El maravilloso mundo de lo pequeño


La mecánica cuántica ha sido una de las áreas de la física más difíciles de entender y de la que los científicos aún desconocen mucho. A lo largo de los años, se han ido descubriendo cada vez más aspectos sobre su funcionamiento y sus principios. Sin embargo, a medida que la teoría se desarrollaba, surgieron debates largos entre científicos debido a su enorme complejidad. Por ejemplo, a muchos les molestaba que se alejara de lo que ya conocíamos, como por ejemplo, que algo fuera más rápido que la velocidad de la luz.

Ilustración de Ivania Maturana


El año 2025, se celebró el Año de la Mecánica Cuántica y a través de este artículo he querido explicar un poco de esta fascinante rama de la física junto con uno de sus fenómenos más increíbles: el entrelazamiento cuántico


Hace unos meses me enteré que estaba embarazada. El proceso de la fecundación es tan complejo como ciertas problemáticas existentes en la física. Dentro de toda esta complejidad y de muchos pasos que aún no se conocen sobre el proceso de la vida, la tecnología ha ayudado a conocer algunas cosas y a partir de la semana 8 de embarazo, se puede saber si el bebé en formación será de sexo femenino o masculino.


Durante estas semanas de incertidumbre, yo no sabía cómo llamar al embrión que estaba dentro de mi. Le atribuía muchas veces al género masculino y otras al femenino a pesar de que en el momento de la fecundación, su sexo cromosómico ya estaba definido. Eso me recordó mucho a lo que sucede con el principio de superposición en la mecánica cuántica, ya que una partícula no es sólo un estado cuántico, sino que es muchos a la vez. En el momento en que la partícula es observada, colapsa en uno de estos estados y los demás se eliminan. De ese modo, el estado de la partícula deja de ser parte de la incertidumbre y obtenemos información, del mismo que yo al obtuve al llegar el resultado del test que me decía el sexo de mi bebé. El colapso de la partícula a ese estado en cada medición, es completamente probabilístico.


Mi pequeño embrión, aunque a la semana 8 era muy pequeño, no cumplía con las características diminutas necesarias para ser considerado un objeto cuántico, y es por eso que la incertidumbre de su sexo solamente sirve para hacer un ejemplo de algo tan complejo como son los estados cuánticos. El límite entre el mundo macroscópico y el mundo microscópico que es donde rigen las leyes de la mecánica cuántica, esta definido por la constante de Planck. Sin embargo un límite cuántico como tal, no está establecido y se debe evaluar según ciertas propiedades y comportamiento, si algo es cuántico o no. Más que un número fijo, se trata de una transición. 


El principio de superposición nos dice que una partícula tiene varios estados a la vez. Entendamos como estado una forma de describir las propiedades de una partícula. A modo de ejemplo, pensaremos en la característica cuántica fundamental conocida cómo espín, que puede tener diferentes valores. En este caso, definiremos que partícula A, tiene espín -1/2 y 1/2, lo que quiere decir que apunta hacia abajo o arriba. Antes de ser observada y con esto me refiero a detectada, la partícula se encuentra en todos sus estados de espín simultáneamente. Es decir, apunta hacia abajo y hacia arriba al mismo tiempo. Esta propiedad ayuda a entender por qué no es posible definir de forma exacta la posición de un electrón orbitando en el átomo. Por ello, se describe mediante nubes que rodean el núcleo, donde cualquier punto dentro de ellas representa una posición posible. 


Aunque el principio de superposición ya resulta complejo, existe un fenómeno más controvertido del cual Albert Einstein dudó profundamente: el entrelazamiento cuántico. 


A lo largo de mi embarazo, descubrí que la prueba para conocer el sexo del bebé es posible porque el ADN del embrión circula en la sangre materna. Es por eso que una simple analítica me podía dar tanta información sobre un nuevo ser en formación. Es como si mi sangre con la suya se entrelazaran y la medicina actual fuera capaz de distinguir una de la otra para obtener información de esa pequeña persona que crece en mi vientre. 


Con el entrelazamiento cuántico sucede algo similar, aunque, como todo en el mundo microscópico, es mucho más complejo. Dos partículas pueden estar entrelazadas, es decir que se intercambian información entre ellas. Dependiendo de su grado de entrelazamiento, se puede o no se pueden separar. 

Ilustración del libro Huellas en el universo de Ivania Maturana.


Uno de los aspectos más sorprendentes es que, si dos partículas entrelazadas se separan, es posible obtener información sobre una midiendo la otra, incluso sin observarla directamente. Es más, uno de los experimentos más famosos fue de fotones entrelazados. Ambas partículas, llamémoslas Alice y Bob, viajaron por caminos distintos: Alice pasó a través de diferentes objetos de los que obtuvo información, mientras que Bob siguió directamente su camino hacia un detector. Después de interactuar con los objetos, Alice fue destruída sin ser detectada, mientras que Bob sí llegó al detector. Podríamos pensar que esa información valiosa de Alice se perdió, sin embargo, al medir a Bob, se descubrió que toda la información que Alice observó había sido pasada a Bob de manera instantánea, más rápido que la velocidad de la luz. En realidad no se transmite información útil más rápido que la luz, ya que su interpretación requiere procesos en el mundo macroscópico, es decir, en el mundo clásico. Lo que ocurre es que ambas partículas comparten un estado cuántico y están conectadas por un proceso muy complejo que los hace ser uno pero dos a la vez. Este experimento fue realizado por Anton Zeilinger et al. en el año 2014. Zeilinger, John Clauser y Alain Aspect, recibieron el premio Nobel de la física el año 2022 gracias a sus aportes realizando experimentos de fotones entrelazados, establecer la violación de los estados de Bell y ser pioneros en la ciencia de la información cuántica.  


Aún hay muchas cosas que no sabemos del mundo macroscópico y es por eso que no resulta extraño nuestro conocimiento limitado del mundo cuántico que, a pesar de ser una gran incógnita, no deja de ser fascinante para quienes lo estudian y para quienes quieren saber sobre esta rama de la física. 


Dado que se trata de un tema tan complejo, muchos investigadores y artistas han intentado acercarlo al público general. Un ejemplo ocurrió en el concurso Dance your PHD, donde la investigadora y bailarina Merritt Moore ganó el concurso a través de un video bailando y explicando el entrelazamiento cuántico. Para más información sobre la mecánica cuántica, los invito a escuchar uno de los episodios de Oscilador Armónico, el podcast del IFIC. 

Isabel Cordero-Carrión, matemática: “Las matemáticas son la caja de herramientas lógica de los más potente que hemos sido capaces de desarrollar”


La profesora asociada de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Valencia ha usado su formación durante sus primeros años de estudio para investigar el universo y las ondas gravitacionales a través de las matemáticas

Ilustración de Ivania Maturana

Siempre se escucha que las matemáticas se encuentran en todo lo que se hace a diario en la vida y constantemente se destaca su importancia. Por lo mismo, en la escuela y en el instituto son las materias en donde los gobiernos ponen más énfasis en el programa educativo. Sin embargo, durante la etapa de la adolescencia, las matemáticas, junto con otras ciencias más duras, tienen un gran rechazo por parte del estudiantado. De acuerdo al último informe PISA realizado el 2022, los estudiantes españoles lograron uno de los peores resultados en matemáticas con respecto a las evaluaciones anteriores. De igual forma ocurrió con el estudio TIMSS, según un reportaje del diario El País en diciembre 2025. 

Isabel Cordero-Carrión, licenciada en matemáticas y doctora en astrofísica, profesora titular de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Valencia en el área de Matemática Aplicada, estudió su licenciatura y doctorado en la misma universidad. Es miembro de la colaboración LIGO-Virgo-KAGRA (LVK), una red de detectores de ondas gravitacionales que se encuentran en Estados Unidos, Italia y Japón. Isabel participa activamente como divulgadora científica, incentivando el estudio de las matemáticas, la ciencia y la inclusión de las mujeres en áreas STEM. El pasado 14 de marzo se celebró el Día Internacional De Las Matemáticas, el cual está asociado al número Pi por sus infinitos decimales. Según la investigadora, es importante poder visibilizar las ciencias duras y poder conectarlas con la vida diaria, especialmente en edades donde los niños o adolescentes parecen perder el interés.

P. ¿Para qué sirven las matemáticas y para qué sirven en la física?

R. Muchas veces yo hago esta pregunta en los institutos cuando voy a dar charlas de divulgación. La respuesta siempre es que sirven para contar, medir u ordenar, sin embargo yo les respondo que en general, las matemáticas sirven para que no te engañen y para que no nos engañemos. Las matemáticas son una caja de herramientas de lógica de las más potentes que hemos sido capaces de desarrollar. Por ejemplo, muchas veces podemos tener dos objetos que parecen diferentes a simple vista, pero que con ayuda de las matemáticas podemos entender que son en realidad lo mismo. Cualquier cosa que queramos entender, como por ejemplo en este caso lo sería la física, va a necesitar de las matemáticas para que tenga lógica y razonamiento. 

P. ¿En qué procesos físicos se encuentran además de la simetría? ¿Sirven para describir el universo?

R. Para hablar de trabajos de simetría, quiero destacar la labor de Emmy Noether, la cual debería ser conocida junto con muchas otras investigadoras en ciencia que han sido invisibilizadas en el pasado. Para describir el Universo, necesitamos de las matemáticas y eso se puede ver en ciertos procesos como la gravedad, donde la geometría es la mejor forma que tenemos para entender el espacio-tiempo. Para escribir ecuaciones y entender por ejemplo las ondas, necesitamos también de las matemáticas. Muchas veces, la explicación a ciertos fenómenos no es posible hacerla con el lápiz y el papel, ahí recurrimos al uso de la matemática aplicada y métodos numéricos, que serían como simulaciones. Por otro lado, cuando observamos el Universo, necesitamos conectar esa observación con la teoría. En esos casos, la estadística es sumamente necesaria y eso también es matemáticas. La topología de los objetos también se hace a través de las matemáticas. Hay un montón de aplicaciones usándolas y esa fue una de las razones por las que luego de la licenciatura, decidí estudiar astrofísica. Uno pensaría que son dos cosas que no tienen conexión pero no es así. 

P. ¿Qué tanto rigor debe tener un investigador en matemáticas con respecto a un investigador en física a la hora de calcular?

R. Si una investigación en matemáticas requiere de un cálculo muy analítico, no se hacen muchas aproximaciones. Sin embargo, al igual que en la física, si necesitas utilizar métodos numéricos o usar el ordenador para resolver un problema, las aproximaciones son necesarias. La gran diferencia entre la investigación en matemáticas y física no es hacer o no aproximaciones, sino que antes de resolver un problema, el investigador en matemáticas intenta entender por qué se hacen, cuál es el rango de validez de la aproximación y sobre todo cual será el margen de error. En la física, primero se intenta resolver el problema y si la solución no calza bien con los datos, se piensa en cambiar el método de resolución. 

P. ¿Qué es LIGO-Virgo?

R. Es una colaboración de personas. Somos muchas personas los que estamos trabajando en la parte instrumental, teórica y de análisis de datos. Ligo-Virgo esta formado por tres interferómetros, uno que se encuentra en territorio estadounidense y el otro en territorio europeo. También se ha sumado el interferómetro Kagra, ubicado en Japón y que ya son parte de la colaboración por lo que ahora sería correcto llamarlo LIGO-Virgo-Kagra. Virgo, es la colaboración internacional europea de la cual yo soy parte asociada al interferómetro que se encuentra en Italia. Uno de los principales objetivos de esta colaboración es el estudio de las ondas gravitacionales. 

P. ¿Qué son las ondas gravitacionales? ¿Cómo se detectaron usando la matemática?

R. Las ondas gravitacionales o gravitatorias, son un fenómeno relativamente reciente que aparece en la teoría de la relatividad general. Cuando analizamos las ecuaciones, se entiende que hay una onda ya que encontramos un operador matemático que tiene la misma forma que las ondas del aire, del mar o de cualquier fenómeno ondulatorio. Al entender que ese operador proviene de un fenómeno físico utilizando mucha matemática, podemos pasar a la fase experimental y pensamos, ¿qué significa tener ondas en el espacio? Pensemos entonces en un globo hinchado al cual le pego dos pegatinas en su superficie, separadas una de otra. Si lo hincho un poco más, lo deshincho y luego lo vuelvo a hinchar, parecería que estas pegatinas están alejándose una de otra. Sin embargo, ellas están fijas en el sitio dónde las pegué y es el globo el que está cambiando de forma. El globo representa al espacio-tiempo y la onda gravitatoria es una perturbación en el tejido del espacio-tiempo y que distorsiona las medidas del tiempo y de la distancia entre los objetos. 

P. ¿Se pueden escuchar la ondas gravitacionales?

R. La respuesta corta sería que no, ya que una onda gravitatoria no tiene átomos que se golpeen entre sí, lo cual se traduciría en sonido. Tienen todas las propiedades de onda ya que tienen amplitud y frecuencia, sin embargo no son capaces de escucharse instantáneamente. Al ser detectadas y observadas, sí se puede hacer una analogía para convertir eso que observamos en sonido.

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«Puede que no lleguemos nunca a las respuestas a todas nuestras preguntas, pero lo importante es lo mucho que vamos a aprender en el camino de buscarlas«

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P. ¿Cómo ha evolucionado la matemática a lo largo del tiempo? 

R. Pues así como sucede en otras áreas de la ciencia como lo es la física, también las matemáticas evolucionan. En un momento, se pensaba que en la geometría estaba todo controlado y que existía un dentro y un fuera. Entonces apareció la cinta de Möbius y la botella de Klein, las cuales no tienen ni dentro ni fuera y cambió todo lo que pensábamos. Es por eso que cuando tienes ya una idea de que lo sabes todo, llega algo que te dice que nunca tendrás un sistema que esté completo y siempre existirán cosas que no podrás decir si son ciertas y podrás crear teorías alternativas a eso. En matemáticas, tenemos problemas abiertos extremadamente sencillos de entender pero que no sabemos cómo resolverlos aún ni tampoco si seremos capaces en el futuro. Eso, a mi parecer, es lo más bonito de las matemáticas y de la ciencia en general. Puede que no lleguemos nunca a las respuestas a todas nuestras preguntas, pero lo importante es lo mucho que vamos a aprender en el camino de buscarlas. 

P. ¿Qué te apasiona de las matemáticas?

R. Pensando en lo que me apasiona de ellas, la verdad es que cuando yo empecé a estudiar matemáticas, no tenía idea de qué eran y lo descubrí en el camino. Hacer matemáticas no es solamente hacer cuentas, sino que es jugar, equivocarse, poner la lógica al punto límite que te puedas imaginar. Me apasionan porque rompen un montón de ideas preconcebidas que se tienen y porque usándolas hay un montón de objetos raros que pueden definirse, existan o no. Cambian tu visión de ver el mundo cuando las aprendes, ya que tu mente se abre. 

P. ¿Crees que es importante celebrar el lenguaje de las matemáticas?

R. Yo pienso que sí, ya que si no le ponemos nombre a algo, no encontramos nunca el momento para pensar sobre ello. Las matemáticas a veces se olvidan porque se pueden enseñar muy mal, de manera muy memorística en donde se penaliza mucho el error. Pero esa idea se puede reformar y es a través de la divulgación que podemos transmitir lo impresionantes que son.

Tampoco debe ser contraproducente y divulgarlas sólo un día, ya que las matemáticas no existen solamente el día de las matemáticas, a pesar de que el 14 de marzo todo el mundo se acuerda del número Pi y de los infinitos decimales que tiene. Además del día de las matemáticas es importante que quienes las estudiamos, salgamos a la calle y hablemos de ellas en un lenguaje cercano y práctico. Tenemos que mostrar que las matemáticas son divertidas y desmitificar ciertas ideas sobre ellas. No olvidarnos lo diversas que pueden ser y que, por ejemplo, también se pueden hacer experimentos con ellas. Lo que se muestra sobre las matemáticas es solamente la punta del iceberg pero hay mucho más que contar. 

Ilustración de Ivania Maturana

El algoritmo de la depresión: cómo las redes sociales atrapan a los jóvenes

El debate sobre la edad mínima para acceder a las redes sociales ha cobrado fuerza en España tras el anuncio del gobierno de limitar el acceso a menores de 16 años, una medida que genera tanto dudas como expectativas. Según el informe Redes Sociales y menores publicado por la Oficina C del Congreso de los Diputados, más del 95% de los menores está presente en al menos una red social. El uso de estas plataformas se ha extendido entre los menores, siendo un espacio más para la socialización y aprendizaje de los adolescentes, aunque cada vez son más las voces expertas que alertan sobre sus riesgos para la salud y el bienestar de la infancia. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

Foto de Anh Tuan Thomas en Unsplash

Un estudio de la Universidad Miguel Hernández, que analizó la evolución de 2.121 menores durante tres años, ha revelado que existen edades críticas para el acceso a las redes sociales. Los resultados apuntan a que, a los 13 años, los adolescentes son especialmente vulnerables: cuanto mayor es el uso de redes sociales, mayores son los síntomas depresivos que presentan. Sin embargo, a los 16 años esta relación tiende a invertirse ligeramente, de modo que una mayor frecuencia de uso se asocia con una leve disminución de dichos síntomas. Pero, más que una cuestión puramente cronológica, el impacto de las redes se vincula estrechamente al nivel de desarrollo emocional y madurez de las personas. Los resultados de otra investigación de la Universidad Camilo José Cela refuerzan esta idea, observándose en una muestra compuesta por 1.707 personas de entre 16 y 75 años que el grupo de menor edad es el más vulnerable y presenta menos habilidades de regulación emocional en las redes.

Utilizar estas plataformas digitales no conlleva inmediatamente un riesgo: como señala el informe de la Oficina C, un tiempo de uso menor a las dos horas diarias puede incluso ser beneficioso para los adolescentes. Sin embargo, la mitad de los menores de entre 11 y 19 años pasan más de dos horas expuestos a las redes sociales cada día. Por ello, las voces expertas alertan: el verdadero riesgo no radica en el tiempo que los adolescentes pasan en las redes, sino en el “uso problemático”, caracterizado por la pérdida de control y los sentimientos de necesidad de conectarse. Este uso problemático impacta más en la salud mental que la cantidad de horas frente a la pantalla. El riesgo aumenta cuando la falta de autorregulación en las redes impide que los adolescentes cumplan sus objetivos cotidianos, lo que provoca consecuencias negativas en su vida diaria, como explica Daniel Lloret, profesor de psicología especializado en adicciones durante la adolescencia: “No poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina es la clave”.

Por ello, entregar un smartphone sin educación previa es arriesgado: “Enseñamos a conducir a nuestros hijos antes de comprarles un coche o una moto. Si primero les regalas el coche y después les enseñas, ocurren accidentes”, ejemplifica María Blanquer, investigadora especializada en Psicología de la Salud. La capacidad para navegar de forma menos vulnerable en redes sociales se consolida progresivamente con la edad. Es a los 16 años cuando el uso de las redes sociales deja de asociarse a un aumento de síntomas depresivos que sí se observa en etapas más tempranas.

Impacto desigual en chicos y chicas

El uso problemático de las plataformas afecta a los adolescentes, con un impacto que es más acusado en las chicas que en los chicos. El número de seguidores también influye, ya que se asocia con un aumento de síntomas depresivos en ellas. En los chicos, en cambio, el efecto resulta ligeramente protector, lo que sugiere que la audiencia digital no impacta de la misma manera según el género: “Podría estar relacionado con la validación social y la presión estética”, reflexiona Blanquer, aunque se trata de una hipótesis que, según la psicóloga, requiere más investigación.

La comparación social y la falta de capacidad para regular el impacto emocional afectan especialmente a las chicas, y este se intensifica cuando a la ecuación se suma la frecuencia de uso. En chicas que utilizan las redes con poca frecuencia, un alto número de seguidores genera presión adicional sobre su bienestar emocional, a menudo relacionada con la mayor exposición a la presión estética y a la violencia digital de género. Diversos informes sobre entorno digital seguro para la infancia señalan que la probabilidad de sufrir abuso y violencia sexual es mayor para ellas, especialmente en el entorno virtual. Por ello, la percepción de la audiencia y la exposición digital no afectan a todos los adolescentes de igual manera: la edad, el género y los patrones de uso son determinantes.

Vulnerabilidad emocional previa y riesgos

Además de estas variables, el estado emocional y los síntomas depresivos previos de los jóvenes influyen decisivamente en la evolución de la depresión. El uso problemático de las redes sociales del año anterior, así como el promedio de los años siguientes, es un buen predictor de la sintomatología depresiva, siendo una variable fundamental para anticipar la evolución de esta. La literatura apunta en la misma dirección: los adolescentes con vulnerabilidad emocional son los más susceptibles a que el uso problemático de las plataformas intensifique su malestar.

Pero, más allá de variables y factores individuales, tanto expertos como  organismos, como la UNESCO, coinciden: es necesario reforzar la alfabetización mediática para que los jóvenes se desenvuelvan con seguridad en entornos virtuales, mediante el desarrollo de habilidades como la gestión de la exposición a riesgos digitales y estrategias de afrontamiento para proteger su bienestar.

Sin embargo, aunque formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes sociales es central, varias voces advierten de que la responsabilidad no recae solo en los usuarios. Cada vez se pone más el foco en el papel de las plataformas, cuyo propio modelo de funcionamiento se basa en la economía de la atención y en amplificar el tiempo de uso, aunque no se lleven a cabo controles efectivos sobre el contenido. “Prohibir no resuelve el problema. Es un gesto importante, pero no se puede cargar las tintas sobre los propios usuarios, los adolescentes o sus padres y madres”, reflexiona Lloret, que advierte que se trata de empresas con gran capacidad para influir en la percepción social, por lo que el diseño de sus algoritmos debería ser más transparente.

La evidencia científica señala los 16 años como un punto de inflexión en el desarrollo, un momento en el que el impacto emocional de las redes se estabiliza. Más allá de la cifra, la ciencia evidencia que la protección de los más jóvenes no depende simplemente de una prohibición, sino de la combinación de diversos elementos: madurez, detección de vulnerabilidades previas, supervisión y educación, y una transparencia real por parte de las plataformas tecnológicas. 

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández: «La sobrecarga del cuidador se asocia con un mayor riesgo de errores con la medicación en casa»

Un estudio de la UMH revela que uno de cada cuatro cuidadores informales ha cometido errores con la medicación de pacientes dependientes por agotamiento emocional.

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández e investigador. Imagen cedida por el entrevistado.

El envejecimiento de la población y el aumento de los cuidados en el hogar provocan cambios en el sistema sanitario español y en el rol de las familias. El catedrático de la Universidad Miguel Hernández José Joaquín Mira, referente en investigación sobre calidad asistencial y seguridad del paciente, participa en un estudio publicado en el Journal of Health Quality Research con 176 cuidadores de personas dependientes, que analiza cómo influye la sobrecarga emocional en los errores en la administración de medicamentos. Los resultados señalan que el desgaste psicológico, además de afectar al bienestar del cuidador, también pone en riesgo la seguridad del paciente, duplicando el riesgo de cometer errores.

Pregunta: En este contexto de envejecimiento de la población y aumento del cuidado a domicilio, ¿por qué es relevante este estudio?

Respuesta: Desde siempre, las personas cuidan de otras, esto no es nuevo. Sí lo es que, sobre todo en países desarrollados y en Europa, se están produciendo cambios acelerados en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID: hay más personas que necesitan cuidados en casa porque vivimos más y la gente decide permanecer en su hogar el mayor tiempo posible. A las políticas de desinstitucionalización de los gobiernos, en parte por falta de recursos, se une la voluntad de quedarse en casa. Vivimos más años: el cambio más notable se ha dado en los hombres, que han aumentado significativamente su esperanza de vida. Esto implica que haya más personas con condiciones crónicas y no es gratis vivir más. Por tanto, más personas necesitan cuidados en casa y algo que siempre ha existido ahora cobra mayor relevancia.

P: Uno de cada cuatro cuidadores, 45 de los 176, dijo que había tenido algún incidente con la medicación. ¿Es más alto de lo esperado?

R: No, al contrario, es bastante razonable. Quienes cuidan a otros, o quien sigue un tratamiento crónico, sabe que hay confusiones y errores involuntarios que a veces tienen consecuencias. Igual que al movilizar a alguien sin técnica puedes lesionarte la espalda, en casa hay condiciones que afectan a la seguridad. En instituciones sanitarias llevamos años implantando protocolos para garantizarla, pero no debemos olvidar a los pacientes en casa. Aunque estén con familiares, también hay que velar por su seguridad. Ese es el objetivo de estos estudios.

P: ¿Cuáles eran los errores más frecuentes?

R: Principalmente, confusión por la apariencia de los fármacos, que muchas veces son parecidos. A veces hay varios cuidadores y falla la comunicación: equivocarse en la dosis, repetirla u olvidarla. También influye la conservación de los medicamentos: olvidar si deben ir en la nevera o dónde guardarlos. Algunos formatos, como las gotas, son más difíciles de dosificar. Son errores que en ocasiones pueden complicarse.

P: Cuando hablamos de cuidadores y pacientes, ¿a qué tipo de situaciones de cuidado nos referimos exactamente?

R: Nos centramos en personas dependientes que requieren ayuda diaria: alimentación, higiene, movilidad o tratamiento. No hablamos de cuidados puntuales, como cuidar a alguien con gripe, sino de quienes dedican muchas horas porque tienen a alguien dependiente a su cargo. En procesos largos, las rutinas pueden favorecer errores involuntarios. De los errores, estimamos que un 2% requiere atención sanitaria, es decir, tiene consecuencias más graves.

P: ¿Cómo influye la sobrecarga emocional en la gestión de medicación?

R: Es un tema recurrente en la investigación. Cuidar 24 horas al día, todo el año, influye en la vida personal y profesional. Es un reto para las instituciones. En Europa se han desarrollado leyes de dependencia con distintos grados de implantación. Nosotros hemos visto que una mayor sobrecarga emocional se asocia a más errores, con impacto en la persona cuidada.

P: ¿La sobrecarga emocional provoca errores, o existe una relación bidireccional entre sobrecarga e incidentes?

R: Son dos fenómenos que conviven. Por un lado, aumenta la probabilidad de error. Por otro, cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: ya existe la carga del cuidado y además surge el impacto emocional del error. Sentirse responsable afecta, más aún si hay vínculo emocional. Esto puede cambiar la actitud al cuidar, demasiadas precauciones tampoco ayudan pues aumentan la carga emocional y pueden ser contraproducentes: tener precauciones estandarizadas es útil, pero pasarse de la raya suele tener un efecto contrario.

P: ¿Qué tipo de consecuencias? ¿Más ansiedad, por ejemplo?

R: Más preocupación y exceso de control por miedo a que ocurran incidentes, lo que incrementa la carga mental del cuidado y termina favoreciendo la aparición de más errores. Involuntarios, pero se cometen. Estos sentimientos de responsabilidad y culpa hacen que las emociones no sean las más adecuadas para el cuidado.

«Cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: la carga del cuidado sumada al impacto emocional del incidente»

P: En el estudio encontraron que había más riesgo de error en hombres que en mujeres. ¿Cómo interpretar esta diferencia?

R: Los hombres se atreven a hacer más cosas: siguen menos las pautas que las mujeres, por ejemplo, con las prescripciones y pueden tener errores en esta dirección. También hay un nuevo fenómeno: los hombres vivimos más que antes. Más hombres llegan a una edad en la que su pareja tiene dificultades o requiere cuidados. Pero pertenecen a una generación con menos experiencia en tareas domésticas. Se enfrentan a nuevas dificultades al proveer cuidados básicos en el hogar, que las mujeres, por tradicionales sesgos de género, han asumido. Esto genera diferencias con los hombres que solían tener una menor responsabilidad en tareas domésticas. Por tanto, ahora tienen más margen de comisión de errores involuntarios. Tampoco podemos afirmar que sea así en todos los casos, pero va en esta dirección. También hay diferencias biológicas en la respuesta a medicamentos en ciertos procesos y es un factor que no siempre se tiene en cuenta. Entre cuidadores informales hemos visto que hay algunas pautas que son distintas según el género, así que conviene comentarlo. Al formar a cuidadores puede ser útil, basándonos en errores que hemos visto, dar algún mensaje diferente a hombres y mujeres, aunque, al final, las recomendaciones básicas son las mismas para ambos.

P: ¿Podría el sistema sanitario hacer algo sobre la responsabilidad sanitaria que recae sobre las familias?

R: Cada vez somos más conscientes de que la información es clave. Ha habido escuelas de cuidadores informales. Hoy contamos con tecnologías digitales, lo cual es importante porque estos cuidadores no pueden acudir regularmente a formación presencial. Necesitan recursos accesibles desde casa. Es clave formar en medicación de riesgo y en uso de dispositivos médicos complejos. Materiales fiables e inmersivos pueden ser una alternativa eficiente que nos podríamos plantear.

P: ¿Qué señales indican si un cuidador está sobrecargado?

R: Principalmente la fatiga y la dificultad para recuperarse con el descanso, además del estado de ánimo. Es una situación exigente en tiempo y responsabilidad. Muchas personas lo identifican, pero no tienen salida porque el paciente necesita atención. Las ayudas sociales, aunque limitadas, dan cierto alivio y recuperación. Esta es una situación complicada de resolver, evidentemente. Estos tiempos libres o ayudas para que una persona pueda descansar unas horas, al menos algún día a la semana, suponen un alivio necesario para recuperarse.

P: ¿Detectaron culpa o miedo entre los cuidadores al hablar sobre incidentes con la medicación? ¿Se normaliza el agotamiento?

R: Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa, forma parte de su quehacer cotidiano. Hablar de errores cuesta en todos los ámbitos, también en el sanitario. Es una reacción humana. Tuvimos que ajustar las preguntas para obtener respuestas fiables. Es un reto al investigar en este campo porque se tiende a infrainformar, es decir, a no contar completamente los errores o a minimizarlos por esa doble victimización. Ese sentimiento controvertido entre “sé que no he hecho bien algo” y el miedo a alguna consecuencia muy negativa.

P: ¿Hubo algún testimonio llamativo?

R: Sí, situaciones cotidianas que reflejan la dificultad de organizar el día a día. Por ejemplo, administrar medicación con poca luz para no despertar al paciente y confundirse. O guardar medicamentos del paciente y de mascotas en el mismo lugar y mezclarlos. Son situaciones comunes.

«Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa»

P: ¿Qué le diría a un cuidador con burnout?

R: Si el cuidador está sobrecargado probablemente haya aislamiento. Es importante romperlo a través de asociaciones, apoyos sociales… Los servicios sociales tienen limitaciones, pero hay recursos disponibles y es una puerta donde se puede llamar. En centros de salud y hospitales existen grupos de formación y apoyo. Es importante mantener ese contacto social, porque alivia la presión y la sensación de soledad y alta responsabilidad.

P: Hacer piña.

R: Un poco, sí. Al final el ser humano encuentra por ahí una válvula de escape que funciona. Cuando hemos organizado grupos, fíjate, más que si era eficaz o no lo que hacíamos, una de las cosas que nos han dicho algunos cuidadores era: “Es la primera vez que alguien me pregunta”. Ese dato refleja una sensación de aislamiento.

P: ¿Estamos olvidando el papel de los cuidadores?

R: No, hay iniciativas en España y conciencia social. Otro problema distinto es si hay recursos suficientes porque el número de personas que cuidan a otras es enorme en nuestro país: cientos de miles de personas. No hablamos de un fenómeno aislado. Aún así sería necesario un plan más coordinado para abordar esta problemática social, clínica y humana.

La contaminación lumínica crece más rápido que la población y reduce la oscuridad natural de la noche

El aumento global de la iluminación LED blanca y azul del alumbrado exterior dificulta la observación astronómica y altera los ritmos naturales de personas y animales

La luz nocturna que provoca la contaminación lumínica está creciendo más deprisa que la población. Así lo explica un estudio de los investigadores Alejandro Sánchez de Miguel y Kevin J. Gastón, que muestra que la cantidad de luz artificial emitida por la noche creció un 49% entre 1992 y 2017 y sigue incrementándose. Los autores, investigadores de la Universidad de Exeter (Inglaterra), alertan de que este exceso de luz perjudica la observación astronómica, altera la salud humana y provoca cambios en muchos animales y ecosistemas. De Miguel ha declarado que “el verdadero impacto de la contaminación lumínica está en el medio ambiente y en la salud”.

En la imagen se observa la contaminación lumínica que llega al Puerto del Pico en la provincia de Ávila desde Talavera de la Reina y Madrid. Crédito: Stellarium Ávila.

El estudio señala que este crecimiento está unido al uso de luces LED, sobre todo las de color blanco y azul. Estas luces son muy intensas y se dispersan con facilidad, iluminan el cielo incluso en zonas que ya estaban antes muy iluminadas. Los autores explican que la contaminación lumínica es un problema tridimensional: la luz se emite en muchas direcciones, rebota en el suelo, en los edificios o en las nubes creando un resplandor. Una noche sin luna puede ser tan brillante como una con luna llena. Quedan muy pocos lugares con oscuridad natural.

Gran parte de la vida del planeta depende de la oscuridad. Muchos animales se alimentan, se orientan o se reproducen solo durante la noche y numerosos procesos naturales siguen los ciclos de luz y oscuridad. La iluminación artificial rompe comportamientos esenciales de insectos, aves y mamíferos. La investigación señala efectos en la salud humana, ya que la exposición a la luz artificial durante la noche altera los ritmos del sueño y puede influir en el estado de ánimo, el metabolismo o el sistema inmunitario. 

La contaminación lumínica altera los ritmos del sueño de las personas, los ritmos circadianos y otros problemas de salud. Crédito: Pharmanord

La iluminación nocturna ha crecido porque facilita la actividad humana. La luz permite trabajar, moverse y orientarse durante la noche. También se usa para alumbrar monumentos y con fines publicitarios. Aunque parte del alumbrado se instala para mejorar la seguridad, los autores señalan que sus beneficios reales son menores de lo que suele creerse. En algunos casos, un exceso de luz puede reducir la atención al volante o crear una falsa sensación de seguridad.

La luz también se utiliza en actividades como la agricultura y la pesca. En algunos cultivos se emplea para controlar plagas o favorecer el crecimiento de las plantas y, en el mar, se usa para atraer presas durante la pesca. El estudio indica que estas prácticas amplían la presencia de la luz artificial más allá de las ciudades y hacen que la contaminación lumínica llegue a zonas que deberían estar en oscuridad.

Los autores advierten de que esta iluminación tiene un coste ambiental que va más allá del consumo de energía. La fabricación de los LED requiere materiales escasos, tierras y metales raros, cuya extracción tiene un impacto elevado. Hay millones de farolas, vehículos, aeropuertos y otras infraestructuras que emiten luz cada noche. Aunque los LED se presentan como una tecnología más eficiente, su uso masivo ha impulsado un mayor consumo de luz. Este efecto rebote hace que cualquier ahorro energético quede compensado por un aumento de la iluminación exterior, lo que incrementa las emisiones asociadas.

Asimismo, el aumento del brillo del cielo dificulta el trabajo de los astrónomos, que necesitan oscuridad para observar y los ciudadanos tampoco pueden ver las estrellas: el 80% de las personas vive bajo cielos contaminados y un tercio ya no puede ver la Vía Láctea. Esta pérdida afecta también a la cultura y al sentido de lugar, ya que durante miles de años las estrellas han sido una referencia para la orientación, la ciencia y la vida cotidiana.

Los autores insisten en que la contaminación lumínica debe tratarse como un problema ambiental de primer orden. Proponen reducir la intensidad de la iluminación exterior, limitar el uso de luz blanca y azul, orientar mejor las luminarias y establecer horarios de apagado. También recuerdan que proteger la oscuridad no significa renunciar a la luz, sino usarla de forma más responsable para conservar la noche como un recurso natural y cultural.

“No se trata de apagarlo todo sino de utilizar la luz de forma útil”

El investigador del IAA‑CSIC advierte que la luz nocturna afecta a la salud, a la biodiversidad y a la astronomía y denuncia que la transición al LED se ha hecho sin criterios ambientales

Alejandro Sánchez de Miguel, referente en el estudio de la contaminación lumínica a nivel internacional, es astrofísico e investigador en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en la Oficina de Calidad del Cielo. Ha desarrollado metodologías pioneras para medir la luz artificial nocturna con satélites desde el espacio y colabora en iniciativas para la protección global del cielo oscuro. Sus investigaciones revelan como la luz nocturna es un tipo de contaminación como la del aire que está alterando los ecosistemas, afecta a la salud humana y compromete la capacidad científica de los observatorios. El investigador señala la necesidad de utilizar la luz de forma racional y alerta sobre un problema silencioso pero creciente sobre el que, a su juicio, existen soluciones fáciles de aplicar.

Alejandro Sánchez de Miguel durante una ponencia en Shanghái. Foto: https://asanchezdemiguel.com

P: ¿Qué es exactamente la contaminación lumínica y por qué debería preocuparnos?

A.S: Es un tipo de contaminación como cualquier otra, igual que la del aire. Legalmente, la luz es una forma de energía que se introduce en la atmósfera y puede producir daños en la salud, en los ecosistemas y en usos legítimos del medio ambiente, como la observación astronómica. El problema es que, como hay intereses, hay conflicto, y se ha intentado rebajar el concepto a luz molesta. Pero la definición de la ONU es clara: toda luz nocturna que produce daño es contaminación lumínica. No se trata de apagarlo todo, sino de usar la luz de forma útil.

P: Tus trabajos con datos de satélite muestran un aumento sostenido del brillo del cielo. ¿Cómo está evolucionando la contaminación lumínica en el planeta? ¿Por qué la luz azul es la más perjudicial?

A.S: Los satélites históricos que usamos, como DMSP o VIIRS, no ven colores. Son ciegos a la luz azul, que es la forma más dañina de contaminación lumínica porque es la que más se dispersa en la atmósfera. Con la mejor calibración disponible vimos un crecimiento del 49% en los últimos 25 años, pero en la luz azul el aumento llega al 270%. Y eso que los satélites no la detectan bien. La transición al LED no se está haciendo de forma sostenible: en muchos lugares se han instalado lámparas de temperatura de color muy alta, las más contaminantes.

P: En sus estudios como Impactos ambientales de la luz artificial nocturna apuntas a que el brillo del cielo sigue aumentando por un inadecuado uso de la tecnología LED. ¿Es una contradicción disponer de una mejor tecnología actualmente pero que contamine más?

A.S: La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real. Hasta 2017 no empezaron a igualar en eficiencia a las lámparas de sodio. La tecnología LED es maravillosa si se usa bien, pero no se está usando bien. Tiene capacidades enormes, direccionalidad, regulación, elección del color etc.  que no se están aprovechando. El impacto ambiental de fabricar un LED es menos sostenible: requiere tierras raras y electrónica. 

La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real

Pero ha habido desinformación por parte de la industria y casos de corrupción ligados a su instalación. Y muchos ayuntamientos no tienen personal con formación técnica para evaluar lo que compran.

Imagen de las luces nocturnas de España y parte de Francia desde la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA

P: ¿Los observatorios profesionales se están viendo perjudicados por el aumento sostenido de la contaminación lumínica? ¿Cómo afecta a las observaciones científicas y a sus resultados?

A.S: Es un tema delicado y a muchos observatorios no les gusta admitirlo, pero afecta. Obliga a exponer los telescopios más tiempo, reduce la eficiencia y aumenta los costes. Y hay una paradoja, muchos astrónomos no son plenamente conscientes del problema porque no trabajan en las partes del espectro más afectadas. 

No es solo la contaminación lumínica, sino la química, la acústica, el cambio climático… Hay un nivel de amenazas tan grande, que la contaminación lumínica se ha quedado relegada. Además, ahora mismo la contaminación lumínica más grave para la astronomía no viene solo de las ciudades, sino de los satélites. Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta.

P: Hace poco se paralizó un gran proyecto industrial destinado a mejorar la transición energética, el proyecto INNA en Chile próximo a los grandes observatorios. ¿Qué riesgos implicaba?

A.S: Muchos. La contaminación lumínica habría aumentado por encima de las recomendaciones de la Unión Astronómica Internacional. Pero además habría problemas por vibraciones, polvo, turbulencias… Un observatorio necesita preservar las mejores condiciones naturales posibles, idealmente en cientos de kilómetros a la redonda. En Paranal ya se ven honguitos de luz a lo lejos. Construir una mega infraestructura a 25 km es incompatible con un telescopio como el VLT. Y el impacto ambiental más grande habría sido la construcción de la carretera: coger un sitio virgen supone un daño mayor.

Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta

P: ¿Deberían existir zonas de protección lumínica internacional?

A.S: Sí. Igual que hay zonas protegidas para la radioastronomía. La legislación ya contempla que cualquier proyecto que genere contaminación directa o indirecta debe tener un estudio de impacto ambiental, pero no se está aplicando. La contaminación lumínica viaja cientos de kilómetros. Necesitamos áreas de protección internacional para la astronomía y mecanismos para que las administraciones respondan si degradan un observatorio. La astronomía es uno de los pocos ejemplos reales de desarrollo sostenible que existen.

P: ¿Qué medidas sencillas se podrían aplicar en las ciudades y las administraciones para reducir la contaminación lumínica sin renunciar a la seguridad ni a la iluminación urbana?

A.S: Formación técnica, cumplimiento de la ley y reducción de la potencia. En Madrid se bajó un 50% la iluminación y nadie se dio cuenta. La gente prefiere luz cálida, pero no se le pregunta. Y necesitamos educación ambiental, si las organizaciones que crean conciencia social ignoran este problema, las leyes no se cumplen. También es clave elegir temperaturas de color bajas y usar la luz solo donde y cuando hace falta.

Dirigir correctamente las luminarias exteriores al suelo, junto con una adecuada temperatura de color cálida son parte de las medidas más eficaces para reducir la contaminación lumínica.

Créditos: Dark Sky International

P: ¿Qué le preocupa más: que estemos perdiendo capacidad científica en los observatorios o que estemos transformando el planeta sin darnos cuenta?

A.S: La degradación del planeta. La ciencia seguirá haciéndose, siempre habrá alguien mirando hacia arriba. Pero los impactos ambientales y en la salud los tenemos encima. En mi caso, una de las cosas que más me ilusiona fue ver uno de mis artículos sobre contaminación lumínica citado en una investigación sobre el tipo de cáncer por el que murió mi padre. Los efectos de la contaminación lumínica afectan a los ciclos circadianos, a la melatonina y al crecimiento de ciertos tumores. La ciencia nos ayuda a saber hasta dónde podemos llegar en la degradación. 

SABER MÁS:

Environmental impacts of artificial light at night.

KJ. Gaston, A. Sánchez de Miguel Annual Review of Environment and Resources 47 (1), 373-398

“València té una oportunitat única amb l’Horta, però cal saber aprofitar-la”

El doctor enginyer de camins Joan Olmos Lloréns, una de les principals veus contra la València del mite del progrés, analitza la situació de l’Horta de València després de l’eliminació del Consell de l’Horta.


El canvi climàtic és fa palés cada dia més i València és un dels escenaris on les seues conseqüències són més visibles. El professor Olmos, amb una experiència professional que combina universitat, gestió pública i activisme és, actualment, una de les veus més lúcides per a entendre l’evolució de l’urbanisme i del medi ambient del Cap i Casal, especialment de tots els canvis que està sofrint l’Horta en les últimes dècades. La seua visió ofereix una perspectiva crítica sobre el present i el futur de València amb una combinació de l’ecologisme, la societat i l’urbanisme.

L’urbanista al despatx de sa casa, a València. Font: Joan Olmos Lloréns.


La seua trajectòria és molt diversa: universitat, administració i activisme. Com ha influït tot això en la teua manera d’entendre l’urbanisme?

Jo sempre he intentat fugir d’una visió estrictament tècnica d’aquest camp. L’urbanisme no és només una disciplina d’enginyeria, és també una qüestió social, política i ambiental. La meua experiència en diferents àmbits m’ha portat a defensar la interdisciplinarietat. No es poden entendre problemes complexos com el territori o el canvi climàtic des d’una sola mirada. Allà on he pogut expressar-me, he mostrat la meua preferència per juntar opinions professionals que puguen contribuir a explicar i entendre el medi ambient: geògrafs, biòlegs, urbanistes, enginyers de camins, forestals… I, per suposat, al món de l’ecologisme.

Aquesta visió interdisciplinària també implica una manera concreta d’entendre la ciència?

Sí. Com diu Carl Sagan en El món i els seus dimonis (1995), “la ciència no és perfecta, però és el millor instrument que tenim per analitzar la realitat”. El problema és quan es prescindeix de la ciència, és a dir, quan es substitueix el pensament científic pel pensament màgic. Això passa molt en urbanisme, per exemple, en els casos en què una gran infraestructura es ven com si anara a solucionar tots els problemes. No hi ha solucions miraculoses.

«Les universitats haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen»

Sovint has criticat la identificació entre creixement i progrés. Encara estem instal·lats en aquesta idea?

Absolutament. Encara es pensa que créixer és sempre positiu. Més carreteres, més ports, més urbanització. Però el creixement té costos, i molts d’ells no es comptabilitzen. És el que anomenem costos externs: impactes ambientals, sanitaris o socials que paguen totes les persones. Si entenguérem això, moltes decisions urbanístiques hagueren sigut diferents.

Quin paper ha jugat l’activisme en tot aquest procés?

L’activisme ecologista hi ha tingut un paper fonamental. Encara que moltes batalles s’han perdut, l’activisme ha deixat una empremta important. Ha generat consciència i ha documentat una responsabilitat històrica. Moviments com la defensa del Cabanyal o de l’Horta han demostrat que la societat pot influir. Ara bé, també és cert que la mobilització ha disminuït.

Per què creus que passa això?

Probablement perquè s’ha instal·lat una certa resignació. A més, les institucions no sempre han estat a l’altura. Les universitats, per exemple, haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen.

«L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar»

Parlem de l’actualitat. Com valores les polítiques urbanes recents a València en relació amb el canvi climàtic?

No són encoratjadores. Es continua apostant per models basats en el creixement i la construcció. Fins i tot després de fenòmens extrems com la DANA, en lloc de replantejar-se el model territorial, s’està parlant de reconstruir en els mateixos llocs i amb la mateixa lògica. Això és un error.

En aquest context, quin paper juga l’Horta de València?

L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar. La legislació mateixa ho reflecteix: el sòl no urbanitzable es defineix en negatiu, el positiu és el sòl urbanitzable, aquell destinat a ser urbà.

La recent eliminació del Consell de l’Horta, impulsada per l’actual govern valencià al·legant causes burocràtiques i econòmiques, ha generat preocupació entre els sectors agraris i ambientals. Creus que la desaparició d’aquest organisme pot agreujar la situació?

Sens dubte. El Consell de l’Horta tenia limitacions, però era un instrument de protecció i coordinació. Sense aquest tipus d’estructures, l’Horta queda més exposada a la pressió urbanitzadora. I si a això sumem la falta de relleu generacional en l’agricultura, el panorama és preocupant.

L’Horta de Godella amb la ciutat de València al fons. Camí Vell de Godella, 2013. Per Rosa Pardo i Marín.


Per què costa tant protegir l’Horta?

Hi ha diversos factors. Econòmicament, l’agricultura no és rendible en molts casos. Culturalment, ser llaurador ha estat infravalorat. I políticament, no hi ha hagut una defensa prou forta per cap part. Tot això fa que l’Horta perda davant d’altres interessos.

Creus que encara hi ha marge per a revertir aquesta situació?

Sí, però cal actuar. Una de les claus és fomentar el cooperativisme i facilitar que gent jove puga dedicarse a l’agricultura amb condicions dignes. També cal valorar el coneixement acumulat: la gestió de l’aigua, les sèquies, els sistemes de reg… tot això és un patrimoni extraordinari.

I des del punt de vista urbanístic, què caldria fer?

Necessitem un nou urbanisme. Un urbanisme que no es base només en construir, sinó en fer ciutats habitables, amb proximitat, amb menys dependència del cotxe i més respecte pel territori. València té una oportunitat única amb l’Horta, però cal saber aprofitar-la.

Per acabar, mantens l’optimisme?

Citant a Kant, “l’optimisme és una obligació moral”. No podem rendir-nos. Encara que el context no siga el millor, tenim la responsabilitat de continuar treballant i transmetent una visió crítica. El futur dependrà, en gran part, de la capacitat de les noves generacions per entendre i defensar el territori.

Teresa Franquesa, ambientóloga: “La generación Z ha crecido oyendo que nos encontramos en un punto de no retorno y eso causa angustia”

Teresa Franquesa, ambientóloga, sostiene que muchos jóvenes recurren hoy a la desconexión como mecanismo de defensa frente a la sobrecarga mental y la amenaza climática.

La ambientóloga española Teresa Franquesa Codinach posee una larga trayectoria profesional en numerosas disciplinas, como la enseñanza, comunicación científica, ordenación del territorio, gestión del medioambiente y educación ambiental. Gracias a su doble formación, doctora en Ciencias Biológicas y máster en Psicología Social, posee un carácter polifacético que le ha permitido trabajar en diversos campos.

Cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA), ha trabajado en el ayuntamiento de Barcelona, dirigiendo el Plan Clima 20-30, así como estrategias de sostenibilidad y educación ambiental. Su libro “Cambio climático y ecoansiedad” busca divulgar conocimiento sobre la crisis climática y el miedo crónico que esto puede causarnos, ayudándonos a tomar consciencia y romper el aislamiento mediante el paso a la acción de manera conjunta. A juicio de la investigadora, la solastalgia puede llevar a la pérdida de nuestras raíces, sobre todo en la actualidad, y en especial a la generación Z.

(Izquierda) Teresa Franquesa Codinach, ambiéntologa y divulgadora española, cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA). Foto cedida por la entrevistada. (Derecha) Cambio climático y ecoansiedad. De la preocupación a la acción. Libro de Teresa Franquesa Codinach publicado en 2024.

¿Cómo define el concepto de solastalgia y qué similitudes y diferencias guarda con el término ecoansiedad?

La persona que introdujo este concepto fue el filósofo australiano Glen Albercht en 2003, cuando una población australiana asistió a la destrucción de su entorno tras la explotación de unas minas. Esta población siempre se había sentido confortada por su entorno y la experiencia de destrucción del mismo le causó una sensación de pérdida, a la cual Albercht denominó solastalgia, por su paralelismo con nostalgia. La diferencia sería que la nostalgia implica añoranza del pasado, mientras que la solastalgia implica una sensación de pérdida en el presente, al ver que el lugar que habitamos está siendo desfigurado, provocando un sentimiento de no pertenencia. Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconocemos como tal, suscitando un sentimiento de desamparo.  

Albercht definió solastalgia como una respuesta anímica a la destrucción del propio lugar, relacionada con un sentimiento de pérdida que conlleva tristeza. Más tarde, se popularizó el concepto de ecoansiedad, que incluye una gama muy amplia de emociones difíciles: miedo, rabia, culpa, etc. Así, yo asociaría la solastalgia más con la tristeza, mientras que la ecoansiedad puede asociarse también a otras emociones.

“Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconoces como tal, suscitando un sentimiento de desesperación”

Como las minas de Riotinto, donde se lleva a cabo la extracción del mineral y el paisaje se transforma.

Claro, porque cuando sentimos un lugar como propio, que contribuye a la creación de nuestra identidad, al ser degradado, podemos experimentar este duelo o solastalgia. Entonces, este sitio especial pasa a estar borroso, y esa interconexión que sentíamos puede desaparecer.

¿Podría la solastalgia asemejarse a un duelo migratorio? Un migrante libra pequeñas batallas en silencio de forma cotidiana con respecto a barreras lingüísticas, culturales, de carácter…

El duelo migratorio tiene un punto común con la solastalgia que es la pérdida del entorno que dota de esta identidad, pero, en este caso no es por destrucción, sino por distancia. Este duelo estaría a caballo entre un fenómeno de nostalgia y de solastalgia.

¿Y al volver a casa por vacaciones y ver que el descampado de al lado de tu casa se ha transformado en un bloque de pisos?

Esto sí correspondería a la idea de solastalgia, porque no reconoces tu lugar, en el cual creciste, formaste tu identidad…

¿Considera que todas las generaciones están sometidas al fenómeno de solastalgia de igual manera? Por ejemplo, la generación Z impactada por el “doomscrolling”.

La generación Z ha crecido oyendo que nos encontramos en un punto de no retorno y eso causa angustia. Un mecanismo de defensa saludable es desconectar para no abrumarse. De hecho, muchos jóvenes reconocen evitar pensar en esto porque se sienten impotentes. Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento.

Prueba de ello es un estudio que relata que entre 2023 y 2025, los jóvenes españoles de 18-30 años que creen que el cambio climático es importante, ha bajado del 90% al 76%. Preocupación e implicación climática no son sinónimos, pero sí es verdad que encontramos presente este mecanismo de defensa. No debemos olvidar que también existe una desconfianza fundada hacia la capacidad y la voluntad de las instituciones para hacer frente a este problema, asociando el cambio climático con retórica.

“Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento”

Gráfico lineal del porcentaje de personas con total seguridad de que está ocurriendo el cambio climático por sexo y edad en España. Fuente: Observatorio transición justa 2025.

Una especie de mercaderes de la duda por mecanismo de defensa.

Bueno, existen muchos intereses en mantener el business as usual y sembrar dudas de todo tipo. Siempre los intereses venden unos relatos y tenemos que saber si los compramos o no.

Este punto de no retorno con el cual la generación Z ha crecido, y cuyos cambios climáticos, al ser un fenómeno a largo plazo, no se atisban de forma inminente…

Diría que sí los veremos, por desgracia. De hecho, ya los estamos viendo. Otra cosa es que los identifiquemos como tales, pero el cambio del clima es un hecho.

¿Puede este contexto crear una disonancia cognitiva en esta generación, lo que debe estar haciendo versus lo que podría hacer, culpabilizándose de no poner su granito de arena, desencadenando patologías psíquicas?

Sentir tensión y preocupación en una situación como esta es normal, la situación es inquietante. No diría que esto sea ningún tipo de patología, porque es normal sentir miedo, rabia o tristeza. Lo que ocurre nos importa. No es un signo de debilidad, sino una señal que hace que estemos alerta. Siempre digo, no estamos locos, estamos despiertos. De hecho, Thomas Doherty dice que la función de la ecoansiedad no es hacerte feliz, sino mantenerte vivo.

Emoción proviene del término emovere (= agitar), de manera que las emociones nos agitan. Las emociones son como una alarma que nos empuja a actuar cuando algo en nuestro entorno vital no va bien, y tenemos que tomar precauciones, como si fuese una alarma de incendios: cuando suena la alarma, el problema no es la molestia que causa el ruido, sino que se está quemando la casa. No se trata de mirar a la ecoansiedad, sino la causa de esta.

Quizás deberían pensar para la tercera película de la saga Inside Out una nueva emoción que represente la preocupación climática.

El problema es que el discurso apocalíptico no ayuda, cansa. En cambio, un relato positivo, esperanzador, resulta más poderoso que una alerta constante, empujando a la sociedad a llevar a cabo acciones. Existe un gran abanico de posibilidades para actuar. La cuestión es encontrar aquella iniciativa en la que cada uno sienta que está desarrollando sus posibilidades. Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia.

Respecto a la salud mental, existe un proceso de pasos esenciales para cuidar de uno mismo: primeramente, escucharse y reconocer sus emociones, aceptarlas; en segundo lugar, comunicar con nuestro alrededor para tener feedbacks positivos que nos recuerden que el cambio es posible; seguidamente, encontrar aquello que podemos hacer que esté en nuestra mano, siendo realistas (sobre todos los jóvenes…); posteriormente, mantener una red de apoyo, con iniciativas comunitarias, para transformar el miedo en energía; y, por último, cuidarse emocionalmente, por ejemplo, dosificando el consumo de información con el fin de evitar la saturación, ya que a veces puede resultar saturadora y redundante.

“Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si esto te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia”

En relación a la saturación de información en jóvenes, ¿cómo ve la iniciativa de prohibir el uso de redes en menores de 16 años en España?

Hoy en día hay muchos padres que intentan que sus hijos no tengan un móvil hasta que tengan una determinada edad, pero no todos tienen la misma consciencia, y muchos les dan el móvil a sus bebés para que se entretengan. Esta falta de visión crítica de no pensar en las repercusiones que una persona de temprana edad esté sometida a cantidades ingentes de información no adaptadas hace que se planteen este tipo de restricciones. Una manera de acotar la utilización de redes sería implantar, como ya se ha hecho en otros países como Australia, redes sociales exclusivas para menores.

El ecólogo Ramón Margalef se refería a que “la problemática fundamental puede resumirse en que la tierra se nos hace pequeña”. Respecto a la crisis ambiental global, ¿podríamos hablar de solastalgia? ¿Estamos a tiempo de revertir las consecuencias de nuestros actos?

Cabe recordar que esta citación de Margalef es de los años setenta y, además, él fue un pionero en indicar esto cuando muy poca gente veía los límites de la Tierra. La actividad humana llega a todas partes, no queda apenas territorio virgen. Tenemos una influencia monstruosa sobre el plantea, su funcionamiento y sus características.

¿Existe una enorme solastalgia? Bueno, es una manera de verlo. Retomando la metáfora del incendio, cuando suena la alarma y te das cuenta que se te ha quemado la cocina, hay dos posibles actitudes: o rendirse y aceptar que no hay nada que hacer, o luchar por salvar el resto de las habitaciones. Yo soy partidaria de esta segunda actitud, tenemos oportunidades y tenemos capacidad de acción.

Afirmar que nada tiene arreglo es una actitud un poco presuntuosa, puesto que conlleva presuponer que sabemos lo que va a pasar. Mejor actitud sería admitir que no sabemos exactamente lo que va a pasar. Y en esta incertidumbre, podemos actuar. Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva. Así, a cada uno nos toca asumir nuestras propias responsabilidades, entendiendo estas como la habilidad para responder a una situación y luchar para cambiarla, activándonos de manera realista. Entendiendo que no estamos solos y que lo que tiene sentido es sumar en el cambio colectivo.

“Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva”

Esto requiere mucha fuerza de voluntad para salir de una zona de confort en la cual estamos bien, estamos a gusto…

Dormiditos…

Sí, totalmente.

Como la alarma de incendios: un poco de preocupación es lo que nos hace estar alerta y no dormirnos en el sopor de la tarde…

¿Un choquero en aguas marcianas?

“Eres más de Huelva que un choco”. Choquero es el gentilicio coloquial con el que se autodenominan los onubenses, habitantes de la provincia de Huelva. Pero, ¿podría un ser humano “mojarse los pies” en las aguas del planeta rojo o Marte? Estas aguas marcianas están más cerca de lo que creemos, y quizás podemos encontrar algún choquero en ellas…

La Sierra de Aracena y Picos de Aroche, al norte de la provincia de Huelva, alberga un ecosistema vivo único en el mundo: el nacimiento del río Tinto. Este se encuentra en el interior de la Peña de Hierro, un yacimiento mineralógico que cesó su actividad en los años 70, aunque a día de hoy todavía se lleva a cabo la explotación minera en otras latitudes del cauce de este río. El mineral extraído por la compañía Rio Tinto Company Limited (RTC) era entonces transportado en ferrocarril hasta la capital de la provincia, donde se fundía con el río Odiel gracias a las vigas de hierro del Muelle del Tinto, emblemático bien de interés cultural de Huelva. Una vez allí, el mineral partía en buques hacia tierras inglesas, por aquel entonces gerentes de la compañía, proceso que duró hasta 1975.

Yacimiento minero Peña de Hierro (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Muelle del Tinto (derecha). Foto: María Isabel Mendoza Sierra.

Debido al emplazamiento de su nacimiento, el río Tinto posee una importante particularidad… ¡Es rojo! Este peculiar color se debe a la presencia de microorganismos en este “subsuelo marciano”, donde encontramos bacterias autótrofas, es decir, sintetizan sus propios compuestos orgánicos a través de compuestos inorgánicos con la ayuda de una fuente de energía. En función de la fuente de energía utilizada, podemos distinguir los organismos fotoautótrofos, que adquieren la energía química a partir de la luz (por ejemplo, las plantas durante el proceso de fotosíntesis), y los organismos quimioautótrofos, que adquieren la energía química a partir de procesos de oxidación de materia inorgánica.

Para leer más sobre modelos metabólicos: Tortorelli, M. del C. (2023). Ríos de vida. Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), pp. 51-52.

En el caso de las bacterias presentes en este río, nos encontramos ante esta segunda posibilidad, donde individuos de la especie Thiobacillus ferrooxidans utilizan compuestos inorgánicos de azufre y hierro, contenidos en los minerales de pirita y la calcopirita, oxidándolos con ayuda del CO2 atmosférico para la creación de materia orgánica. Estas oxidaciones poseen distintas repercusiones: por un lado, la génesis de ácido sulfúrico (H2SO4) a partir de compuestos azufrados conlleva a una disminución del pH de estas aguas (pH ácido en torno a 2,3, sabiendo que el agua de consumo humano posee un pH de 7) y, por otro lado, la transición de hierro ferroso (Fe2+) a hierro férrico (Fe3+) conlleva al enrojecimiento del agua (como un caramelo masticable, a medida que este se chupa va perdiendo el color, y en este caso en nuestra lengua la que acaba apareciendo roja). Asimismo, bajo esta alta acidez, los metales de los minerales se liberan más fácilmente, disolviéndose en el agua, por lo que estas bacterias poseen un gran interés en minería para la extracción y recuperación de metales (proceso de lixiviación de mineral).

Comparación de la recuperación de oro en lixiviación de mineral en ausencia de tratamiento biológico (izquierda) y en presencia del efecto oxidante de la bacteria Acidithiobacillus ferrooxidans (derecha). Fuente: Gil Robles, 2020.

Este ecosistema oligotrófico y anóxico (escaso en nutrientes para los seres vivos que lo habitan y bajos contenidos en oxígeno, respectivamente) posee características geoquímicas y mineralógicas muy similares a las que se han podido observar en Marte. Así, tanto la National Aeronautics and Space Administration (NASA) como la European Space Agency (ESA), así como científicos del Centro de Astrobiología de Madrid, están estudiando este lugar con el fin de crear instrumentos que puedan detectar vida extraterrestre, como por ejemplo en Europa, una de las lunas de Júpiter. El Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) lleva a cabo un proyecto intitulado Life-detection Mars Analog Project (LMAP), el cual explora ambientes extremos (aridez, alta radiación UV, elevado contenido en sales, temperaturas extremas) en busca de vida, la cual podría ser análoga al planeta marciano. Tanto los sulfatos (jarosita) como los óxidos de hierro (hematita) comparten localización con la cuenca del río Tinto y Marte, además de que estos minerales preservan de manera fidedigna restos de materia orgánica, por lo que son buenos indicadores de posible existencia de vida extraterrestre. Un muestreo llevado a cabo en territorio terrestre ha permitido analizar tres tipos de biomarcadores (inmunológicos, lipídicos y genéticos) que permitirían comparar las comunidades microbianas presentes en la Tierra con potenciales señales de vida marciana en su subsuelo helado en el marco de la misión IceBreaker.

Cauce del río Tinto (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Trayectoria del rover en el cráter Jezero de Marte. Fuente: NASA.

Recientemente, se han aprobado nuevas misiones espaciales, como es el caso del regreso de Artemis II, la cual busca ahondar más los conocimientos que poseemos acerca de nuestro satélite, la Luna, con una nave tripulada que ha orbitado alrededor de este astro. Otra misión activa de la NASA es la Mars 2020 Perseverance Rover, esta vez no tripulada, cuyo objetivo es la recolección de muestras de roca y regolito (roca y polvo) de la superficie del cráter Jezero en Marte.

Ambas misiones tienen como propósito conocer en mayor profundidad los secretos del Universo, pero, ¿y si estos secretos se encontrasen más cerca de lo que pensamos? En The Martian (atención spoiler), el protagonista cultiva patatas en Marte. Pero no hace falta viajar tan lejos… e ir simplemente a “nuestro Marte en la Tierra” para observar una especie floral endémica (Erica andevalensis) que soporta estas condiciones extremas.

Ver a un choquero mojándose los pies en Marte quizás sea más fácil de lo que parece. Además, incluso si estas aguas poseen una gran acidez, tienen el mismo pH que una famosa bebida comercial (sí, increíble pero cierto), así que, ¡no dudes en probar la experiencia si no tienes miedo a un pequeño tatuaje temporal naranja durante un par de días!

Doctora Dolores Molto: “Las moscas son animales valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras”

  • La catedrática del Departamento de Genètica de la Facultat de Biologia de la Universitat de València explica el modelo animal de Drosophila melanogaster y su vital relevancia para la investigación de enfermedades raras de origen genético. 
Doctora María Dolores Molto en un laboratorio de la Universidad de Valencia.
La doctora Molto y el estudiante de doctorado Alexandre Llorens Trujillo en el laboratorio.

La doctora María Dolores Molto es especialista en genética de la Facultad de Biología de la Universitat de Valencia (UV). Su línea de trabajo son las enfermedades raras de origen genético. Uno de sus proyectos fue sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad rara del sistema nervioso, que afecta el movimiento y marcha de las personas jóvenes. Para entender mejor esta enfermedad, recibió ayuda de unos seres particulares: moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). La doctora Molto explica la importancia de estos animales en la investigación y cómo ayudaron para entender mejor la ataxia de Friedreich.

¿Cómo se empleó la mosca de la fruta para estudiar la ataxia de Friedreich? 

Los afectados con ataxia de Friedreich tienen un gen mutado, el cual produce una proteína llamada frataxina. El resultado final de la mutación es que el gen no se expresa (activa) lo suficiente y no sintetiza (produce) la cantidad de proteína necesaria para mantener la salud de las células. 

La mosca también tiene un gen que codifica la frataxina y fuimos el primer grupo en identificarlo. Dado que podemos reproducir la enfermedad en Drosophila, tenemos la posibilidad de estudiarla. Así que desarrollamos un modelo en el cual las moscas tenían una cantidad de frataxina reducida para entender sus funciones. 

¿Cuál es la función de la frataxina en el organismo?

La frataxina trabaja dentro de las mitocondrias, que son como las fábricas de energía de la célula. Esa energía les permite funcionar. La frataxina regula los niveles de hierro y ayuda a que dentro de la mitocondria funcionen enzimas muy importantes que sirven para obtener energía.

Sin frataxina, las mitocondrias no funcionan correctamente. Hemos visto que hay enzimas que se ven afectadas, tanto en pacientes como en moscas. Ambos casos sintetizan menos energía y aumentan lo que llamamos especies reactivas de oxígeno (ROS), que causan estrés oxidativo y muerte celular. 

Durante unos años, se discutió si las especies reactivas de oxígeno eran parte del origen de la enfermedad. Con las moscas pudimos confirmar la hipótesis: la falta de frataxina causa estrés oxidativo, el cual daña las mitocondrias, que a su vez lesionan las células nerviosas.

¿Cómo ayuda a pacientes o médicos entender la enfermedad de Friedreich? 

A partir de estudiar estos mecanismos que dan origen a la enfermedad, el equipo postuló posibles tratamientos. Identificamos una proteína reguladora que permite activar ciertos genes, llamada NRF2. Cuando hay niveles elevados de estrés oxidativo, NRF2 es liberado y se une al ADN, activando genes que protegen frente al estrés oxidativo. En las moscas que simulan la enfermedad, NRF2 no se libera y no activa esa protección, pero encontramos un método para liberar a NRF2 y activar las defensas antioxidantes.

En este sentido, el primer tratamiento para la ataxia de Friedreich fue aprobado en el año 2024 y justo actúa en ese nivel, activando a NRF2. Aunque no es totalmente curativo, sí ofrece un beneficio y, cuando tienes pacientes con estos problemas, cualquier mejora es bien recibida. 

Adolescente con ataxia de Friedreich, una enfermedad rara, en silla de ruedas.
La ataxia de Friedreich afecta el equilibrio y el movimiento e inicia durante la adolescencia. Prostock-studio/Shutterstock 

¿Por qué no investigar directamente en humanos en vez de en moscas?

Los organismos más sencillos, como es el caso de Drosophila, nos permiten realizar experimentos que por cuestiones éticas no podríamos realizar en humanos. Además, en una escala temporal, es muchísimo más rápido trabajar con ellas. Esto es lo que en biomedicina llamamos organismos modelo. 

Los organismos modelo han sido fundamentales porque han permitido determinar la función de los genes y cómo sus productos (proteínas) se integran en el funcionamiento de la célula.

Si ponemos el caso de las enfermedades raras, como la ataxia de Friedreich, sabemos que aproximadamente un 80% de ellas tienen un origen genético. En muchas de ellas, basta una mutación en un único gen para que se desarrolle la enfermedad. Los modelos animales nos permiten conocer cómo funcionan los genes. 

Además, es más rápido trabajar con modelos animales. Puedes investigar muchas generaciones en poco tiempo porque se reproducen más rápido. A estos animales podemos alterarlos genéticamente con facilidad y el riesgo bioético es muchísimo menor. 

¿Se parecen en algo las moscas al humano? Porque de primeras cuesta ver alguna similitud.

Si nos comparamos a simple vista, evidentemente, no nos parecemos en nada. Sin embargo, si hacemos un estudio profundo, tenemos muchas similitudes y compartimos muchas funciones básicas. Pensemos que tanto los humanos como las moscas necesitamos movernos, respirar, comer e incluso aprender. Tenemos una historia evolutiva compartida. Esto implica que muchos de los órganos tienen un origen común y en el desarrollo de estos órganos están participando unos genes claves que se han mantenido conservados a lo largo de la evolución. Por lo tanto, ¡estamos compartiendo genes! 

Si regresamos al campo de las enfermedades, puedo decir que el 70% de los genes que sabemos que en humanos producen una enfermedad tienen su equivalente en la mosca. Cuando en la mosca se alteran, reproducen características que se asemejan a la enfermedad. 

Si te das cuenta, no somos tan distintos.

Existiendo otros animales, como ratones, ¿por qué elegir moscas para realizar estudios? 

La historia de Drosophila tiene más de un siglo. Durante todo ese tiempo se han construido todo tipo de herramientas y estrategias sofisticadas para hacer estudios genéticos en ellas. Prácticamente puedes tener mutaciones para todos los genes de la mosca; es muy fácil generar mutantes. Podemos hacer que un gen se exprese (active) en el momento o en el tejido que queramos. Podemos cambiar cuánto se expresan sus genes o podemos silenciarlos (apagarlos). Todo esto tiene una ventaja muy importante para poder estudiar la función de un gen. 

Otra ventaja que tienen frente a organismos vertebrados, como los ratones, es que, además de ser pequeños, tienen ciclos de vida más cortos y una gran capacidad reproductiva, por lo que son muy abundantes. Con una pareja puedes tener muchísimos descendientes, a nivel de centenares. Con las moscas puedes hacer lo que se llaman estudios a gran escala. 

Incluso puedes realizar cruces entre moscas con diferentes mutaciones y ver si la descendencia, al combinar esas mutaciones, mejora o sale más perjudicada. Además, necesitan poco espacio, cuidados y materiales. Hasta podemos prepararles su propia comida aquí en el laboratorio.  

Alumna de biología trabajando con Drosophila melanogaster.
Alumna trabajando con las Drosophilas. Utiliza dióxido de carbono para anestesiarla y un pincel suave para manipularlas. 

Al trabajar con moscas mutadas, ¿qué nivel de riesgo existe si llegaran a escapar del laboratorio?

Como tenemos moscas transgénicas (genéticamente modificadas), necesitamos unas instalaciones específicas para trabajar con ellas. Nosotros las creamos en el 2018. Cotidianamente, la llamamos Fly Room, pero su nombre es Sala Mensua, en honor al profesor José Luis Mensua, quien fundó el Departamento de Genética en nuestra Facultad.

Esta sala cumple todas las condiciones para trabajar con moscas. Tiene una doble puerta para entrar y los investigadores tienen que ingresar con una bata específica para no llevarse moscas retenidas en la ropa. También cuenta con un sistema de ventilación que evita que las moscas puedan salir al exterior. 

Sin embargo, el nivel de riesgo es muy bajo, ya que las moscas con las que trabajamos no son patógenas. Además, si escaparan, es muy poco probable que sobrevivieran fuera del laboratorio, porque están adaptadas a esas condiciones. Por otro lado, los transgenes (genes modificados) que portan no son peligrosos y es extremadamente improbable que se transfieran a las moscas silvestres (de la naturaleza), ya que eso requeriría que llegaran a reproducirse con ellas. En cualquier caso, tampoco suponen un riesgo para la salud de las personas.

¿Cómo se trabaja con estos animales en el día a día de una investigación?

Dentro de la Flyroom, las moscas viven dentro de tubos de plástico. A cada tubo lo rellenamos con un poco de papilla que les preparamos a las moscas con azúcar, harina de maíz y levadura. Para que no escapen, pero tengan oxígeno, sellamos el tubo con un poco de algodón. 

Mientras esperamos a necesitarlos o a que se reproduzcan, los tubos de ensayo con las moscas se colocan en una incubadora. Es otro cuarto que regula la temperatura para que puedan vivir y reproducirse con mayor facilidad.     

Cuando trabajamos con ellas, usamos lupas binoculares para poder analizarlas a mayor tamaño. También tenemos un sistema para anestesiar (dormir) a los adultos —las moscas inician como larvas— porque vuelan y se mueven, así que para observarlos, necesitamos que estén anestesiados y quietos. Luego utilizamos pinceles suaves para manipularlos sin lastimarlos. 

Cuando termina una investigación o ya no se necesita de algún grupo de moscas, las depositamos en una morgue. No las podemos liberar porque son animales transgénicos y no sobreviven en el exterior. Así que la morgue tiene alcohol al 70%, el cual las noquea para que mueran pacíficamente.

En 2013 se reguló el cuidado de varios animales de laboratorio y en el 2023 entró en vigor la Ley de Bienestar Animal. ¿Qué normas y regulaciones protegen a las moscas durante la investigación? 

Las leyes de bienestar animal son muy estrictas en España, ya que se sigue la normativa europea. Sin embargo, las leyes están dirigidas sobre todo a organismos vertebrados o a algún invertebrado en el cual se sabe que puede sentir cierto tipo de dolor. Las moscas no entran dentro de estos grupos. Por lo tanto, no hay en sí una regulación específica.

Moscas de la fruta con mutaciones genéticas en un laboratorio.
Moscas con diferentes mutaciones en sus tubos de ensayo.

Las moscas no son lo que se dice guapas. La mayoría las llamaría una plaga. ¿A usted no le causa desagrado o miedo trabajar con ellas?

La doctora ríe. 

¿Las moscas? ¿No las has visto nunca? Son pequeñitas.

Se las puede confundir con plagas porque hay moscas que afectan a la fruta, pero estas son completamente inofensivas. Es más, yo las veo preciosas. Por ejemplo, tienen muchos colores de ojos: blancos, negros, rojos, naranjas, marrones, y son preciosos. Hasta hay mutantes que no tienen ojos. Algunas tienen alas planas y otras rizadas; algunas tienen alas pequeñitas e incluso hay algunas sin alas. 

Son pequeños animales, valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras y la embriología. Yo las veo preciosas.

Actualización 28 de abril 2026: se agrega información en pie de foto. Se agrega enlace a imagen del ciclo de vida de la mosca de la fruta.