para poder analizarlas a mayor tamaño. También tenemos un sistema para anestesiar (dormir) a los adultos —las moscas inician como larvas— porque vuelan y se mueven, así que para observarlos, necesitamos que estén anestesiados y quietos. Luego utilizamos pinceles suaves para manipularlos sin lastimarlos. 

Cuando termina una investigación o ya no se necesita de algún grupo de moscas, las depositamos en una morgue. No las podemos liberar porque son animales transgénicos y no sobreviven en el exterior. Así que la morgue tiene alcohol al 70%, el cual las noquea para que mueran pacíficamente.

En 2013 se reguló el cuidado de varios animales de laboratorio y en el 2023 entró en vigor la Ley de Bienestar Animal. ¿Qué normas y regulaciones protegen a las moscas durante la investigación? 

Las leyes de bienestar animal son muy estrictas en España, ya que se sigue la normativa europea. Sin embargo, las leyes están dirigidas sobre todo a organismos vertebrados o a algún invertebrado en el cual se sabe que puede sentir cierto tipo de dolor. Las moscas no entran dentro de estos grupos. Por lo tanto, no hay en sí una regulación específica.

Moscas de la fruta con mutaciones genéticas en un laboratorio.
Moscas con diferentes mutaciones en sus tubos de ensayo.

Las moscas no son lo que se dice guapas. La mayoría las llamaría una plaga. ¿A usted no le causa desagrado o miedo trabajar con ellas?

La doctora ríe. 

¿Las moscas? ¿No las has visto nunca? Son pequeñitas.

Se las puede confundir con plagas porque hay moscas que afectan a la fruta, pero estas son completamente inofensivas. Es más, yo las veo preciosas. Por ejemplo, tienen muchos colores de ojos: blancos, negros, rojos, naranjas, marrones, y son preciosos. Hasta hay mutantes que no tienen ojos. Algunas tienen alas planas y otras rizadas; algunas tienen alas pequeñitas e incluso hay algunas sin alas. 

Son pequeños animales, valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras y la embriología. Yo las veo preciosas.

Actualización 28 de abril 2026: se agrega información en pie de foto. Se agrega enlace a imagen del ciclo de vida de la mosca de la fruta.

José Tena, biólogo marino: “Las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que se encuentra en porcinos o bovinos”

El director del Instituto de Investigación y Ciencia Marina de la Universidad Católica de Valencia y colíder del proyecto COLMED, explica cómo las medusas pueden convertirse en un recurso con potencial biomédico

José Tena en su despacho de la UCV. Fuente :: Guillermo González

Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia también fuera de temporada— grandes concentraciones de medusas llegan a las costas del Mediterráneo. Un fenómeno asociado al desequilibrio de los ecosistemas marinos que afecta tanto al turismo como a la pesca artesanal.

Frente a esta realidad, el proyecto COLMED propone un cambio de enfoque: convertir la captura accidental de medusas en una oportunidad dentro de la biotecnología azul. Tras dos años de trabajo, el equipo del IMEDMAR-UCV y del del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha enviado a revisión el artículo científico en el que demuestran el potencial del colágeno de estas especies para aplicaciones biomédicas.

Cooliderando esta investigación se encuentra José Tena, doctor en Ciencias Biológicas y director del IMEDMAR-UCV, con una amplia trayectoria en el estudio de los ecosistemas marinos. A lo largo de su carrera ha participado en numerosos proyectos de investigación centrados en la calidad ambiental y la biología marina, además de desarrollar una destacada labor docente y divulgativa.

Durante años las medusas han sido vistas como una molestia para la pesca y el turismo. ¿Cómo surge la idea de convertir esa captura accidental en una oportunidad científica?
Quienes trabajamos en biología marina nunca hemos visto a las medusas como una molestia. Es cierto que cuando llegan de forma masiva afectan al turismo y a la pesca, pero el problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación.

A partir de ahí, nos planteamos si aquello que hoy se percibe como un inconveniente podía tener también algún valor. Aunque el 98 % del cuerpo de la medusa es agua, contiene compuestos interesantes y ya existían algunos estudios previos que apuntaban a la calidad de su colágeno.

«El problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación»

El proyecto se ha centrado especialmente en la medusa de barril (Rhizostoma pulmo). ¿Qué características tiene esta especie y por qué resultaba especialmente interesante para el estudio?
Es una especie pelágica, es decir, vive suspendida en el agua del mar Mediterráneo, y puede formar grandes enjambres. En los últimos años estas proliferaciones se han intensificado por la falta de sus depredadores naturales. Precisamente por su abundancia y su impacto en la pesca, son especialmente interesantes como recurso potencial.

Especies de medusas analizadas durante el proyecto. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

El colágeno se ha popularizado mucho en los últimos años, especialmente en cosmética y suplementos. Desde el punto de vista científico, ¿qué es exactamente el colágeno y por qué es una proteína tan relevante en ámbitos como la medicina o la alimentación?
El colágeno es una proteína fundamental en nuestro organismo. Representa más de un tercio de todas las proteínas que tenemos en el cuerpo y es esencial para estructuras como la piel, los tendones o los tejidos musculares.

En medicina se utiliza como material de soporte y en cosmética para reforzar la función de la piel. También puede emplearse en forma hidrolizada, es decir, descompuesto en aminoácidos que el organismo puede utilizar para sintetizar su propio colágeno.

Uno de los resultados más relevantes del proyecto es que el colágeno extraído de la medusa de barril mantiene la estructura característica del colágeno tipo I, el más utilizado en aplicaciones biomédicas. ¿Qué implica este hallazgo desde el punto de vista práctico?
El colágeno tipo I es uno de los más interesantes desde el punto de vista biomédico porque es el que mejor se adapta a muchas aplicaciones en medicina, cosmética o alimentación. Lo relevante es que el colágeno de las medusas presenta esa estructura y, además, con una calidad muy elevada.

De hecho, las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que podemos encontrar en porcinos o bovinos. Esto abre una posibilidad de transformar un problema en un recurso potencial para aplicaciones biomédicas.

¿Cómo se obtiene el colágeno a partir de las medusas y qué partes del organismo resultan más útiles para este proceso?
El proceso es complejo. Se trabaja con el organismo completo, aunque la parte más interesante es la umbrela, donde se concentra la mayor masa corporal. Como está formada gran parte por agua, el primer paso es eliminarla mediante deshidratación. Después, el material se procesa en laboratorio para extraer el colágeno y separarlo de otros compuestos.

A pesar de la calidad del colágeno obtenido, ¿en qué punto real de desarrollo se encuentra el proyecto: estamos cerca de una aplicación industrial o todavía en una fase experimental?
Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción. La alta proporción de agua en el cuerpo de la medusa hace que la cantidad de colágeno que se obtiene sea reducida. Eso implica que, a día de hoy, sería un producto caro. El reto ahora es mejorar los procesos y hacerlos más eficientes para que puedan trasladarse al ámbito industrial.

«Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción»

El proyecto ha trabajado directamente con cofradías del Mediterráneo. ¿Cómo ha sido esa colaboración y qué ha aportado el conocimiento de los pescadores al desarrollo científico?
Ha sido una colaboración muy enriquecedora. A veces se piensa que hay distancia entre científicos y pescadores, pero en realidad compartimos el mismo objetivo de entender y conservar el medio marino. El conocimiento que tienen los pescadores sobre el mar es enorme y ha sido clave para el proyecto. Nos han ayudado a localizar enjambres de medusas, y eso ha permitido avanzar en la investigación y mejorar las técnicas de trabajo. Sin su participación habría sido mucho más difícil obtener resultados.

Capturas accidentales de medusa Rhizostoma pulmo procedentes de pescadores artesanales españoles en el marco del proyecto COLMED. (A) Fragmentos de medusa desgarrados por las redes de pesca; (B) capturas accidentales de medusas recuperadas; y (C) redes de pesca enredadas con medusas. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

Si las medusas pasan de ser un residuo a convertirse en un recurso económico, ¿existe el riesgo de generar un nuevo desequilibrio ecológico en el Mediterráneo?
El equilibrio del ecosistema marino ya está alterado, y precisamente por eso vemos más medusas que hace décadas. Además, su ciclo de vida hace muy difícil que puedan desaparecer por explotación pesquera. Las medusas producen miles de larvas, de las que en condiciones naturales solo sobrevive un pequeño porcentaje. El problema es que ahora, al haber menos depredadores, muchas más llegan a convertirse en medusas adultas, lo que genera esas proliferaciones masivas. Por eso creemos que aprovecharlas como recurso no supondría un riesgo de sobreexplotación.

A la luz de los resultados obtenidos, ¿cree que la valorización de las medusas podría convertirse en una fuente real de ingresos para la pesca artesanal y, al mismo tiempo, marcar una nueva línea estratégica en la gestión de los recursos marinos?
Potencialmente sí, pero a día de hoy todavía no estamos preparados para introducirlo como alternativa real de ingresos. Haría falta desarrollar infraestructuras, sistemas de almacenamiento y toda una red de empresas que trabajen en la extracción y el procesamiento del colágeno. Por otro lado, yo creo que sí, que puede abrir una línea interesante con este proyecto. No obstante, como ocurre en otros ámbitos de la investigación, los avances requieren tiempo, pero apunta a que esta línea puede generar innovación y transferir conocimiento útil a la sociedad.

María Dolores Bargues, Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia: “Sin una coordinación interdisciplinar One Health hubiera sido imposible abordar lo sucedido en la DANA de Valencia”

Apenas diez minutos separaban el laboratorio de la Dra. María Dolores Bargues Castelló de la zona cero de una de las catástrofes climáticas más devastadoras de nuestro país. Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia, subdirectora del Centro Colaborador de la OMS en Fascioliasis y del Centro de Referencia de FAO/Naciones Unidas para Parasitología, la Dra. Bargues lideró una respuesta científica inmediata tras la inundación del 29 de octubre de 2024 en Valencia. 

El trabajo dirigido por Bargues contó con el soporte de los proyectos PROMETEO (Generalitat Valenciana) y CIBERINFEC (CIBER-ISCIII, Ministerio de Sanidad), centrados en la prevención de riesgos epidémicos asociados a la DANA en Valencia. Su equipo cartografió el desastre a través de cuatro cuencas fluviales, identificando una diversidad de virus, bacterias y parásitos ocultos bajo el lodo y el barro, la mayoría eran patógenos para los seres humanos. A juicio de la también ex-presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional, el enfoque One Health es la única vía para afrontar y gestionar los riesgos de un futuro marcado por la emergencia climática. 

Dra. María Dolores Bargues Castelló. Imagen cedida por la entrevistada

Ha trabajado en varios proyectos tanto internacionales como nacionales de gran envergadura. ¿Cómo se siente cuando el objeto de estudio ocurre solo a 10 minutos de su puesto de trabajo?

Fue una sensación de «tengo que hacer algo». Ante eventos catastróficos así, los agentes infecciosos circulan libremente por el medio ambiente y no tardamos ni tres días en reaccionar. Nos lanzamos a la calle con lo que teníamos; contábamos con más medios humanos que materiales, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que pudimos realizar.

Al final de la investigación se indica que el estudio está dedicado a los habitantes de Valencia y a los voluntarios. ¿Cómo vivió el equipo esa solidaridad mientras se realizaba el muestreo?

La palabra es sobrecogedor. En el terreno, es decir en la zona afectada, toda la gente se volcó en ayudarnos, incluso en sitios donde el acceso estaba prohibido por el peligro persistente. Hasta los mismos bomberos nos ayudaron a tomar muestras en parkings totalmente inundados. Fue una colaboración imprescindible y gratamente satisfactoria. Y desde el punto de vista científico, contamos desde el primer momento, con la colaboración del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, de la Universidad de La Laguna, liderado por el Dr. Jacob Lorenzo-Morales y del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, a través del grupo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, dirigido por la Dra. Consuelo Borrás.

En el artículo se aborda el enfoque One Health como la única vía capaz de abordar de manera integral las consecuencias de desastres climáticos complejos. ¿Cómo ayuda este concepto a entender lo que pasó en Valencia el 29 de octubre?

Lo que pasó en Valencia tuvo consecuencias inmensurables que debían abordarse de forma multidisciplinar.  El enfoque One Health integra la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. No solo analizamos agentes infecciosos, sino también las prácticas y conocimientos de la población, los animales que actúan como reservorios y la heterogeneidad del entorno. Sin una coordinación interdisciplinar hubiera sido imposible gestionar lo sucedido en Valencia. Gracias a este enfoque se ha podido definir un marco estratégico para poder mitigar y gestionar los eventos catastróficos, que van a ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático.


«Nos tiramos a la calle con lo que teníamos: más medios humanos que materiales»


El estudio divide la zona afectada en cuatro cuencas. ¿Por qué fue tan importante cartografiar con detalle el territorio?

La zona afectada era tan inmensa que lo primero que hicimos fue evaluar las trayectorias del flujo hídrico para entender cómo se desplazaban los riesgos. Cartografiamos cuatro cuencas principales: el afluente del río Gabriel y río Júcar, el río Magro, la Rambla del Poyo y el río Turia. A su vez, cada una de estas cuatro cuencas fluviales o de ramblas comprende cuatro subzonas inundadas con características diferenciadas según la altitud decreciente que seguía el flujo del agua (desde el interior hasta el mar): desde las áreas silvestres y montañosas, pasando por las llanuras agrícolas y áreas urbanas, hasta llegar a la zona del lago de la Albufera. Es importante cartografiar con detalle el territorio porque no se puede explicar lo que encuentras en las zonas de baja altitud sin saber qué había en las zonas altas del interior ya que hubo un desplazamiento hídrico masivo.

¿Qué tipo de muestras recogieron durante las primeras semanas tras la riada? ¿Y qué les sorprendió más al analizarlas?

Durante las tres primeras semanas recogimos más de 111 muestras medioambientales, como muestras de agua, barro – lodo y polvo en condiciones de gran dificultad.  Lo que más me impactó fue la inmensa diversidad de agentes patógenos identificados: una treintena de microorganismos entre virus, bacterias, protozoos y amebas de vida libre, así como vectores de enfermedades como mosquitos, flebótomos y caracoles dulceacuícolas. Además de que la gran mayoría eran patógenos humanos y las muestras evidenciaban una fuerte contaminación fecal, tanto de origen humano como animal, lo que explica la alta incidencia de cuadros de gastroenteritis y diarreas en la población.

En el estudio mencionan que la presencia de los microorganismos también tiene un origen animal. ¿Cómo influye en el riesgo sanitario la muerte de casi 3000 animales?

La muerte de estos animales liberó al entorno numerosos patógenos que pueden transmitirse entre animales y humanos (zoonosis), contaminando el agua y, sobre todo, el lodo, lo que aumentó el riesgo de infección por contacto directo. El lodo resulta más peligroso que el agua porque actúa como un medio donde los patógenos se depositan y se concentran. Por este motivo cuando se da una catástrofe por inundación, la principal vía de transmisión es la contaminación fecal por contacto directo. Es esencial el uso de mascarillas y guantes, el lavado exhaustivo de cualquier alimento o bebida que vayamos a ingerir y la protección de pequeñas heridas en la piel para reducir el riesgo de infecciones. 

 Contaminación de aparcamientos subterráneos y alcantarillas.
Fuente: Mas-Coma et al., 2025 DOI: 10.1016/j.onehlt.2025.101093

El estudio indica que el 60% de los fallecidos fueron ancianos, principalmente por factores físicos como vivir en plantas bajas o su menor movilidad ante el agua. Ustedes introducen el concepto de ‘inflammaging’ para analizar una amenaza distinta: la que aparece durante la limpieza y las hospitalizaciones posteriores. ¿Por qué este estado de ‘inflamación crónica’ hace que un patógeno del lodo, que quizá solo daría una diarrea leve a un joven, se convierta en una amenaza vital para una persona mayor?

El envejecimiento conlleva un fenómeno llamado «inmunosenescencia», que es el proceso de envejecimiento del sistema inmunitario. A medida que una persona envejece, sus defensas se vuelven menos eficaces y más desreguladas. Este proceso implica también una mayor inflamación crónica. Por eso, un patógeno del lodo que solo causaría una molestia leve en un joven puede ser más patógeno para una persona mayor por su menor capacidad para combatir las infecciones. Además, los ancianos fueron el grupo más vulnerable no solo biológicamente, sino también económica y psicológicamente, ya que la mayoría residían en plantas bajas de las calles céntricas de las poblaciones inundadas, donde los destrozos y las pérdidas fueron mayores. 


«Solo si ciencia, salud y política actúan de forma coordinada, las sociedades podrán afrontar el cambio climático»


El estudio habla de la necesidad de crear una “línea base extrapolable”. ¿Cómo puede este trabajo ayudar a gestionar futuras catástrofes climáticas, que cada vez son más frecuentes?

Las inundaciones representan el 40% de los desastres naturales y son responsables de un elevado número de víctimas. Con este trabajo hemos definido una línea de base que cualquier país puede extrapolar: un modelo que enseña cómo coordinar ciencia y política, y cómo monitorizar los agentes patógenos antes, durante y después de la crisis. Lo ocurrido en Valencia nos ha mostrado las deficiencias y ahora tenemos un modelo de referencia sobre cómo actuar para salvar vidas en catástrofes futuras similares. Además, fue vital que el conocimiento sobre estos agentes infecciosos llegara de inmediato a los hospitales y centros de salud para poder aplicar cuanto antes las medidas preventivas. Publicar el artículo de forma temprana en una revista científica de Open Access fue la mejor manera de compartir los resultados para su consulta y aplicación.

En las conclusiones menciona la necesidad de elegir gestores con “talento y habilidades verificadas”. ¿Qué considera que falló en la cadena de mando a la hora de la gestión de la gota fría? 

Lo más importante que podemos destacar de nuestra experiencia es que es necesaria una respuesta rápida, y coordinada.Sobre todo, liderada por especialistas. Solo si la ciencia, salud y política actúan de forma coordinada y adaptable, la sociedad podrá afrontar eficazmente los retos globales como el cambio climático o las emergencias sanitarias. Necesitamos fortalecer los sistemas de alerta temprana, incorporar la vigilancia ambiental pre y post- desastre, diseñar infraestructuras resilientes y apostar decididamente por la cooperación interdisciplinar bajo el marco de One Health. De aquí se desprenden múltiples lecciones que deben ser asimiladas tanto por los profesionales de las disciplinas implicadas como por los responsables políticos y de gestión gubernamental.

Caridad Zazo, geóloga. “Preservar el patrimonio geológico y descifrar el pasado climático ayuda a contextualizar y entender el futuro de la Tierra”

La geóloga española Caridad Zazo, referente internacional en el estudio del Cuaternario, ha dedicado su carrera a investigar los cambios del nivel del mar y la evolución del paisaje costero. En un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, sus estudios permiten contextualizar los procesos climáticos actuales desde una perspectiva geológica.

Caridad Zazo en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Las rocas, testigos silenciosos del tiempo, guardan la memoria de la Tierra. Pero no basta con observarlas: para interpretar sus mensajes es necesario conocer su lenguaje. A esa tarea se ha dedicado durante décadas Caridad Zazo Cardeña, investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y expresidenta del Comité Español de la Unión Internacional para la Investigación del Cuaternario (INQUA, por sus siglas en inglés).

Caridad Zazo es una figura clave en la geología española y una de las especialistas más reconocidas en los cambios climáticos y tectónicos del Cuaternario, el periodo geológico más reciente. Sus investigaciones han sido fundamentales para comprender cómo el nivel del mar ha fluctuado a lo largo de miles de años y cómo esa información puede ayudar a proyectar escenarios futuros en plena crisis climática.

¿Cómo comenzó su vocación científica?

Mi vocación geológica se orientó desde el inicio hacia la geodinámica externa, rama que estudia los procesos que modelan el paisaje terrestre. Tras licenciarme, trabajé en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), elaborando mapas geológicos en distintas regiones, como la Comunidad Valenciana.

Uno de los momentos clave de mi formación fue el impulso del paleontólogo Emiliano Aguirre, quien fomentó el trabajo en equipo como eje fundamental del avance científico. Ese enfoque colaborativo marcó profundamente mi carrera.

Me incorporé como docente en la Universidad Complutense de Madrid, y más adelante al Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde fui ascendiendo niveles desde colaboradora a profesora de investigación. También fui presidenta del Comité Español de INQUA, lo que me permitió participar en proyectos con la UNESCO y colaborar en grupos internacionales sobre tectónica e hidrología.

¿A qué temas ha dedicado su labor investigadora?

Me especialicé en los cambios del nivel del mar durante el Cuaternario. Todo surgió a raíz de un trabajo de investigación que realicé en Almería, una región clave para el estudio paleoclimático por la presencia del fósil Strombus bubonius, fósil guía que indica la presencia de climas cálidos y niveles marinos elevados.

En los estudios hemos identificado terrazas marinas y antiguas líneas de costa que registran con precisión los efectos combinados de las oscilaciones climáticas y la actividad tectónica en los últimos 400.000 años. Estas estructuras geológicas permiten reconstruir episodios de aumento del nivel del mar y climas interglaciares más cálidos que el actual.

«Las terrazas marinas son registros muy valiosos que evidencian las fluctuaciones climáticas y tectónicas del Cuaternario. Nos ofrecen claves para entender el impacto del cambio climático en el pasado y cómo puede influir en nuestro presente.»

Técnicas como el Carbono 14 y colaborar con científicos internacionales nos han permitido datar estas formaciones con gran precisión, aportando datos esenciales para entender los ritmos y las causas de los cambios climáticos a escala geológica.

¿Podría explicar con más detalle qué son las terrazas marinas?

Las terrazas marinas son formaciones geológicas costeras, resultantes del proceso erosivo generado por antiguos niveles del mar, que se preservan como plataformas escalonadas paralelas al litoral actual.

Se encuentran expuestas en la superficie debido al descenso del nivel del mar o a levantamientos tectónicos, pero también pueden encontrarse de forma sumergida, formadas en periodos pasados cuando el nivel del mar era más bajo que el actual y que posteriormente quedaron sumergidas por el ascenso del nivel del mar o el hundimiento de la corteza terrestre.

En el contexto interglaciar del Estadio Isotópico Marino 5 (MIS5) el nivel del mar se elevó por encima del actual generando estos depósitos litorales que hoy se observan en la costa.

Por ejemplo, entre otros muchos lugares, en la provincia de Alicante podemos encontrar terrazas marinas como evidencias geológicas del piso tirreniense, edad cálida datada por fósiles guía como Strombus bubonius, propios de zonas tropicales.

Estos registros, presentes en lugares como Cabo Huertas o Cabo Cervera, en Alicante, constituyen valiosos archivos geológicos y su conservación es clave para estudiar los cambios en el clima.

A) Terraza Marina de Cabo Huertas, Alicante. B) Ejemplar de fósil Strombus bubonius

¿Por qué es importante mirar al pasado para comprender los cambios en el clima futuro?

Estudiar el pasado geológico reciente es muy importante porque ayuda a contextualizar el cambio climático actual. El registro geológico muestra y evidencia que la Tierra ha atravesado ciclos climáticos naturales a lo largo de su historia, influenciados por factores astronómicos y geológicos. Sin embargo, en ese contexto el calentamiento global actual se está produciendo a un ritmo inusualmente acelerado, con un claro componente antropogénico.

«Estamos en un periodo interglaciar prolongado y el nivel del mar está subiendo. La temperatura seguirá aumentando y la actividad humana tiene un impacto significativo en ello.»

Aunque es una tarea extremadamente complicada y los modelos son cada vez más complejos, conocer del pasado es clave para entender el presente y proyectar escenarios futuros.

¿Cuál es su postura sobre el concepto Antropoceno y cuáles cree que son los principales desafíos que enfrenta la geología para estudiar el cambio climático actual?

Respecto al concepto Antropoceno el debate científico sigue abierto. Algunos compañeros investigadores consideran que existen suficientes evidencias de una nueva época geológica marcada por el impacto humano, sin embargo, otros mantienen una postura más prudente. En cualquier caso, el término puede ser útil en el ámbito divulgativo para sensibilizar a la sociedad sobre la magnitud del cambio ambiental actual.

«Aunque a nivel de dataciones científicas el debate continúa abierto, a nivel divulgativo el Antropoceno puede ayudar a concienciar sobre la magnitud del impacto humano en la Tierra.»

Respecto a los grandes desafíos de la geología contemporánea, es tan necesario como complejo diferenciar con precisión qué parte del cambio climático es natural y cuál corresponde a la acción humana. También es urgente y más concreto ampliar los centros y laboratorios dedicados a técnicas de datación isotópica, esenciales para afinar los estudios climáticos del pasado reciente.

Para finalizar, ¿qué valores cree que son esenciales para formarse como geólogo/a en el contexto actual?

El trabajo colectivo es muy importante para el futuro de la geología y para los futuros geólogos y geólogas. La cooperación entre especialistas, la formación de equipos multidisciplinares y el intercambio de conocimientos son imprescindibles para entender el funcionamiento del planeta en la actualidad.

«La colaboración y el intercambio de conocimientos hacen avanzar la ciencia. Es fundamental formar parte de la comunidad científica y mantenerse en constante aprendizaje.»

Además, conocer y proteger el patrimonio geológico, como es el caso de las terrazas marinas amenazadas por la presión antrópica de la urbanización costera, no solo es una cuestión de conservación, es también una herramienta fundamental para comprender mejor los procesos del futuro de la Tierra.

Alerie Guzmán de la Fuente, neurocientífica. “Con la edad, el cerebro pierde su capacidad de reparación: entender por qué es nuestro gran reto”

La investigadora, estudia la compleja interacción entre el sistema inmune y el sistema nervioso central en los procesos de reparación de la mielina, un avance para entender y tratar enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple.

Alerie Guzmán de la Fuente: Instituto de Neurociencias UMH-CSIC

Alerie Guzmán de la Fuente comenzó su camino en la neurociencia estudiando Biología y Bioquímica en la Universidad de Navarra. Tras la carrera, durante una estancia en un laboratorio en Italia, corroboró que su verdadera vocación estaba en la investigación. Con esa certeza, se mudó a Cambridge, donde hizo su doctorado en Neurociencias. Pasó allí ocho años —casi un tercio de su vida en aquel momento— siendo una etapa muy especial. Luego, continuó su recorrido científico durante cuatro años en Belfast. Hoy, Alerie Guzmán sigue dedicada a lo que le apasiona, trabajando como investigadora Ramón y Cajal en el Instituto de Neurociencias de Alicante (UMH-CSIC).

Su trabajo se enfoca en entender cómo interaccionan el sistema inmune, que es un sistema esencial para procesos inflamatorios y, el sistema nervioso central. En concreto, cómo estas dos vías se relacionan para fomentar, inhibir o limitar la regeneración de la mielina. La mielina es esencial para que las señales del cerebro se transmitan de manera eficiente y, Guzmán ha dedicado su investigación a comprender cómo ésta se regenera, un proceso que se ve alterado en enfermedades como la esclerosis múltiple.

En esta entrevista, cuenta más sobre sus hallazgos más recientes, los posibles avances en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas y, además, reflexionará sobre la importancia de compartir el conocimiento científico con la sociedad.

¿En qué consiste su trabajo?

Estudio el sistema nervioso central, concretamente una sustancia que se llama mielina. La mielina es como una capa que recubre y protege las fibras nerviosas —algo así como el plástico que envuelve un cable eléctrico— y es esencial para que las señales del cerebro se transmitan rápido y bien. Sin mielina, esa comunicación se vuelve lenta y desordenada.

Me interesé en esto por las enfermedades neurodegenerativas, como la esclerosis múltiple, donde se ha visto que se pierde mielina. Durante mi doctorado me centré en entender cómo se forma esta capa, sobre todo porque no se habla tanto de ella cuando estudiamos el cerebro durante la carrera. Generalmente se pone el foco en las neuronas, que sin duda son esenciales, pero hay mucho más alrededor que también es importante.

Lo interesante es que, a diferencia de las neuronas, la mielina sí se puede regenerar, especialmente cuando somos jóvenes. Eso ocurre gracias a unas células madre que tenemos en el cerebro. El problema es que, con el envejecimiento, este proceso se vuelve más lento y menos eficaz. Ahí es donde se ha centrado mi estudio: entender qué falla en los cerebros envejecidos y qué hace que la mielina no se regenere bien.

¿Y se conoce por qué sucede?

Sabemos muchas cosas, pero también hay muchas preguntas abiertas. Lo que sí hemos visto, es que el envejecimiento no afecta solo a las células madre del cerebro, sino a todo el entorno: el sistema inmune, las neuronas, los mecanismos de limpieza… Por ejemplo, cuando se pierde mielina, se generan restos, como una especie de “basura”, que hay que limpiar para que se pueda volver a formar. Y las células que hacen esa limpieza también envejecen y lo hacen peor, lo que ralentiza todo el proceso.

Aunque parezca contradictorio, en la regeneración un poquito de inflamación sí que es necesaria. Pero con la edad aumenta la inflamación crónica en el cerebro, y esta inflamación crónica en cambio, frena la regeneración.

¿Cómo puede ser que la inflamación, que en teoría daña, también sea necesaria para regenerar?

Es curioso, pero sí, se necesita un poco de inflamación para que la regeneración comience. Las señales que se generan en ese proceso inflamatorio son como una chispa que activa a las células madre y les indica que hay un daño que reparar. El problema es que, si esa inflamación no se controla, se vuelve crónica y entonces bloquea el proceso en lugar de ayudar. En realidad, lo difícil es encontrar ese equilibrio: suficiente inflamación para activar la reparación, pero no tanta como para que se vuelva dañina.

Alerie Guzmán de la Fuente: Instituto de Neurociencias UMH-CSIC

Relacionado con la inflamación, recientemente participaste en un estudio publicado en Nature Communications. «Ageing impairs the regenerative capacity of regulatory T cells in central nervous system remyelination.»  ¿Nos puedes contar en qué consistió?

El estudio se basa en un trabajo anterior de mi mentora, donde se descubrió que unas células del sistema inmune, los linfocitos T reguladores, no sólo frenan la inflamación, sino que también ayudan a regenerar la mielina. En nuestro trabajo quisimos ver qué pasaba con estas células durante el envejecimiento, ya que las personas mayores tienen más linfocitos T reguladores, pero aun así no se regenera la mielina.

Hicimos un experimento interesante: obtuvimos linfocitos T reguladores de ratones jóvenes y viejos, y los inyectamos en ambos grupos, tanto células jóvenes cómo las obtenidas de ratones viejos se inyectaron en ratones receptores jóvenes como viejos. Lo que observamos fue revelador: los linfocitos viejos, cuando se ponían en un entorno joven, recuperaban su función regeneradora, la cual era similar a la de las células jóvenes. En cambio, los linfocitos jóvenes en un entorno envejecido no funcionaban igual de bien. Esto nos dice dos cosas: por un lado, que las propias células envejecen y por otro, que el entorno envejecido también dificulta el proceso regenerativo.

Pero lo más esperanzador es que vimos que la pérdida de la capacidad de estas células de ayudar al proceso regenerativo no es definitiva: se puede revertir. Si entendemos qué señales del entorno joven las reactivan, podríamos encontrar formas de “rejuvenecerlas” incluso en un organismo envejecido. Ese sería el siguiente paso: averiguar qué cambia y cómo modificarlo para restaurar su capacidad de regenerar mielina.

¿Qué tipo de pacientes podrían beneficiarse de los avances en este tipo de investigaciones sobre la regeneración de mielina?

Nos centramos en la esclerosis múltiple porque es el ejemplo clásico de una enfermedad en la que se pierde la mielina y falla su regeneración, especialmente con el envejecimiento. Aunque nuestro trabajo es investigación básica, los mecanismos que estudiamos podrían ser útiles también en otras enfermedades neurodegenerativas donde hay daño en la mielina. A día de hoy no existe ninguna terapia aprobada que potencie la regeneración de la mielina, pero hay ensayos clínicos en marcha. En el futuro, en el caso de la esclerosis múltiple, lo más efectivo probablemente sea combinar tratamientos que frenen los ataques inflamatorios con otros que regeneren la mielina y protejan fibras nerviosas.

¿Cómo es el salto del laboratorio a la práctica clínica y qué interacción tiene con los pacientes?

Aunque no tengo una interacción directa ahora mismo con pacientes, sí formo parte de comités donde se evalúan tratamientos potenciales para ensayos clínicos, y en ellos participan personas con esclerosis múltiple. Esa conexión es fundamental, porque te ayuda a mantener el foco: recordar para quién estás investigando y por qué es importante. También aporta una perspectiva muy valiosa, ya que algo que en el laboratorio parece prometedor, puede no ser viable desde el punto de vista del paciente. Escuchar sus experiencias da motivación y sentido a lo que hacemos y, te recuerda que la ciencia es una carrera de fondo, no un sprint.

Alerie Guzmán de la Fuente: Instituto de Neurociencias UMH-CSIC

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Ahora mismo estamos centrados en entender cómo distintos tipos de inflamación y su duración afectan a las células madre responsables de regenerar la mielina. Queremos descubrir no solo cómo reciben señales del sistema inmune, sino también cómo se comunican con él. A partir de ahí, el objetivo es aplicar ese conocimiento a contextos de enfermedad como por ejemplo la esclerosis múltiple.

He visto que has participado en actividades de divulgación científica. ¿Qué papel cree que juega la divulgación en su trabajo y cómo ve el reto de trasladar el conocimiento científico desde el laboratorio hacia la sociedad?»

Creo que la divulgación científica es fundamental, aunque durante mucho tiempo no se le ha dado el valor que merece. Muchas veces, como científicos, nos cuesta salir del lenguaje técnico y traducir lo que hacemos de forma que sea accesible. No porque la gente no pueda entenderlo, sino porque estamos tan metidos en nuestro mundo que cuesta encontrar las palabras adecuadas. Pero es muy importante que la sociedad entienda lo que hacemos, por qué es relevante y cómo puede impactar a largo plazo.

Durante la pandemia se vio lo esencial que es tener acceso a información fiable. Si no explicamos bien cómo funciona la ciencia, crecen los bulos y se desconfía incluso de avances tan importantes como las vacunas. Divulgar no solo sirve para informar, también para inspirar, para recordar por qué hacemos lo que hacemos y para que más personas valoren y apoyen la ciencia. Es un esfuerzo, sí, pero muy necesario.