Doctora Dolores Molto: “Las moscas son animales valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras”

  • La catedrática del Departamento de Genètica de la Facultat de Biologia de la Universitat de València explica el modelo animal de Drosophila melanogaster y su vital relevancia para la investigación de enfermedades raras de origen genético. 
Doctora María Dolores Molto en un laboratorio de la Universidad de Valencia.
La doctora Molto y su estudiante de doctorado en el laboratorio.

La doctora María Dolores Molto es especialista en genética de la Facultad de Biología de la Universitat de Valencia (UV). Su línea de trabajo son las enfermedades raras de origen genético. Uno de sus proyectos fue sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad rara del sistema nervioso, que afecta el movimiento y marcha de las personas jóvenes. Para entender mejor esta enfermedad, recibió ayuda de unos seres particulares: moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). La doctora Molto explica la importancia de estos animales en la investigación y cómo ayudaron para entender mejor la ataxia de Friedreich.

¿Cómo se empleó la mosca de la fruta para estudiar la ataxia de Friedreich? 

Los afectados con ataxia de Friedreich tienen un gen mutado, el cual produce una proteína llamada frataxina. El resultado final de la mutación es que el gen no se expresa (activa) lo suficiente y no sintetiza (produce) la cantidad de proteína necesaria para mantener la salud de las células. 

La mosca también tiene un gen que codifica la frataxina y fuimos el primer grupo en identificarlo. Dado que podemos reproducir la enfermedad en Drosophila, tenemos la posibilidad de estudiarla. Así que desarrollamos un modelo en el cual las moscas tenían una cantidad de frataxina reducida para entender sus funciones. 

¿Cuál es la función de la frataxina en el organismo?

La frataxina trabaja dentro de las mitocondrias, que son como las fábricas de energía de la célula. Esa energía les permite funcionar. La frataxina regula los niveles de hierro y ayuda a que dentro de la mitocondria funcionen enzimas muy importantes que sirven para obtener energía.

Sin frataxina, las mitocondrias no funcionan correctamente. Hemos visto que hay enzimas que se ven afectadas, tanto en pacientes como en moscas. Ambos casos sintetizan menos energía y aumentan lo que llamamos especies reactivas de oxígeno (ROS), que causan estrés oxidativo y muerte celular acelerada. 

Durante unos años, se discutió si las especies reactivas de oxígeno eran parte del origen de la enfermedad. Con las moscas pudimos confirmar la hipótesis: la falta de frataxina causa estrés oxidativo, el cual daña las mitocondrias, que a su vez lesionan las células nerviosas.

¿Cómo ayuda a pacientes o médicos entender la enfermedad de Friedreich? 

A partir de estudiar estos mecanismos que dan origen a la enfermedad, el equipo postuló posibles tratamientos. Identificamos una molécula que permite activar ciertos genes, llamada NRF2. Cuando hay niveles elevados de estrés oxidativo, NRF2 es liberado y se une al ADN, activando genes que protegen frente al estrés oxidativo. En las moscas que simulan la enfermedad, NRF2 no se libera y no activa esa protección, pero encontramos un método para liberar a NRF2 y activar las defensas antioxidantes.

En este sentido, el primer tratamiento para la ataxia de Friedreich fue aprobado en el año 2024 y justo actúa en ese nivel, activando a NRF2. Aunque no es totalmente curativo, sí ofrece un beneficio y, cuando tienes pacientes con estos problemas, cualquier mejora es bien recibida. 

Adolescente con ataxia de Friedreich, una enfermedad rara, en silla de ruedas.
La ataxia de Friedreich afecta el equilibrio y el movimiento e inicia durante la adolescencia. Prostock-studio/Shutterstock 

¿Por qué no investigar directamente en humanos en vez de en moscas?

Los organismos más sencillos, como es el caso de Drosophila, nos permiten realizar experimentos que por cuestiones éticas no podríamos realizar en humanos. Además, en una escala temporal, es muchísimo más rápido trabajar con ellas. Esto es lo que en biomedicina llamamos organismos modelo. 

Los organismos modelo han sido fundamentales porque han permitido determinar la función de los genes y cómo sus productos (proteínas) se integran en el funcionamiento de la célula.

Si ponemos el caso de las enfermedades raras, como la ataxia de Friedreich, sabemos que aproximadamente un 80% de ellas tienen un componente genético. En muchas de ellas, basta una mutación en un único gen para que se desarrolle la enfermedad. Los modelos animales nos permiten conocer cómo funcionan los genes. 

Además, es más rápido trabajar con modelos animales. Puedes investigar muchas generaciones en poco tiempo porque se reproducen más rápido. A estos animales podemos alterarlos genéticamente con facilidad y el riesgo bioético es muchísimo menor. 

¿Se parecen en algo las moscas al humano? Porque de primeras cuesta ver alguna similitud.

Si nos comparamos a simple vista, evidentemente, no nos parecemos en nada. Sin embargo, si hacemos un estudio profundo, tenemos muchas similitudes y compartimos muchas funciones básicas. Pensemos que tanto los humanos como las moscas necesitamos movernos, respirar, comer e incluso aprender. Tenemos una historia evolutiva compartida. Esto implica que muchos de los órganos tienen un origen común y en el desarrollo de estos órganos están participando unos genes claves que se han mantenido conservados a lo largo de la evolución. Por lo tanto, ¡estamos compartiendo genes! 

Si regresamos al campo de las enfermedades, puedo decir que el 70% de los genes que sabemos que en humanos producen una enfermedad tienen su equivalente en la mosca. Cuando en la mosca se alteran, reproducen características que se asemejan a la enfermedad. 

Si te das cuenta, no somos tan distintos.

Existiendo otros animales, como ratones, ¿por qué elegir moscas para realizar estudios? 

La historia de Drosophila tiene más de un siglo. Durante todo ese tiempo se han construido todo tipo de herramientas y estrategias sofisticadas para hacer estudios genéticos en ellas. Prácticamente puedes tener mutaciones para todos los genes de la mosca; es muy fácil generar mutantes. Podemos hacer que un gen se exprese (active) en el momento o en el tejido que queramos. Podemos cambiar cuánto se expresan sus genes o podemos silenciarlos (apagarlos). Todo esto tiene una ventaja muy importante para poder estudiar la función de un gen. 

Otra ventaja que tienen frente a organismos vertebrados, como los ratones, es que, al ser pequeños, son muy abundantes. Con una pareja puedes tener muchísimos descendientes, a nivel de centenares. Con las moscas puedes hacer lo que se llaman estudios a gran escala. 

Incluso puedes realizar cruzas entre moscas con diferentes mutaciones y ver si la descendencia con nuevas mutaciones mejora o sale más perjudicada. Además, necesitan poco espacio, cuidados y materiales. Hasta podemos prepararles su propia comida aquí en el laboratorio.  

Alumna de biología trabajando con Drosophila melanogaster.
Alumna trabajando con las Drosophilas. Utiliza dióxido de carbono para anestesiarla y un pincel suave para manipularlas. 

Al trabajar con moscas mutadas, ¿qué nivel de riesgo existe si llegaran a escapar del laboratorio?

Como tenemos moscas transgénicas (genéticamente modificadas), necesitamos unas instalaciones específicas para trabajar con ellas. Nosotros las creamos en el 2018. Cotidianamente, la llamamos Fly Room, pero su nombre es Sala Mensua, en honor al profesor José Luis Mensua, quien fundó el Departamento de Genética en nuestra Facultad.

Esta sala cumple todas las condiciones para trabajar con moscas. Tiene una doble puerta para entrar y los investigadores tienen que ingresar con una bata específica para no llevarse moscas retenidas en la ropa. También cuenta con un sistema de ventilación que evita que las moscas puedan salir al exterior. 

Aunque el nivel de riesgo es muy bajo porque las moscas con las que trabajamos no son patógenas. Si salieran, no sobrevivirían porque están adaptadas a vivir en el laboratorio. Además, los transgenes (genes alterados) que tienen no son peligrosos y no los pueden transferir a las moscas que están en la naturaleza ni pueden afectar la salud de las personas.

¿Cómo se trabaja con estos animales en el día a día de una investigación?

Dentro del Flyroom, las moscas viven dentro de tubos de ensayo. A cada tubo lo rellenamos con un poco de papilla que les preparamos a las moscas con azúcar, harina de maíz y levadura. Para que no escapen, pero tengan oxígeno, sellamos el tubo con un poco de algodón. 

Mientras esperamos a necesitarlos o a que se reproduzcan, los tubos de ensayo con las moscas se colocan en una incubadora. Es otro cuarto que regula la temperatura para que puedan vivir y reproducirse con mayor facilidad.     

Cuando trabajamos con ellas, usamos lupas binoculares para poder analizarlas a mayor tamaño. También tenemos un sistema para anestesiar (dormir) a los adultos —las moscas inician como larvas— porque vuelan y se mueven, así que para observarlos, necesitamos que estén anestesiados y quietos. Luego utilizamos pinceles suaves para manipularlos sin lastimarlos. 

Cuando termina una investigación o ya no se necesita de algún grupo de moscas, las depositamos en una morgue. No las podemos liberar porque son animales transgénicos y no sobreviven en el exterior. Así que la morgue tiene alcohol al 70%, el cual las noquea para que mueran pacíficamente.

En 2013 se reguló el cuidado de varios animales de laboratorio y en el 2023 entró en vigor la Ley de Bienestar Animal. ¿Qué normas y regulaciones protegen a las moscas durante la investigación? 

Las leyes de bienestar animal son muy estrictas en España, ya que se sigue la normativa europea. Sin embargo, las leyes están dirigidas sobre todo a organismos vertebrados o a algún invertebrado en el cual se sabe que puede sentir cierto tipo de dolor. Las moscas no entran dentro de estos grupos. Por lo tanto, no hay en sí una regulación específica.

Moscas de la fruta con mutaciones genéticas en un laboratorio.
Moscas con diferentes mutaciones en sus tubos de ensayo.

Las moscas no son lo que se dice guapas. La mayoría las llamaría una plaga. ¿A usted no le causa desagrado o miedo trabajar con ellas?

La doctora ríe. 

¿Las moscas? ¿No las has visto nunca? Son pequeñitas.

Se las puede confundir con plagas porque hay moscas que afectan a la fruta, pero estas son completamente inofensivas. Es más, yo las veo preciosas. Por ejemplo, tienen muchos colores de ojos: blancos, negros, rojos, naranjas, marrones, y son preciosos. Hasta hay mutantes que no tienen ojos. Algunas tienen alas planas y otras rizadas; algunas tienen alas pequeñitas e incluso hay algunas sin alas. 

Son pequeños animales, valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras y la embriología. Yo las veo preciosas.

Del uranio al radón: el gas radiactivo que podría estar en tu salón

Cáncer de pulmón y gas radón.
El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón. Juandy Dady/Shutterstock

¿Está tu hogar lleno de material radioactivo? El gas radón es un riesgo para la salud que suele pasar desapercibido. Se trata de un gas invisible e inodoro, pero no inofensivo. Este elemento radioactivo es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo tras el tabaquismo y podría estar flotando en tu casa sin que te percates de su presencia.

La pelea contra el cáncer de pulmón se ha centrado en el tabaquismo. Sin embargo, aunque no fumes, es difícil evitar el radón. Este gas radiactivo es considerado la fuente de radiación natural más frecuente a la que los humanos nos exponemos. ¡Supera la exposición al Sol, que es todo un reactor de fisión nuclear! Sin embargo, no todos nos enfrentamos a la misma cantidad de radón.

Los niveles de radón varían por todo el planeta, dependiendo de los minerales presentes en cada región. Hay países con poco, como Islandia, mientras que otros tienen cantidades exorbitantes, como República Checa. Pero, ¿qué hay de España? El mapa de radón español podría hacer creer que no hay demasiado: el Levante, el sur y la mayoría del norte no presentan niveles altos. Sin embargo, Galicia, Extremadura, León y Castilla y partes de Madrid acumulan altas cantidades. Este gas radiactivo puede causar cáncer, pero antes de colarse a tu salón, inicia como uranio en las entrañas de la Tierra.

Mapa potencial del radón por provincia. Es crucial mencionar que la mejor forma de visualizarlo es por municipio.

El uranio no se convierte en radón por arte de magia, sino con un poco de física y química. Todos los elementos de la tabla periódica están compuestos por tres partículas subatómicas: protones, neutrones y electrones. Los dos primeros forman el núcleo atómico y alrededor de este “orbitan” los electrones. Existen núcleos diminutos, como el del hidrógeno, que solo tiene un protón, y núcleos masivos, como el uranio, que cuenta con 234 partículas.

Los núcleos atómicos colosales se vuelven inestables bajo su propio peso. Para estabilizarse, pasan por un proceso natural llamado desintegración nuclear, de la que existen tres formas: alfa, beta y gamma. Centrémonos en la primera. La desintegración alfa es un evento cataclísmico a nivel atómico en el que el núcleo del elemento se parte, formando dos nuevos elementos: helio y otro elemento con un núcleo más pequeño que el original. Durante esta partición nuclear se liberan altas cantidades de energía, lo que conocemos como radiación.

La historia del radón comienza en las profundidades de la corteza terrestre, donde hay grandes cantidades de uranio. Este enorme elemento pasa por la desintegración nuclear para estabilizarse. Cuando se desintegra, forma torio, otro elemento inestable que sufre la misma suerte. Tras desintegrarse, el torio se transforma en radio, que también es inestable. El radio eventualmente también se desintegra y forma radón.

Serie del uranio y formación del radón.
La serie del uranio muestra cómo la desintegración nuclear forma nuevos elementos. Cada vez que un elemento se desintegra, libera radiación.

El uranio, el torio y el radio son metales, pero el radón es un gas. Este gaseoso elemento puede escapar de la corteza terrestre y colarse a nuestro mundo, en la superficie terrestre. En el exterior, el radón se disipa rápidamente por la atmósfera y no representa un peligro. Sin embargo, puede infiltrarse en nuestros hogares y almacenarse ahí.

Nuestras casas están sobre la tierra y desde sus profundidades, como un ratón silencioso que aprovecha cualquier grieta u agujero, el radón puede escabullirse sin que nos percatemos. Si la ventilación no es la adecuada, este inquilino radiactivo se queda por ahí, flotando, y podemos inhalarlo sin notarlo.

Aunque el radón es un gas, en términos atómicos sigue siendo enorme y puede sufrir desintegración nuclear dentro del pulmón. La cantidad masiva de energía (radiación) que libera al transformarse en polonio daña el ADN. Podemos imaginar al ADN como castillo de arena y a la radiación como una ola: cuando la energía impacta con la molécula de la vida, esta se desmorona.

Los daños en el ADN causan mutaciones, cambios en los genes (instrucciones) que contiene. Ciertas mutaciones vuelven inútiles a los genes porque la instrucción que contienen deja de tener sentido. Dos grupos de genes son esenciales para mantener el cáncer a raya: los genes supresores de tumores, que regulan la división celular y evitan que las células se reproduzcan demasiado rápido, y los oncogenes, que inducen la división celular.

Ambos tipos de genes deben estar en equilibrio, como si estuviesen en una balanza, ya que si dejan de funcionar correctamente, las células se dividen sin control. Podemos imaginarlo como una presa: siempre deseamos que tenga agua; si falta, dejamos que pase más; si sobra, cerramos las compuertas para que no llegue más y se desborde. Si no se puede frenar el paso del agua, eventualmente la presa se desborda. Las células se parecen: tienen que multiplicarse, pero si no pueden frenar, forman un tumor.

Efectos de la radiación en el ADN.
La radiación liberada por la desintegración nuclear es capaz de romper el ADN y causar serias mutaciones genéticas. Ormalternative/Shutterstock

Si se vive en una zona alta en radón (puedes consultar tu municipio), es conveniente tomar algunas medidas. En las plantas bajas, casas y sótanos es fundamental sellar bien el suelo y las fisuras con cemento para evitar que el gas se infiltre. La ventilación también ayuda, aunque las ventanas podrían no ser suficientes. A veces, conviene instalar un extractor. Esto se determina midiendo la cantidad de radón en casa.

La última recomendación es sacudir y aspirar porque, al desintegrarse, el radón se transforma en polonio, otro elemento radioactivo, capaz de adherirse al polvo, el cual podemos inhalar. El polonio también se desintegra, volviéndose plomo y liberando altas cantidades de energía que dañan el ADN. El plomo es un elemento que por fin es estable y culmina la cadena de desintegración nuclear que inició el uranio.

Un hachazo no derriba un árbol, al igual que una desintegración nuclear del radón no causa cáncer. Sin embargo, como varios golpes con el hacha tiran un pino, años respirando un gas radiactivo en casa pueden causar serias mutaciones en las células del pulmón, causando cáncer. Por ello, es crucial saber si vives en una zona de alto riesgo. A veces con abrir la ventana y sellar las grietas por casa es suficiente, pero ciertas construcciones requieren de un extractor, pero todo comienza sabiendo que existe un gas rastrero que puede ser un inquilino silencioso, pero no bienvenido.

Referencias utilizadas

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Un estudio de la UCV identifica biomarcadores virales que podrían mejorar el diagnóstico de fibromialgia, fatiga crónica y covid persistente

El Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia detectó patrones moleculares que permiten diferenciar enfermedades con síntomas similares

Karen Giménez Orenga en el laboratorio del del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia. Fuente :: Cedida por la UCV

Un estudio liderado por la investigadora Karen Giménez Orenga, del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia (UCV), apunta a que antiguos virus integrados en el ADN humano, conocidos como retrovirus endógenos humanos (HERV), podrían convertirse en biomarcadores clave para el diagnóstico y seguimiento de enfermedades como el síndrome de fatiga crónica —también conocido como encefalomielitis miálgica—, la fibromialgia y el covid persistente.

La investigación, enmarcada en la tesis doctoral que ha defendido la investigadora, ha incluido el análisis de muestras de sangre de 302 pacientes con diagnóstico clínico definido, distribuidos en cuatro estudios experimentales independientes. Los resultados señalan el potencial de los HERV y de otros elementos virales relacionados como herramientas capaces de distinguir entre patologías que comparten síntomas similares.

Los HERV son secuencias procedentes de antiguos virus que infectaron a nuestros antepasados y quedaron integradas en el ADN, transmitiéndose de generación en generación. Durante décadas se consideraron “ADN basura” porque no codificaban proteínas como los genes clásicos. Sin embargo, hoy se sabe que cumplen funciones reguladoras y pueden influir en la respuesta inmunitaria.

El estudio evidencia que “la activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas en pacientes con encefalomielitis miálgica, fibromialgia y covid persistente”, precisa Giménez Orenga.

Según la investigadora, los resultados “abren la puerta a mirar más allá de los genes codificantes y a explorar otras secuencias del genoma”, aunque insiste en que “se trata de datos preliminares que deberán validarse en cohortes más amplias”.

«La activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas»

Biomarcadores para diferenciar enfermedades similares

Uno de los estudios realizados en el marco de la tesis, centrado en covid-19 y covid persistente, detectó la presencia mantenida de la proteína HERV-W ENV incluso meses después de la infección. Esta persistencia podría estar relacionada con una activación inflamatoria prolongada, cuando el sistema inmunitario no logra regresar a su estado basal, lo que contribuiría a síntomas como la fatiga crónica. Este hallazgo, tal y como apunta la biotecnóloga, sugiere que no todos los pacientes logran recuperar del mismo modo el equilibrio inmunitario tras pasar el virus.

Además, el análisis de marcadores inflamatorios, niveles de citoquinas y otros parámetros clínicos permitió distinguir a nivel molecular la covid persistente del síndrome de fatiga crónica y de la fibromialgia. En la práctica, esto significa que, aunque los pacientes puedan presentar síntomas parecidos, su organismo muestra señales distintas que permiten diferenciarlas.

Otra línea de la investigación permitió clasificar a los pacientes con encefalomielitis miálgica en subgrupos según el grado de activación de los HERV, lo que ayuda a explicar la heterogeneidad de la enfermedad y la distinta severidad de los síntomas. Este enfoque podría facilitar en el futuro estrategias terapéuticas más personalizadas.

En paralelo, el estudio del viroma sanguíneo reveló una mayor presencia del Torque Teno Mini Virus 9 (TTMV9), un virus común que suele utilizarse como indicador del sistema inmunitario. Su aumento en ciertos pacientes sugiere que en algunos casos podría existir una respuesta antiviral debilitada. Esto indica que el organismo podría tener más dificultades para controlar determinados virus y mantener una respuesta inmune eficaz.

Aunque estos hallazgos aún no se traducen en una prueba diagnóstica disponible, sientan las bases para el desarrollo futuro de herramientas clínicas basadas en biomarcadores moleculares.

Colaboración científica y proyección internacional

La investigación ha combinado trabajo de laboratorio con colaboración clínica especializada. La obtención y caracterización de los pacientes se realizó junto al Biobanco para la Investigación Biomédica y en Salud Pública de la Comunidad Valenciana (IBSP-CV) y con profesionales clínicos expertos en encefalomielitis miálgica.

El proyecto ha contado con financiación pública y privada, entre ellas ayudas predoctorales del programa VALi+d de la Generalitat Valenciana y el respaldo de la organización británica ME Research UK, además de fondos autonómicos y universitarios.

Durante este periodo, la investigadora ha realizado estancias en la Universidad de Cagliari (Italia) y en la Universidad de Oxford (Reino Unido), y ha consolidado colaboraciones con equipos internacionales como el del investigador Hervé Perron en GeNeuro.

Karen Giménez Orenga confía en que “aunque la investigación avanza de forma progresiva, el conocimiento sobre estas patologías complejas sigue creciendo y cada hallazgo contribuye a mejorar su comprensión y abordaje clínico”.

José Tena, biólogo marino: “Las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que se encuentra en porcinos o bovinos”

El director del Instituto de Investigación y Ciencia Marina de la Universidad Católica de Valencia y colíder del proyecto COLMED, explica cómo las medusas pueden convertirse en un recurso con potencial biomédico

José Tena en su despacho de la UCV. Fuente :: Guillermo González

Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia también fuera de temporada— grandes concentraciones de medusas llegan a las costas del Mediterráneo. Un fenómeno asociado al desequilibrio de los ecosistemas marinos que afecta tanto al turismo como a la pesca artesanal.

Frente a esta realidad, el proyecto COLMED propone un cambio de enfoque: convertir la captura accidental de medusas en una oportunidad dentro de la biotecnología azul. Tras dos años de trabajo, el equipo del IMEDMAR-UCV y del del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha enviado a revisión el artículo científico en el que demuestran el potencial del colágeno de estas especies para aplicaciones biomédicas.

Cooliderando esta investigación se encuentra José Tena, doctor en Ciencias Biológicas y director del IMEDMAR-UCV, con una amplia trayectoria en el estudio de los ecosistemas marinos. A lo largo de su carrera ha participado en numerosos proyectos de investigación centrados en la calidad ambiental y la biología marina, además de desarrollar una destacada labor docente y divulgativa.

Durante años las medusas han sido vistas como una molestia para la pesca y el turismo. ¿Cómo surge la idea de convertir esa captura accidental en una oportunidad científica?
Quienes trabajamos en biología marina nunca hemos visto a las medusas como una molestia. Es cierto que cuando llegan de forma masiva afectan al turismo y a la pesca, pero el problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación.

A partir de ahí, nos planteamos si aquello que hoy se percibe como un inconveniente podía tener también algún valor. Aunque el 98 % del cuerpo de la medusa es agua, contiene compuestos interesantes y ya existían algunos estudios previos que apuntaban a la calidad de su colágeno.

«El problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación»

El proyecto se ha centrado especialmente en la medusa de barril (Rhizostoma pulmo). ¿Qué características tiene esta especie y por qué resultaba especialmente interesante para el estudio?
Es una especie pelágica, es decir, vive suspendida en el agua del mar Mediterráneo, y puede formar grandes enjambres. En los últimos años estas proliferaciones se han intensificado por la falta de sus depredadores naturales. Precisamente por su abundancia y su impacto en la pesca, son especialmente interesantes como recurso potencial.

Especies de medusas analizadas durante el proyecto. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

El colágeno se ha popularizado mucho en los últimos años, especialmente en cosmética y suplementos. Desde el punto de vista científico, ¿qué es exactamente el colágeno y por qué es una proteína tan relevante en ámbitos como la medicina o la alimentación?
El colágeno es una proteína fundamental en nuestro organismo. Representa más de un tercio de todas las proteínas que tenemos en el cuerpo y es esencial para estructuras como la piel, los tendones o los tejidos musculares.

En medicina se utiliza como material de soporte y en cosmética para reforzar la función de la piel. También puede emplearse en forma hidrolizada, es decir, descompuesto en aminoácidos que el organismo puede utilizar para sintetizar su propio colágeno.

Uno de los resultados más relevantes del proyecto es que el colágeno extraído de la medusa de barril mantiene la estructura característica del colágeno tipo I, el más utilizado en aplicaciones biomédicas. ¿Qué implica este hallazgo desde el punto de vista práctico?
El colágeno tipo I es uno de los más interesantes desde el punto de vista biomédico porque es el que mejor se adapta a muchas aplicaciones en medicina, cosmética o alimentación. Lo relevante es que el colágeno de las medusas presenta esa estructura y, además, con una calidad muy elevada.

De hecho, las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que podemos encontrar en porcinos o bovinos. Esto abre una posibilidad de transformar un problema en un recurso potencial para aplicaciones biomédicas.

¿Cómo se obtiene el colágeno a partir de las medusas y qué partes del organismo resultan más útiles para este proceso?
El proceso es complejo. Se trabaja con el organismo completo, aunque la parte más interesante es la umbrela, donde se concentra la mayor masa corporal. Como está formada gran parte por agua, el primer paso es eliminarla mediante deshidratación. Después, el material se procesa en laboratorio para extraer el colágeno y separarlo de otros compuestos.

A pesar de la calidad del colágeno obtenido, ¿en qué punto real de desarrollo se encuentra el proyecto: estamos cerca de una aplicación industrial o todavía en una fase experimental?
Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción. La alta proporción de agua en el cuerpo de la medusa hace que la cantidad de colágeno que se obtiene sea reducida. Eso implica que, a día de hoy, sería un producto caro. El reto ahora es mejorar los procesos y hacerlos más eficientes para que puedan trasladarse al ámbito industrial.

«Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción»

El proyecto ha trabajado directamente con cofradías del Mediterráneo. ¿Cómo ha sido esa colaboración y qué ha aportado el conocimiento de los pescadores al desarrollo científico?
Ha sido una colaboración muy enriquecedora. A veces se piensa que hay distancia entre científicos y pescadores, pero en realidad compartimos el mismo objetivo de entender y conservar el medio marino. El conocimiento que tienen los pescadores sobre el mar es enorme y ha sido clave para el proyecto. Nos han ayudado a localizar enjambres de medusas, y eso ha permitido avanzar en la investigación y mejorar las técnicas de trabajo. Sin su participación habría sido mucho más difícil obtener resultados.

Capturas accidentales de medusa Rhizostoma pulmo procedentes de pescadores artesanales españoles en el marco del proyecto COLMED. (A) Fragmentos de medusa desgarrados por las redes de pesca; (B) capturas accidentales de medusas recuperadas; y (C) redes de pesca enredadas con medusas. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

Si las medusas pasan de ser un residuo a convertirse en un recurso económico, ¿existe el riesgo de generar un nuevo desequilibrio ecológico en el Mediterráneo?
El equilibrio del ecosistema marino ya está alterado, y precisamente por eso vemos más medusas que hace décadas. Además, su ciclo de vida hace muy difícil que puedan desaparecer por explotación pesquera. Las medusas producen miles de larvas, de las que en condiciones naturales solo sobrevive un pequeño porcentaje. El problema es que ahora, al haber menos depredadores, muchas más llegan a convertirse en medusas adultas, lo que genera esas proliferaciones masivas. Por eso creemos que aprovecharlas como recurso no supondría un riesgo de sobreexplotación.

A la luz de los resultados obtenidos, ¿cree que la valorización de las medusas podría convertirse en una fuente real de ingresos para la pesca artesanal y, al mismo tiempo, marcar una nueva línea estratégica en la gestión de los recursos marinos?
Potencialmente sí, pero a día de hoy todavía no estamos preparados para introducirlo como alternativa real de ingresos. Haría falta desarrollar infraestructuras, sistemas de almacenamiento y toda una red de empresas que trabajen en la extracción y el procesamiento del colágeno. Por otro lado, yo creo que sí, que puede abrir una línea interesante con este proyecto. No obstante, como ocurre en otros ámbitos de la investigación, los avances requieren tiempo, pero apunta a que esta línea puede generar innovación y transferir conocimiento útil a la sociedad.

María Dolores Bargues, Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia: “Sin una coordinación interdisciplinar One Health hubiera sido imposible abordar lo sucedido en la DANA de Valencia”

Apenas diez minutos separaban el laboratorio de la Dra. María Dolores Bargues Castelló de la zona cero de una de las catástrofes climáticas más devastadoras de nuestro país. Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia, subdirectora del Centro Colaborador de la OMS en Fascioliasis y del Centro de Referencia de FAO/Naciones Unidas para Parasitología, la Dra. Bargues lideró una respuesta científica inmediata tras la inundación del 29 de octubre de 2024 en Valencia. 

El trabajo dirigido por Bargues contó con el soporte de los proyectos PROMETEO (Generalitat Valenciana) y CIBERINFEC (CIBER-ISCIII, Ministerio de Sanidad), centrados en la prevención de riesgos epidémicos asociados a la DANA en Valencia. Su equipo cartografió el desastre a través de cuatro cuencas fluviales, identificando una diversidad de virus, bacterias y parásitos ocultos bajo el lodo y el barro, la mayoría eran patógenos para los seres humanos. A juicio de la también ex-presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional, el enfoque One Health es la única vía para afrontar y gestionar los riesgos de un futuro marcado por la emergencia climática. 

Dra. María Dolores Bargues Castelló. Imagen cedida por la entrevistada

Ha trabajado en varios proyectos tanto internacionales como nacionales de gran envergadura. ¿Cómo se siente cuando el objeto de estudio ocurre solo a 10 minutos de su puesto de trabajo?

Fue una sensación de «tengo que hacer algo». Ante eventos catastróficos así, los agentes infecciosos circulan libremente por el medio ambiente y no tardamos ni tres días en reaccionar. Nos lanzamos a la calle con lo que teníamos; contábamos con más medios humanos que materiales, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que pudimos realizar.

Al final de la investigación se indica que el estudio está dedicado a los habitantes de Valencia y a los voluntarios. ¿Cómo vivió el equipo esa solidaridad mientras se realizaba el muestreo?

La palabra es sobrecogedor. En el terreno, es decir en la zona afectada, toda la gente se volcó en ayudarnos, incluso en sitios donde el acceso estaba prohibido por el peligro persistente. Hasta los mismos bomberos nos ayudaron a tomar muestras en parkings totalmente inundados. Fue una colaboración imprescindible y gratamente satisfactoria. Y desde el punto de vista científico, contamos desde el primer momento, con la colaboración del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, de la Universidad de La Laguna, liderado por el Dr. Jacob Lorenzo-Morales y del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, a través del grupo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, dirigido por la Dra. Consuelo Borrás.

En el artículo se aborda el enfoque One Health como la única vía capaz de abordar de manera integral las consecuencias de desastres climáticos complejos. ¿Cómo ayuda este concepto a entender lo que pasó en Valencia el 29 de octubre?

Lo que pasó en Valencia tuvo consecuencias inmensurables que debían abordarse de forma multidisciplinar.  El enfoque One Health integra la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. No solo analizamos agentes infecciosos, sino también las prácticas y conocimientos de la población, los animales que actúan como reservorios y la heterogeneidad del entorno. Sin una coordinación interdisciplinar hubiera sido imposible gestionar lo sucedido en Valencia. Gracias a este enfoque se ha podido definir un marco estratégico para poder mitigar y gestionar los eventos catastróficos, que van a ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático.


«Nos tiramos a la calle con lo que teníamos: más medios humanos que materiales»


El estudio divide la zona afectada en cuatro cuencas. ¿Por qué fue tan importante cartografiar con detalle el territorio?

La zona afectada era tan inmensa que lo primero que hicimos fue evaluar las trayectorias del flujo hídrico para entender cómo se desplazaban los riesgos. Cartografiamos cuatro cuencas principales: el afluente del río Gabriel y río Júcar, el río Magro, la Rambla del Poyo y el río Turia. A su vez, cada una de estas cuatro cuencas fluviales o de ramblas comprende cuatro subzonas inundadas con características diferenciadas según la altitud decreciente que seguía el flujo del agua (desde el interior hasta el mar): desde las áreas silvestres y montañosas, pasando por las llanuras agrícolas y áreas urbanas, hasta llegar a la zona del lago de la Albufera. Es importante cartografiar con detalle el territorio porque no se puede explicar lo que encuentras en las zonas de baja altitud sin saber qué había en las zonas altas del interior ya que hubo un desplazamiento hídrico masivo.

¿Qué tipo de muestras recogieron durante las primeras semanas tras la riada? ¿Y qué les sorprendió más al analizarlas?

Durante las tres primeras semanas recogimos más de 111 muestras medioambientales, como muestras de agua, barro – lodo y polvo en condiciones de gran dificultad.  Lo que más me impactó fue la inmensa diversidad de agentes patógenos identificados: una treintena de microorganismos entre virus, bacterias, protozoos y amebas de vida libre, así como vectores de enfermedades como mosquitos, flebótomos y caracoles dulceacuícolas. Además de que la gran mayoría eran patógenos humanos y las muestras evidenciaban una fuerte contaminación fecal, tanto de origen humano como animal, lo que explica la alta incidencia de cuadros de gastroenteritis y diarreas en la población.

En el estudio mencionan que la presencia de los microorganismos también tiene un origen animal. ¿Cómo influye en el riesgo sanitario la muerte de casi 3000 animales?

La muerte de estos animales liberó al entorno numerosos patógenos que pueden transmitirse entre animales y humanos (zoonosis), contaminando el agua y, sobre todo, el lodo, lo que aumentó el riesgo de infección por contacto directo. El lodo resulta más peligroso que el agua porque actúa como un medio donde los patógenos se depositan y se concentran. Por este motivo cuando se da una catástrofe por inundación, la principal vía de transmisión es la contaminación fecal por contacto directo. Es esencial el uso de mascarillas y guantes, el lavado exhaustivo de cualquier alimento o bebida que vayamos a ingerir y la protección de pequeñas heridas en la piel para reducir el riesgo de infecciones. 

 Contaminación de aparcamientos subterráneos y alcantarillas.
Fuente: Mas-Coma et al., 2025 DOI: 10.1016/j.onehlt.2025.101093

El estudio indica que el 60% de los fallecidos fueron ancianos, principalmente por factores físicos como vivir en plantas bajas o su menor movilidad ante el agua. Ustedes introducen el concepto de ‘inflammaging’ para analizar una amenaza distinta: la que aparece durante la limpieza y las hospitalizaciones posteriores. ¿Por qué este estado de ‘inflamación crónica’ hace que un patógeno del lodo, que quizá solo daría una diarrea leve a un joven, se convierta en una amenaza vital para una persona mayor?

El envejecimiento conlleva un fenómeno llamado «inmunosenescencia», que es el proceso de envejecimiento del sistema inmunitario. A medida que una persona envejece, sus defensas se vuelven menos eficaces y más desreguladas. Este proceso implica también una mayor inflamación crónica. Por eso, un patógeno del lodo que solo causaría una molestia leve en un joven puede ser más patógeno para una persona mayor por su menor capacidad para combatir las infecciones. Además, los ancianos fueron el grupo más vulnerable no solo biológicamente, sino también económica y psicológicamente, ya que la mayoría residían en plantas bajas de las calles céntricas de las poblaciones inundadas, donde los destrozos y las pérdidas fueron mayores. 


«Solo si ciencia, salud y política actúan de forma coordinada, las sociedades podrán afrontar el cambio climático»


El estudio habla de la necesidad de crear una “línea base extrapolable”. ¿Cómo puede este trabajo ayudar a gestionar futuras catástrofes climáticas, que cada vez son más frecuentes?

Las inundaciones representan el 40% de los desastres naturales y son responsables de un elevado número de víctimas. Con este trabajo hemos definido una línea de base que cualquier país puede extrapolar: un modelo que enseña cómo coordinar ciencia y política, y cómo monitorizar los agentes patógenos antes, durante y después de la crisis. Lo ocurrido en Valencia nos ha mostrado las deficiencias y ahora tenemos un modelo de referencia sobre cómo actuar para salvar vidas en catástrofes futuras similares. Además, fue vital que el conocimiento sobre estos agentes infecciosos llegara de inmediato a los hospitales y centros de salud para poder aplicar cuanto antes las medidas preventivas. Publicar el artículo de forma temprana en una revista científica de Open Access fue la mejor manera de compartir los resultados para su consulta y aplicación.

En las conclusiones menciona la necesidad de elegir gestores con “talento y habilidades verificadas”. ¿Qué considera que falló en la cadena de mando a la hora de la gestión de la gota fría? 

Lo más importante que podemos destacar de nuestra experiencia es que es necesaria una respuesta rápida, y coordinada.Sobre todo, liderada por especialistas. Solo si la ciencia, salud y política actúan de forma coordinada y adaptable, la sociedad podrá afrontar eficazmente los retos globales como el cambio climático o las emergencias sanitarias. Necesitamos fortalecer los sistemas de alerta temprana, incorporar la vigilancia ambiental pre y post- desastre, diseñar infraestructuras resilientes y apostar decididamente por la cooperación interdisciplinar bajo el marco de One Health. De aquí se desprenden múltiples lecciones que deben ser asimiladas tanto por los profesionales de las disciplinas implicadas como por los responsables políticos y de gestión gubernamental.

Ecoansiedad: ¿Por qué el clima nos quita el sueño?

¿Has sentido alguna vez una sensación de angustia al leer sobre el deshielo de los polos o los incendios forestales que cada vez son más frecuentes? No estás solo. El simple hecho de hacer “scrolling” en tu teléfono móvil cada mañana y leer noticias sobre sequías, inundaciones o incendios forestales se ha convertido, para muchos, en un ejercicio de ansiedad.

De hecho, este malestar no es un fenómeno aislado: un estudio internacional publicado en The Lancet Planetary Health señala que casi el 60% de los jóvenes en todo el mundo se sienten muy o extremadamente preocupados por el cambio climático. Esto refleja como en los últimos años el cambio climático ha dejado de ser únicamente una crisis ambiental para convertirse en un desafío de salud pública. Este malestar definido por una mezcla de impotencia y tristeza tiene un nombre técnico: ecoansiedad

¿Qué es exactamente la ecoansiedad?

La ecoansiedad no es solo un tema de moda en internet o una enfermedad mental. Según explica la investigadora María Pastor Valero, de la Universidad Miguel Hernández (UMH), es una “respuesta emocional lógica y muy normal ante un problema que es real” .

Mientras que la ansiedad clínica a menudo carece de una causa clara, impide el funcionamiento diario y/o necesita un tratamiento médico, la ecoansiedad nace de una amenaza objetiva como es la crisis climática. Se manifiesta a través de sentimientos de tristeza profunda, pensamientos rumiantes sobre el futuro del planeta, desesperación e incluso sentimientos de negación. Solo se convierte en cuadros clínicos como depresión o estrés postraumático si estos sentimientos se vuelven crónicos o muy intensos.

Brisbane - Alan" por School Strike / Flickr / Licencia Creative Commons CC BY 2.0
«Brisbane – Alan» por School Strike / Licencia Creative Commons BY 2.0)

¿Cómo se mide un miedo global?

Para estudiar este fenómeno, la ciencia utiliza herramientas validadas internacionalmente. Una de las más destacadas es la escala Hogg, diseñada originalmente en 2021 para jóvenes en Australia y hoy es utilizada en diversos países.

Este instrumento consta de 13 ítems que evalúa la experiencia y las sensaciones sobre el clima de las personas en las últimas dos semanas.  A través de diferentes preguntas como «¿has tenido pensamientos repetitivos sobre el futuro del planeta?» o «¿has sentido angustia o ansiedad cuando piensas en el cambio climático?», se asigna una puntuación de 0 (nunca) a 3 (casi todos los días), sumando un total de 39 puntos. Esta puntuación permite a los epidemiólogos identificar qué grupos de población están sufriendo más.

¿La ecoansiedad nos afecta a todos por igual?

Uno de los hallazgos más reveladores de las investigaciones sobre la ecoansiedad es que no nos afecta a todos por igual ya que existe una brecha de desigualdad. Un estudio cualitativo realizado en Brasil revela que en lugares como las favelas de Sao Paulo (Brasil) los jóvenes viven el cambio climático como una amenaza directa; el medio a perder su casa por una inundación. En cambio, en jóvenes universitarios con un nivel socioeconómico alto, la ecoansiedad suele ser más “intelectualizada” generada por el flujo constante de información catastrófica en redes sociales. Por lo que la ecoansiedad es un espejo de la desigualdad social, ya que muestra una clara injusticia medioambiental asociada a la pobreza.

También se ha comprobado que la ecoansiedad golpea más fuerte a las mujeres jóvenes debido a una mayor conciencia social y preocupación por el futuro y a una mayor carga de responsabilidad en los hogares.

¿Cómo podemos gestionar este malestar?

La clave está en la comunicación y la acción colectiva. Mensajes alarmistas en los medios de comunicación o que buscan culpabilizar al individuo solo aumentan la angustia y el malestar en la población. En cambio, la comunicación debe incluir mensajes esperanzadores y contar historias de éxito local.

Proyectos de cooperación internacional, como el proyecto CLINE (Generation Climate Crisis), propone combatir la angustia mediante la creación de laboratorios ciudadanos. Se ha comprobado que cuando las personas se asocian con otras de la comunidad para realizar acciones proambientales, el nivel de ecoansiedad se neutraliza. Esto funcionan como una terapia en el que los niveles de angustia disminuyen.

Sentirte abrumado por las noticias del clima de hoy en día es una respuesta lógica y normal, pero, sobre todo, es importante entender que el conocimiento y la acción comunitaria son las herramientas definitivas para reducir las desigualdades sociales. Es posible que quizás este gran desafío nos obligue a conectarnos y dejar el aislamiento atrás para proteger no solo nuestro planeta, si no también nuestra salud mental.

Els rius secs emeten carboni: un estudi revela que poden generar quasi la meitat de les emissions totals

L’equip de la científica ambiental valenciana Alba Camacho Santamans demostra que les zones seques dels rius tenen un paper clau en el canvi climàtic, un factor ignorat fins ara.

Científics de l’Institut de Recerca de l’Aigua de la Universitat de Barcelona han dut a terme un estudi que demostra que les zones seques dels rius poden generar una part important de les emissions de carboni (C) cap a l’atmosfera, fins al punt de representar quasi la meitat (46%) del total en determinats casos. Fins ara, la major part de les investigacions s’havien centrat en rius amb aigua, ja que s’havia assumit que les emissions es produïen en aquestes àrees. La investigació, realitzada en un riu del nord-est de la Península Ibèrica, aporta una nova perspectiva sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el sistema climàtic. 

El passat 22 de març va ser el Dia Mundial de l’Aigua i, en aquesta data tan assenyalda, es destaca la importància d’aquest element de la natura el qual es veu afectat de ple pel canvi climàtic. Les sequeres prolongades i la contaminació d’aigües en són algunes de les conseqüències. De fet, els períodes secs estan en augment (IPCC, 2021). Dels més de 162.000 km2 de cursos d’aigua que abans eren permanents, ara són estacionals (intermitents) o directament ja no contenen aigua. Aquest context resalta encara més la importància de l’estudi liderat per Camacho, el qual subratlla com els ecosistemes fluvials són essencials per a entendre l’impacte del canvi climàtic. La investigació realitzada en un riu del nord-est de la Península Ibèrica aporta una nova perspectiva sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el sistema climàtic.

Les emissions de carboni, principalment en forma de diòxid de carboni (CO2) i metà (CH4), formen part del cicle natural del carboni, però, en excés, contribueixen a l’escalfament global. Quan el riu porta aigua, el carboni dissolt es transporta i pot ser alliberat a l’atmosfera. En canvi, quan el riu s’asseca, els sediments continuen alliberant C gràcies a l’activitat microbiana (principalment en forma de CO2). A més a més, s’han identificat moment d’emissions intenses, com quan l’aigua torna després d’un temps de sequera (rehumectació). En aquestes situacions, l’activitat biològica que hi és present s’hi reactiva i genera pics d’emissions o “hot moments”.

En el context actual de crisi climàtica, aquestes dinàmiques són especialment rellevants. L’augment de temperatura i la reducció de precipitacions estan fent que els rius mediterranis s’assequen amb més freqüència i durant més temps. Com apunta la mateixa Camacho-Santamans, “els rius intermitents ja s’assecaven naturalment durant l’època estival, però a causa de les alteracions antròpiques i del canvi climàtic s’assequen cada vegada més”. Les dades publicades en informes i estudis científics, també informen que aquest escenari serà cada vegada més habitual (IPCC, 2021), fet que implica que una part de les emissions de C podria estar sent subestimada si no es tenen en compte aquests espais.

Imatge de membres de l’equip d’investigació treballant a la riera de Fuirosos (Parc del Montnegre i el Corredor), ecosistema fluvial on s’ha fet l’estudi. Font: Alba Camacho Santamans

Les conclusions de la investigació suposen un canvi de paradigma en l’estudi dels ecosistemes fluvials. Segón el treball, no es poden entendre les emissions de C dels rius sense considerar conjuntament les zones amb aigua i les zones seques, ni sense tindre en compte la seua variabilitat temporal. Açò és especialment rellevant en rius intermitents, ja que representen una gran part de la xarxa fluvial global, explica l’article.

Actualment, l’equip investigador continua treballant amb l’objectiu d’ampliar aquestes observacions i comprendre com varien les emissions en diferents contextos. El seu propòsit és desenvolupar un model matemàtic que permeta extrapolar aquests resultats i estimacions d’emissions de C a tots els rius mediterranis. Comptat i debatut, es millorarà la predicció sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el canvi climàtic.

Caridad Zazo, geóloga. “Preservar el patrimonio geológico y descifrar el pasado climático ayuda a contextualizar y entender el futuro de la Tierra”

La geóloga española Caridad Zazo, referente internacional en el estudio del Cuaternario, ha dedicado su carrera a investigar los cambios del nivel del mar y la evolución del paisaje costero. En un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, sus estudios permiten contextualizar los procesos climáticos actuales desde una perspectiva geológica.

Caridad Zazo en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Las rocas, testigos silenciosos del tiempo, guardan la memoria de la Tierra. Pero no basta con observarlas: para interpretar sus mensajes es necesario conocer su lenguaje. A esa tarea se ha dedicado durante décadas Caridad Zazo Cardeña, investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y expresidenta del Comité Español de la Unión Internacional para la Investigación del Cuaternario (INQUA, por sus siglas en inglés).

Caridad Zazo es una figura clave en la geología española y una de las especialistas más reconocidas en los cambios climáticos y tectónicos del Cuaternario, el periodo geológico más reciente. Sus investigaciones han sido fundamentales para comprender cómo el nivel del mar ha fluctuado a lo largo de miles de años y cómo esa información puede ayudar a proyectar escenarios futuros en plena crisis climática.

¿Cómo comenzó su vocación científica?

Mi vocación geológica se orientó desde el inicio hacia la geodinámica externa, rama que estudia los procesos que modelan el paisaje terrestre. Tras licenciarme, trabajé en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), elaborando mapas geológicos en distintas regiones, como la Comunidad Valenciana.

Uno de los momentos clave de mi formación fue el impulso del paleontólogo Emiliano Aguirre, quien fomentó el trabajo en equipo como eje fundamental del avance científico. Ese enfoque colaborativo marcó profundamente mi carrera.

Me incorporé como docente en la Universidad Complutense de Madrid, y más adelante al Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde fui ascendiendo niveles desde colaboradora a profesora de investigación. También fui presidenta del Comité Español de INQUA, lo que me permitió participar en proyectos con la UNESCO y colaborar en grupos internacionales sobre tectónica e hidrología.

¿A qué temas ha dedicado su labor investigadora?

Me especialicé en los cambios del nivel del mar durante el Cuaternario. Todo surgió a raíz de un trabajo de investigación que realicé en Almería, una región clave para el estudio paleoclimático por la presencia del fósil Strombus bubonius, fósil guía que indica la presencia de climas cálidos y niveles marinos elevados.

En los estudios hemos identificado terrazas marinas y antiguas líneas de costa que registran con precisión los efectos combinados de las oscilaciones climáticas y la actividad tectónica en los últimos 400.000 años. Estas estructuras geológicas permiten reconstruir episodios de aumento del nivel del mar y climas interglaciares más cálidos que el actual.

«Las terrazas marinas son registros muy valiosos que evidencian las fluctuaciones climáticas y tectónicas del Cuaternario. Nos ofrecen claves para entender el impacto del cambio climático en el pasado y cómo puede influir en nuestro presente.»

Técnicas como el Carbono 14 y colaborar con científicos internacionales nos han permitido datar estas formaciones con gran precisión, aportando datos esenciales para entender los ritmos y las causas de los cambios climáticos a escala geológica.

¿Podría explicar con más detalle qué son las terrazas marinas?

Las terrazas marinas son formaciones geológicas costeras, resultantes del proceso erosivo generado por antiguos niveles del mar, que se preservan como plataformas escalonadas paralelas al litoral actual.

Se encuentran expuestas en la superficie debido al descenso del nivel del mar o a levantamientos tectónicos, pero también pueden encontrarse de forma sumergida, formadas en periodos pasados cuando el nivel del mar era más bajo que el actual y que posteriormente quedaron sumergidas por el ascenso del nivel del mar o el hundimiento de la corteza terrestre.

En el contexto interglaciar del Estadio Isotópico Marino 5 (MIS5) el nivel del mar se elevó por encima del actual generando estos depósitos litorales que hoy se observan en la costa.

Por ejemplo, entre otros muchos lugares, en la provincia de Alicante podemos encontrar terrazas marinas como evidencias geológicas del piso tirreniense, edad cálida datada por fósiles guía como Strombus bubonius, propios de zonas tropicales.

Estos registros, presentes en lugares como Cabo Huertas o Cabo Cervera, en Alicante, constituyen valiosos archivos geológicos y su conservación es clave para estudiar los cambios en el clima.

A) Terraza Marina de Cabo Huertas, Alicante. B) Ejemplar de fósil Strombus bubonius

¿Por qué es importante mirar al pasado para comprender los cambios en el clima futuro?

Estudiar el pasado geológico reciente es muy importante porque ayuda a contextualizar el cambio climático actual. El registro geológico muestra y evidencia que la Tierra ha atravesado ciclos climáticos naturales a lo largo de su historia, influenciados por factores astronómicos y geológicos. Sin embargo, en ese contexto el calentamiento global actual se está produciendo a un ritmo inusualmente acelerado, con un claro componente antropogénico.

«Estamos en un periodo interglaciar prolongado y el nivel del mar está subiendo. La temperatura seguirá aumentando y la actividad humana tiene un impacto significativo en ello.»

Aunque es una tarea extremadamente complicada y los modelos son cada vez más complejos, conocer del pasado es clave para entender el presente y proyectar escenarios futuros.

¿Cuál es su postura sobre el concepto Antropoceno y cuáles cree que son los principales desafíos que enfrenta la geología para estudiar el cambio climático actual?

Respecto al concepto Antropoceno el debate científico sigue abierto. Algunos compañeros investigadores consideran que existen suficientes evidencias de una nueva época geológica marcada por el impacto humano, sin embargo, otros mantienen una postura más prudente. En cualquier caso, el término puede ser útil en el ámbito divulgativo para sensibilizar a la sociedad sobre la magnitud del cambio ambiental actual.

«Aunque a nivel de dataciones científicas el debate continúa abierto, a nivel divulgativo el Antropoceno puede ayudar a concienciar sobre la magnitud del impacto humano en la Tierra.»

Respecto a los grandes desafíos de la geología contemporánea, es tan necesario como complejo diferenciar con precisión qué parte del cambio climático es natural y cuál corresponde a la acción humana. También es urgente y más concreto ampliar los centros y laboratorios dedicados a técnicas de datación isotópica, esenciales para afinar los estudios climáticos del pasado reciente.

Para finalizar, ¿qué valores cree que son esenciales para formarse como geólogo/a en el contexto actual?

El trabajo colectivo es muy importante para el futuro de la geología y para los futuros geólogos y geólogas. La cooperación entre especialistas, la formación de equipos multidisciplinares y el intercambio de conocimientos son imprescindibles para entender el funcionamiento del planeta en la actualidad.

«La colaboración y el intercambio de conocimientos hacen avanzar la ciencia. Es fundamental formar parte de la comunidad científica y mantenerse en constante aprendizaje.»

Además, conocer y proteger el patrimonio geológico, como es el caso de las terrazas marinas amenazadas por la presión antrópica de la urbanización costera, no solo es una cuestión de conservación, es también una herramienta fundamental para comprender mejor los procesos del futuro de la Tierra.

Un estudio de la Universidad Miguel Hernández advierte de que la presencia destacada de la palabra “proteína” en el envase de los alimentos puede inducir a error sobre la salud global de los mismos.

En un contexto de creciente interés por la alimentación saludable y la reducción del consumo de productos ultraprocesados, el estudio de la UMH, publicado en la revista Nutrients, ha analizado la relación entre el etiquetado con la presencia de la palabra “proteína” y el perfil nutricional real de los alimentos disponibles en el mercado español. La investigación muestra que más del 90 % de los productos que incluyen esta declaración no cumplen con los criterios de salud establecidos por el modelo de perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El estudio pone en relieve la importancia de examinar no solo la cantidad de proteína en un producto, sino también su calidad y el conjunto de nutrientes que lo acompañan. Estos productos han ganado popularidad en los últimos años, en parte por su asociación con un estilo de vida saludable, sin embargo, los investigadores recomiendan a los consumidores revisar con detenimiento el etiquetado nutricional completo y la lista de ingredientes antes de decidir comprarlos.

Según datos de Innova Market Insights, entre 2017 y 2022, el lanzamiento de productos con alegaciones sobre su contenido proteico creció un 26 % anual en Europa. Aunque este tipo de productos solía estar dirigido a un público vinculado a la actividad deportiva, actualmente su consumo se ha generalizado. La mayoría de la población en países occidentales ya cubre adecuadamente sus necesidades proteicas, por lo que el crecimiento en la demanda parece responder más a percepciones positivas asociadas a la proteína que a necesidades nutricionales reales.

Tras el análisis de 4.325 productos procesados disponibles en el mercado español, se identificaron 561 con reclamos relacionados con las proteínas. De ellos, el 90,8 % no superaba los estándares nutricionales definidos por la OPS. Entre los hallazgos más destacados, un 53,7 % de estos productos presentaba un contenido elevado en sodio, nutriente vinculado a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, y un 20 % contenía edulcorantes, tanto intensivos como polialcoholes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desaconsejado su uso para el control de peso y, además, su uso prolongado podría aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad. Por su parte, la OPS recomienda evitar cualquier tipo de edulcorante, ya que el consumo habitual de alimentos de sabor dulce puede reforzar la preferencia por este tipo de productos, algo especialmente preocupante en la infancia. Asimismo, muchos de estos productos estaban enriquecidos con proteínas de origen y calidad variable, como el gluten, en lugar de fuentes completas como el huevo o la carne.

Imagen representativa del etiquetado. Fuente: Ana Belén Ropero Lara, Universidad Miguel Hernández

Las categorías con más reclamos sobre las proteínas y peores indicadores nutricionales fueron las barritas, bebidas vegetales y sustitutos cárnicos, que suelen promocionarse como opciones saludables en campañas publicitarias. Términos como “alto en proteína» pueden actuar como indicadores simplificados de salud en la percepción del consumidor, desplazando la atención de otros aspectos relevantes del producto. En la práctica, muchos consumidores no consultan la tabla nutricional detallada, guiándose principalmente por las declaraciones del etiquetado, lo cual puede generar una percepción errónea sobre la calidad global del alimento.

Según señala el estudio el problema no reside en la proteína en sí, sino en el contexto nutricional del producto en su conjunto. Alimentos como las legumbres o el pescado aportan proteínas en combinación con otros nutrientes beneficiosos, como fibra, vitaminas o grasas saludables. En cambio, un alimento procesado puede tener proteína, pero también una elevada carga de azúcares, grasas, grasas saturadas, sodio o edulcorantes.

Los autores destacan que los productos con alto contenido en proteína pueden tener utilidad en contextos específicos, como en personas con necesidades proteicas aumentadas, pero advierten de que no deben considerarse automáticamente como saludables solo por el etiquetado. Para una alimentación equilibrada, sugieren priorizar el consumo de alimentos frescos y mínimamente procesados, y fomentar una lectura crítica.

El estudio refuerza las recomendaciones del proyecto BADALI (BAse de Datos de ALImentos), que aboga por una mayor transparencia en el etiquetado nutricional y una educación alimentaria que permita al consumidor tomar decisiones informadas, especialmente en un entorno donde las declaraciones de salud en el etiquetado pueden tener un peso desproporcionado frente a la calidad nutricional total del producto.

Un estudio del Instituto de Investigación Santiago Gregorio Marañón analiza cómo la experiencia de parto y postparto cambia el cerebro de la mujer influyendo en su salud

El grupo de investigación Neuromaternal revela una asociación entre una experiencia de parto más difícil con un aumento en niveles de depresión, afectando al vínculo con el bebé y la resiliencia psicológica. Este estudio subraya la importancia de abordar la salud mental en el periodo perinatal.

PxHere. (s.f.). [Imagen de una mujer embarazada con ecografía en blanco y negro].Licencia: Creative Commons CC0.

El reciente estudio que se publicó en Sciencie Advance en marzo del 2025 titulado «Vinculando la experiencia del parto y los síntomas de depresión perinatal con cambios neuroanatómicos en el hipocampo y la amígdala», examina cómo el parto y los síntomas de depresión durante el período perinatal pueden estar relacionados con cambios en dos áreas clave del cerebro: el hipocampo y la amígdala. Estructuras responsables de procesos como la memoria y la emoción. 

Un estudio publicado anteriormente en Medicina Clínica determinó que la prevalencia de depresión posparto en madres españolas es del 10,15%, con un 3,6% correspondiente a depresión mayor y un 6,5% a depresión menor. Con la idea de profundizar en este estudio de base, el equipo de Neuromaternal detectó que un aumento en los síntomas depresivos durante el período perinatal se correlacionó positivamente con cambios en la amígdala derecha. Esto sugiere que las mujeres que experimentan más síntomas de depresión pueden presentar modificaciones específicas en esta región del cerebro.​ 

En cuanto a la experiencia de parto, una percepción de parto más desafiante se asoció con incrementos bilaterales en el volumen del hipocampo (el hipocampo es una estructura cerebral conocida por tener forma de caballito de mar, cuya función principal es la memoria). Estos incrementos implican que las dificultades durante el parto podrían estar relacionadas con cambios estructurales en el hipocampo acompañado de un aumento de trastorno de estrés postraumático. 

El estudio se realizó con 88 mujeres que iban a ser madres por primera vez. Se les evaluó al final del embarazo y poco después del parto. En cada sesión, realizaron resonancias magnéticas de alta resolución para medir el tamaño del hipocampo, la amígdala y subestructuras. También completaron cuestionarios sobre su experiencia en el parto y síntomas de depresión antes y después de dar a luz. Además, se incluyeron a 30 mujeres que no habían estado embarazadas como grupo de comparación.

Se observó que el tipo de parto; vaginal, cesáreas programadas o cesáreas de urgencia, influyen en los resultados, pero no de forma significativa. En cuanto a la salud mental, sí se revela una asociación entre una experiencia de parto más difícil con un aumento en niveles de depresión y a su vez un aumento en el volumen del hipocampo y la amígdala derecha. 

Esta investigación arroja luz sobre datos que no se habían estudiado hasta ahora y es muy importante, ya que la depresión es una enfermedad que, aunque debilitante para quienes la padecen, no presenta síntomas físicos evidentes. Esta falta de manifestaciones externas lleva a una incomprensión por parte de la sociedad, los familiares e incluso de las mismas personas que la sufren. Esto puede generar percepciones erróneas sobre sí mismas, haciéndoles creer que se trata de un problema de actitud, voluntad o falta de fortaleza. Además, suele conllevar al aislamiento social.

Según la doctora Carmona, “el embarazo es un período de neuroplasticidad único en la vida adulta, similar a la adolescencia, que conlleva cambios significativos en la anatomía cerebral de la mujer. Estos cambios pueden interpretarse como adaptaciones a los desafíos del parto y la maternidad, pero también podrían indicar vulnerabilidades a trastornos como la depresión posparto”. Estos hallazgos destacan la importancia de comprender los efectos del parto en el cerebro y la salud mental de las madres. La investigación podría contribuir al desarrollo de estrategias para prevenir y tratar la depresión perinatal, mejorando el bienestar de las madres y sus familias.