El maravilloso mundo de lo pequeño


La mecánica cuántica ha sido una de las áreas de la física más difíciles de entender y de la que los científicos aún desconocen mucho. A lo largo de los años, se han ido descubriendo cada vez más aspectos sobre su funcionamiento y sus principios. Sin embargo, a medida que la teoría se desarrollaba, surgieron debates largos entre científicos debido a su enorme complejidad. Por ejemplo, a muchos les molestaba que se alejara de lo que ya conocíamos, como por ejemplo, que algo fuera más rápido que la velocidad de la luz.

Ilustración de Ivania Maturana


El año 2025, se celebró el Año de la Mecánica Cuántica y a través de este artículo he querido explicar un poco de esta fascinante rama de la física junto con uno de sus fenómenos más increíbles: el entrelazamiento cuántico


Hace unos meses me enteré que estaba embarazada. El proceso de la fecundación es tan complejo como ciertas problemáticas existentes en la física. Dentro de toda esta complejidad y de muchos pasos que aún no se conocen sobre el proceso de la vida, la tecnología ha ayudado a conocer algunas cosas y a partir de la semana 8 de embarazo, se puede saber si el bebé en formación será de sexo femenino o masculino.


Durante estas semanas de incertidumbre, yo no sabía cómo llamar al embrión que estaba dentro de mi. Le atribuía muchas veces al género masculino y otras al femenino a pesar de que en el momento de la fecundación, su sexo cromosómico ya estaba definido. Eso me recordó mucho a lo que sucede con el principio de superposición en la mecánica cuántica, ya que una partícula no es sólo un estado cuántico, sino que es muchos a la vez. En el momento en que la partícula es observada, colapsa en uno de estos estados y los demás se eliminan. De ese modo, el estado de la partícula deja de ser parte de la incertidumbre y obtenemos información, del mismo que yo al obtuve al llegar el resultado del test que me decía el sexo de mi bebé. El colapso de la partícula a ese estado en cada medición, es completamente probabilístico.


Mi pequeño embrión, aunque a la semana 8 era muy pequeño, no cumplía con las características diminutas necesarias para ser considerado un objeto cuántico, y es por eso que la incertidumbre de su sexo solamente sirve para hacer un ejemplo de algo tan complejo como son los estados cuánticos. El límite entre el mundo macroscópico y el mundo microscópico que es donde rigen las leyes de la mecánica cuántica, esta definido por la constante de Planck. Sin embargo un límite cuántico como tal, no está establecido y se debe evaluar según ciertas propiedades y comportamiento, si algo es cuántico o no. Más que un número fijo, se trata de una transición. 


El principio de superposición nos dice que una partícula tiene varios estados a la vez. Entendamos como estado una forma de describir las propiedades de una partícula. A modo de ejemplo, pensaremos en la característica cuántica fundamental conocida cómo espín, que puede tener diferentes valores. En este caso, definiremos que partícula A, tiene espín -1/2 y 1/2, lo que quiere decir que apunta hacia abajo o arriba. Antes de ser observada y con esto me refiero a detectada, la partícula se encuentra en todos sus estados de espín simultáneamente. Es decir, apunta hacia abajo y hacia arriba al mismo tiempo. Esta propiedad ayuda a entender por qué no es posible definir de forma exacta la posición de un electrón orbitando en el átomo. Por ello, se describe mediante nubes que rodean el núcleo, donde cualquier punto dentro de ellas representa una posición posible. 


Aunque el principio de superposición ya resulta complejo, existe un fenómeno más controvertido del cual Albert Einstein dudó profundamente: el entrelazamiento cuántico. 


A lo largo de mi embarazo, descubrí que la prueba para conocer el sexo del bebé es posible porque el ADN del embrión circula en la sangre materna. Es por eso que una simple analítica me podía dar tanta información sobre un nuevo ser en formación. Es como si mi sangre con la suya se entrelazaran y la medicina actual fuera capaz de distinguir una de la otra para obtener información de esa pequeña persona que crece en mi vientre. 


Con el entrelazamiento cuántico sucede algo similar, aunque, como todo en el mundo microscópico, es mucho más complejo. Dos partículas pueden estar entrelazadas, es decir que se intercambian información entre ellas. Dependiendo de su grado de entrelazamiento, se puede o no se pueden separar. 

Ilustración del libro Huellas en el universo de Ivania Maturana.


Uno de los aspectos más sorprendentes es que, si dos partículas entrelazadas se separan, es posible obtener información sobre una midiendo la otra, incluso sin observarla directamente. Es más, uno de los experimentos más famosos fue de fotones entrelazados. Ambas partículas, llamémoslas Alice y Bob, viajaron por caminos distintos: Alice pasó a través de diferentes objetos de los que obtuvo información, mientras que Bob siguió directamente su camino hacia un detector. Después de interactuar con los objetos, Alice fue destruída sin ser detectada, mientras que Bob sí llegó al detector. Podríamos pensar que esa información valiosa de Alice se perdió, sin embargo, al medir a Bob, se descubrió que toda la información que Alice observó había sido pasada a Bob de manera instantánea, más rápido que la velocidad de la luz. En realidad no se transmite información útil más rápido que la luz, ya que su interpretación requiere procesos en el mundo macroscópico, es decir, en el mundo clásico. Lo que ocurre es que ambas partículas comparten un estado cuántico y están conectadas por un proceso muy complejo que los hace ser uno pero dos a la vez. Este experimento fue realizado por Anton Zeilinger et al. en el año 2014. Zeilinger, John Clauser y Alain Aspect, recibieron el premio Nobel de la física el año 2022 gracias a sus aportes realizando experimentos de fotones entrelazados, establecer la violación de los estados de Bell y ser pioneros en la ciencia de la información cuántica.  


Aún hay muchas cosas que no sabemos del mundo macroscópico y es por eso que no resulta extraño nuestro conocimiento limitado del mundo cuántico que, a pesar de ser una gran incógnita, no deja de ser fascinante para quienes lo estudian y para quienes quieren saber sobre esta rama de la física. 


Dado que se trata de un tema tan complejo, muchos investigadores y artistas han intentado acercarlo al público general. Un ejemplo ocurrió en el concurso Dance your PHD, donde la investigadora y bailarina Merritt Moore ganó el concurso a través de un video bailando y explicando el entrelazamiento cuántico. Para más información sobre la mecánica cuántica, los invito a escuchar uno de los episodios de Oscilador Armónico, el podcast del IFIC. 

El algoritmo de la depresión: cómo las redes sociales atrapan a los jóvenes

El debate sobre la edad mínima para acceder a las redes sociales ha cobrado fuerza en España tras el anuncio del gobierno de limitar el acceso a menores de 16 años, una medida que genera tanto dudas como expectativas. Según el informe Redes Sociales y menores publicado por la Oficina C del Congreso de los Diputados, más del 95% de los menores está presente en al menos una red social. El uso de estas plataformas se ha extendido entre los menores, siendo un espacio más para la socialización y aprendizaje de los adolescentes, aunque cada vez son más las voces expertas que alertan sobre sus riesgos para la salud y el bienestar de la infancia. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

Foto de Anh Tuan Thomas en Unsplash

Un estudio de la Universidad Miguel Hernández, que analizó la evolución de 2.121 menores durante tres años, ha revelado que existen edades críticas para el acceso a las redes sociales. Los resultados apuntan a que, a los 13 años, los adolescentes son especialmente vulnerables: cuanto mayor es el uso de redes sociales, mayores son los síntomas depresivos que presentan. Sin embargo, a los 16 años esta relación tiende a invertirse ligeramente, de modo que una mayor frecuencia de uso se asocia con una leve disminución de dichos síntomas. Pero, más que una cuestión puramente cronológica, el impacto de las redes se vincula estrechamente al nivel de desarrollo emocional y madurez de las personas. Los resultados de otra investigación de la Universidad Camilo José Cela refuerzan esta idea, observándose en una muestra compuesta por 1.707 personas de entre 16 y 75 años que el grupo de menor edad es el más vulnerable y presenta menos habilidades de regulación emocional en las redes.

Utilizar estas plataformas digitales no conlleva inmediatamente un riesgo: como señala el informe de la Oficina C, un tiempo de uso menor a las dos horas diarias puede incluso ser beneficioso para los adolescentes. Sin embargo, la mitad de los menores de entre 11 y 19 años pasan más de dos horas expuestos a las redes sociales cada día. Por ello, las voces expertas alertan: el verdadero riesgo no radica en el tiempo que los adolescentes pasan en las redes, sino en el “uso problemático”, caracterizado por la pérdida de control y los sentimientos de necesidad de conectarse. Este uso problemático impacta más en la salud mental que la cantidad de horas frente a la pantalla. El riesgo aumenta cuando la falta de autorregulación en las redes impide que los adolescentes cumplan sus objetivos cotidianos, lo que provoca consecuencias negativas en su vida diaria, como explica Daniel Lloret, profesor de psicología especializado en adicciones durante la adolescencia: “No poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina es la clave”.

Por ello, entregar un smartphone sin educación previa es arriesgado: “Enseñamos a conducir a nuestros hijos antes de comprarles un coche o una moto. Si primero les regalas el coche y después les enseñas, ocurren accidentes”, ejemplifica María Blanquer, investigadora especializada en Psicología de la Salud. La capacidad para navegar de forma menos vulnerable en redes sociales se consolida progresivamente con la edad. Es a los 16 años cuando el uso de las redes sociales deja de asociarse a un aumento de síntomas depresivos que sí se observa en etapas más tempranas.

Impacto desigual en chicos y chicas

El uso problemático de las plataformas afecta a los adolescentes, con un impacto que es más acusado en las chicas que en los chicos. El número de seguidores también influye, ya que se asocia con un aumento de síntomas depresivos en ellas. En los chicos, en cambio, el efecto resulta ligeramente protector, lo que sugiere que la audiencia digital no impacta de la misma manera según el género: “Podría estar relacionado con la validación social y la presión estética”, reflexiona Blanquer, aunque se trata de una hipótesis que, según la psicóloga, requiere más investigación.

La comparación social y la falta de capacidad para regular el impacto emocional afectan especialmente a las chicas, y este se intensifica cuando a la ecuación se suma la frecuencia de uso. En chicas que utilizan las redes con poca frecuencia, un alto número de seguidores genera presión adicional sobre su bienestar emocional, a menudo relacionada con la mayor exposición a la presión estética y a la violencia digital de género. Diversos informes sobre entorno digital seguro para la infancia señalan que la probabilidad de sufrir abuso y violencia sexual es mayor para ellas, especialmente en el entorno virtual. Por ello, la percepción de la audiencia y la exposición digital no afectan a todos los adolescentes de igual manera: la edad, el género y los patrones de uso son determinantes.

Vulnerabilidad emocional previa y riesgos

Además de estas variables, el estado emocional y los síntomas depresivos previos de los jóvenes influyen decisivamente en la evolución de la depresión. El uso problemático de las redes sociales del año anterior, así como el promedio de los años siguientes, es un buen predictor de la sintomatología depresiva, siendo una variable fundamental para anticipar la evolución de esta. La literatura apunta en la misma dirección: los adolescentes con vulnerabilidad emocional son los más susceptibles a que el uso problemático de las plataformas intensifique su malestar.

Pero, más allá de variables y factores individuales, tanto expertos como  organismos, como la UNESCO, coinciden: es necesario reforzar la alfabetización mediática para que los jóvenes se desenvuelvan con seguridad en entornos virtuales, mediante el desarrollo de habilidades como la gestión de la exposición a riesgos digitales y estrategias de afrontamiento para proteger su bienestar.

Sin embargo, aunque formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes sociales es central, varias voces advierten de que la responsabilidad no recae solo en los usuarios. Cada vez se pone más el foco en el papel de las plataformas, cuyo propio modelo de funcionamiento se basa en la economía de la atención y en amplificar el tiempo de uso, aunque no se lleven a cabo controles efectivos sobre el contenido. “Prohibir no resuelve el problema. Es un gesto importante, pero no se puede cargar las tintas sobre los propios usuarios, los adolescentes o sus padres y madres”, reflexiona Lloret, que advierte que se trata de empresas con gran capacidad para influir en la percepción social, por lo que el diseño de sus algoritmos debería ser más transparente.

La evidencia científica señala los 16 años como un punto de inflexión en el desarrollo, un momento en el que el impacto emocional de las redes se estabiliza. Más allá de la cifra, la ciencia evidencia que la protección de los más jóvenes no depende simplemente de una prohibición, sino de la combinación de diversos elementos: madurez, detección de vulnerabilidades previas, supervisión y educación, y una transparencia real por parte de las plataformas tecnológicas. 

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández: «La sobrecarga del cuidador se asocia con un mayor riesgo de errores con la medicación en casa»

Un estudio de la UMH revela que uno de cada cuatro cuidadores informales ha cometido errores con la medicación de pacientes dependientes por agotamiento emocional.

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández e investigador. Imagen cedida por el entrevistado.

El envejecimiento de la población y el aumento de los cuidados en el hogar provocan cambios en el sistema sanitario español y en el rol de las familias. El catedrático de la Universidad Miguel Hernández José Joaquín Mira, referente en investigación sobre calidad asistencial y seguridad del paciente, participa en un estudio publicado en el Journal of Health Quality Research con 176 cuidadores de personas dependientes, que analiza cómo influye la sobrecarga emocional en los errores en la administración de medicamentos. Los resultados señalan que el desgaste psicológico, además de afectar al bienestar del cuidador, también pone en riesgo la seguridad del paciente, duplicando el riesgo de cometer errores.

Pregunta: En este contexto de envejecimiento de la población y aumento del cuidado a domicilio, ¿por qué es relevante este estudio?

Respuesta: Desde siempre, las personas cuidan de otras, esto no es nuevo. Sí lo es que, sobre todo en países desarrollados y en Europa, se están produciendo cambios acelerados en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID: hay más personas que necesitan cuidados en casa porque vivimos más y la gente decide permanecer en su hogar el mayor tiempo posible. A las políticas de desinstitucionalización de los gobiernos, en parte por falta de recursos, se une la voluntad de quedarse en casa. Vivimos más años: el cambio más notable se ha dado en los hombres, que han aumentado significativamente su esperanza de vida. Esto implica que haya más personas con condiciones crónicas y no es gratis vivir más. Por tanto, más personas necesitan cuidados en casa y algo que siempre ha existido ahora cobra mayor relevancia.

P: Uno de cada cuatro cuidadores, 45 de los 176, dijo que había tenido algún incidente con la medicación. ¿Es más alto de lo esperado?

R: No, al contrario, es bastante razonable. Quienes cuidan a otros, o quien sigue un tratamiento crónico, sabe que hay confusiones y errores involuntarios que a veces tienen consecuencias. Igual que al movilizar a alguien sin técnica puedes lesionarte la espalda, en casa hay condiciones que afectan a la seguridad. En instituciones sanitarias llevamos años implantando protocolos para garantizarla, pero no debemos olvidar a los pacientes en casa. Aunque estén con familiares, también hay que velar por su seguridad. Ese es el objetivo de estos estudios.

P: ¿Cuáles eran los errores más frecuentes?

R: Principalmente, confusión por la apariencia de los fármacos, que muchas veces son parecidos. A veces hay varios cuidadores y falla la comunicación: equivocarse en la dosis, repetirla u olvidarla. También influye la conservación de los medicamentos: olvidar si deben ir en la nevera o dónde guardarlos. Algunos formatos, como las gotas, son más difíciles de dosificar. Son errores que en ocasiones pueden complicarse.

P: Cuando hablamos de cuidadores y pacientes, ¿a qué tipo de situaciones de cuidado nos referimos exactamente?

R: Nos centramos en personas dependientes que requieren ayuda diaria: alimentación, higiene, movilidad o tratamiento. No hablamos de cuidados puntuales, como cuidar a alguien con gripe, sino de quienes dedican muchas horas porque tienen a alguien dependiente a su cargo. En procesos largos, las rutinas pueden favorecer errores involuntarios. De los errores, estimamos que un 2% requiere atención sanitaria, es decir, tiene consecuencias más graves.

P: ¿Cómo influye la sobrecarga emocional en la gestión de medicación?

R: Es un tema recurrente en la investigación. Cuidar 24 horas al día, todo el año, influye en la vida personal y profesional. Es un reto para las instituciones. En Europa se han desarrollado leyes de dependencia con distintos grados de implantación. Nosotros hemos visto que una mayor sobrecarga emocional se asocia a más errores, con impacto en la persona cuidada.

P: ¿La sobrecarga emocional provoca errores, o existe una relación bidireccional entre sobrecarga e incidentes?

R: Son dos fenómenos que conviven. Por un lado, aumenta la probabilidad de error. Por otro, cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: ya existe la carga del cuidado y además surge el impacto emocional del error. Sentirse responsable afecta, más aún si hay vínculo emocional. Esto puede cambiar la actitud al cuidar, demasiadas precauciones tampoco ayudan pues aumentan la carga emocional y pueden ser contraproducentes: tener precauciones estandarizadas es útil, pero pasarse de la raya suele tener un efecto contrario.

P: ¿Qué tipo de consecuencias? ¿Más ansiedad, por ejemplo?

R: Más preocupación y exceso de control por miedo a que ocurran incidentes, lo que incrementa la carga mental del cuidado y termina favoreciendo la aparición de más errores. Involuntarios, pero se cometen. Estos sentimientos de responsabilidad y culpa hacen que las emociones no sean las más adecuadas para el cuidado.

«Cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: la carga del cuidado sumada al impacto emocional del incidente»

P: En el estudio encontraron que había más riesgo de error en hombres que en mujeres. ¿Cómo interpretar esta diferencia?

R: Los hombres se atreven a hacer más cosas: siguen menos las pautas que las mujeres, por ejemplo, con las prescripciones y pueden tener errores en esta dirección. También hay un nuevo fenómeno: los hombres vivimos más que antes. Más hombres llegan a una edad en la que su pareja tiene dificultades o requiere cuidados. Pero pertenecen a una generación con menos experiencia en tareas domésticas. Se enfrentan a nuevas dificultades al proveer cuidados básicos en el hogar, que las mujeres, por tradicionales sesgos de género, han asumido. Esto genera diferencias con los hombres que solían tener una menor responsabilidad en tareas domésticas. Por tanto, ahora tienen más margen de comisión de errores involuntarios. Tampoco podemos afirmar que sea así en todos los casos, pero va en esta dirección. También hay diferencias biológicas en la respuesta a medicamentos en ciertos procesos y es un factor que no siempre se tiene en cuenta. Entre cuidadores informales hemos visto que hay algunas pautas que son distintas según el género, así que conviene comentarlo. Al formar a cuidadores puede ser útil, basándonos en errores que hemos visto, dar algún mensaje diferente a hombres y mujeres, aunque, al final, las recomendaciones básicas son las mismas para ambos.

P: ¿Podría el sistema sanitario hacer algo sobre la responsabilidad sanitaria que recae sobre las familias?

R: Cada vez somos más conscientes de que la información es clave. Ha habido escuelas de cuidadores informales. Hoy contamos con tecnologías digitales, lo cual es importante porque estos cuidadores no pueden acudir regularmente a formación presencial. Necesitan recursos accesibles desde casa. Es clave formar en medicación de riesgo y en uso de dispositivos médicos complejos. Materiales fiables e inmersivos pueden ser una alternativa eficiente que nos podríamos plantear.

P: ¿Qué señales indican si un cuidador está sobrecargado?

R: Principalmente la fatiga y la dificultad para recuperarse con el descanso, además del estado de ánimo. Es una situación exigente en tiempo y responsabilidad. Muchas personas lo identifican, pero no tienen salida porque el paciente necesita atención. Las ayudas sociales, aunque limitadas, dan cierto alivio y recuperación. Esta es una situación complicada de resolver, evidentemente. Estos tiempos libres o ayudas para que una persona pueda descansar unas horas, al menos algún día a la semana, suponen un alivio necesario para recuperarse.

P: ¿Detectaron culpa o miedo entre los cuidadores al hablar sobre incidentes con la medicación? ¿Se normaliza el agotamiento?

R: Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa, forma parte de su quehacer cotidiano. Hablar de errores cuesta en todos los ámbitos, también en el sanitario. Es una reacción humana. Tuvimos que ajustar las preguntas para obtener respuestas fiables. Es un reto al investigar en este campo porque se tiende a infrainformar, es decir, a no contar completamente los errores o a minimizarlos por esa doble victimización. Ese sentimiento controvertido entre “sé que no he hecho bien algo” y el miedo a alguna consecuencia muy negativa.

P: ¿Hubo algún testimonio llamativo?

R: Sí, situaciones cotidianas que reflejan la dificultad de organizar el día a día. Por ejemplo, administrar medicación con poca luz para no despertar al paciente y confundirse. O guardar medicamentos del paciente y de mascotas en el mismo lugar y mezclarlos. Son situaciones comunes.

«Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa»

P: ¿Qué le diría a un cuidador con burnout?

R: Si el cuidador está sobrecargado probablemente haya aislamiento. Es importante romperlo a través de asociaciones, apoyos sociales… Los servicios sociales tienen limitaciones, pero hay recursos disponibles y es una puerta donde se puede llamar. En centros de salud y hospitales existen grupos de formación y apoyo. Es importante mantener ese contacto social, porque alivia la presión y la sensación de soledad y alta responsabilidad.

P: Hacer piña.

R: Un poco, sí. Al final el ser humano encuentra por ahí una válvula de escape que funciona. Cuando hemos organizado grupos, fíjate, más que si era eficaz o no lo que hacíamos, una de las cosas que nos han dicho algunos cuidadores era: “Es la primera vez que alguien me pregunta”. Ese dato refleja una sensación de aislamiento.

P: ¿Estamos olvidando el papel de los cuidadores?

R: No, hay iniciativas en España y conciencia social. Otro problema distinto es si hay recursos suficientes porque el número de personas que cuidan a otras es enorme en nuestro país: cientos de miles de personas. No hablamos de un fenómeno aislado. Aún así sería necesario un plan más coordinado para abordar esta problemática social, clínica y humana.

¿Un choquero en aguas marcianas?

“Eres más de Huelva que un choco”. Choquero es el gentilicio coloquial con el que se autodenominan los onubenses, habitantes de la provincia de Huelva. Pero, ¿podría un ser humano “mojarse los pies” en las aguas del planeta rojo o Marte? Estas aguas marcianas están más cerca de lo que creemos, y quizás podemos encontrar algún choquero en ellas…

La Sierra de Aracena y Picos de Aroche, al norte de la provincia de Huelva, alberga un ecosistema vivo único en el mundo: el nacimiento del río Tinto. Este se encuentra en el interior de la Peña de Hierro, un yacimiento mineralógico que cesó su actividad en los años 70, aunque a día de hoy todavía se lleva a cabo la explotación minera en otras latitudes del cauce de este río. El mineral extraído por la compañía Rio Tinto Company Limited (RTC) era entonces transportado en ferrocarril hasta la capital de la provincia, donde se fundía con el río Odiel gracias a las vigas de hierro del Muelle del Tinto, emblemático bien de interés cultural de Huelva. Una vez allí, el mineral partía en buques hacia tierras inglesas, por aquel entonces gerentes de la compañía, proceso que duró hasta 1975.

Yacimiento minero Peña de Hierro (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Muelle del Tinto (derecha). Foto: María Isabel Mendoza Sierra.

Debido al emplazamiento de su nacimiento, el río Tinto posee una importante particularidad… ¡Es rojo! Este peculiar color se debe a la presencia de microorganismos en este “subsuelo marciano”, donde encontramos bacterias autótrofas, es decir, sintetizan sus propios compuestos orgánicos a través de compuestos inorgánicos con la ayuda de una fuente de energía. En función de la fuente de energía utilizada, podemos distinguir los organismos fotoautótrofos, que adquieren la energía química a partir de la luz (por ejemplo, las plantas durante el proceso de fotosíntesis), y los organismos quimioautótrofos, que adquieren la energía química a partir de procesos de oxidación de materia inorgánica.

Para leer más sobre modelos metabólicos: Tortorelli, M. del C. (2023). Ríos de vida. Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), pp. 51-52.

En el caso de las bacterias presentes en este río, nos encontramos ante esta segunda posibilidad, donde individuos de la especie Thiobacillus ferrooxidans utilizan compuestos inorgánicos de azufre y hierro, contenidos en los minerales de pirita y la calcopirita, oxidándolos con ayuda del CO2 atmosférico para la creación de materia orgánica. Estas oxidaciones poseen distintas repercusiones: por un lado, la génesis de ácido sulfúrico (H2SO4) a partir de compuestos azufrados conlleva a una disminución del pH de estas aguas (pH ácido en torno a 2,3, sabiendo que el agua de consumo humano posee un pH de 7) y, por otro lado, la transición de hierro ferroso (Fe2+) a hierro férrico (Fe3+) conlleva al enrojecimiento del agua (como un caramelo masticable, a medida que este se chupa va perdiendo el color, y en este caso en nuestra lengua la que acaba apareciendo roja). Asimismo, bajo esta alta acidez, los metales de los minerales se liberan más fácilmente, disolviéndose en el agua, por lo que estas bacterias poseen un gran interés en minería para la extracción y recuperación de metales (proceso de lixiviación de mineral).

Comparación de la recuperación de oro en lixiviación de mineral en ausencia de tratamiento biológico (izquierda) y en presencia del efecto oxidante de la bacteria Acidithiobacillus ferrooxidans (derecha). Fuente: Gil Robles, 2020.

Este ecosistema oligotrófico y anóxico (escaso en nutrientes para los seres vivos que lo habitan y bajos contenidos en oxígeno, respectivamente) posee características geoquímicas y mineralógicas muy similares a las que se han podido observar en Marte. Así, tanto la National Aeronautics and Space Administration (NASA) como la European Space Agency (ESA), así como científicos del Centro de Astrobiología de Madrid, están estudiando este lugar con el fin de crear instrumentos que puedan detectar vida extraterrestre, como por ejemplo en Europa, una de las lunas de Júpiter. El Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) lleva a cabo un proyecto intitulado Life-detection Mars Analog Project (LMAP), el cual explora ambientes extremos (aridez, alta radiación UV, elevado contenido en sales, temperaturas extremas) en busca de vida, la cual podría ser análoga al planeta marciano. Tanto los sulfatos (jarosita) como los óxidos de hierro (hematita) comparten localización con la cuenca del río Tinto y Marte, además de que estos minerales preservan de manera fidedigna restos de materia orgánica, por lo que son buenos indicadores de posible existencia de vida extraterrestre. Un muestreo llevado a cabo en territorio terrestre ha permitido analizar tres tipos de biomarcadores (inmunológicos, lipídicos y genéticos) que permitirían comparar las comunidades microbianas presentes en la Tierra con potenciales señales de vida marciana en su subsuelo helado en el marco de la misión IceBreaker.

Cauce del río Tinto (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Trayectoria del rover en el cráter Jezero de Marte. Fuente: NASA.

Recientemente, se han aprobado nuevas misiones espaciales, como es el caso del regreso de Artemis II, la cual busca ahondar más los conocimientos que poseemos acerca de nuestro satélite, la Luna, con una nave tripulada que ha orbitado alrededor de este astro. Otra misión activa de la NASA es la Mars 2020 Perseverance Rover, esta vez no tripulada, cuyo objetivo es la recolección de muestras de roca y regolito (roca y polvo) de la superficie del cráter Jezero en Marte.

Ambas misiones tienen como propósito conocer en mayor profundidad los secretos del Universo, pero, ¿y si estos secretos se encontrasen más cerca de lo que pensamos? En The Martian (atención spoiler), el protagonista cultiva patatas en Marte. Pero no hace falta viajar tan lejos… e ir simplemente a “nuestro Marte en la Tierra” para observar una especie floral endémica (Erica andevalensis) que soporta estas condiciones extremas.

Ver a un choquero mojándose los pies en Marte quizás sea más fácil de lo que parece. Además, incluso si estas aguas poseen una gran acidez, tienen el mismo pH que una famosa bebida comercial (sí, increíble pero cierto), así que, ¡no dudes en probar la experiencia si no tienes miedo a un pequeño tatuaje temporal naranja durante un par de días!

Del uranio al radón: el gas radiactivo que podría estar en tu salón

Cáncer de pulmón y gas radón.
El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón. Juandy Dady/Shutterstock

¿Está tu hogar lleno de material radioactivo? El gas radón es un riesgo para la salud que suele pasar desapercibido. Se trata de un gas invisible e inodoro, pero no inofensivo. Este elemento radioactivo es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo tras el tabaquismo y podría estar flotando en tu casa sin que te percates de su presencia.

La pelea contra el cáncer de pulmón se ha centrado en el tabaquismo. Sin embargo, aunque no fumes, es difícil evitar el radón. Este gas radiactivo es considerado la fuente de radiación natural más frecuente a la que los humanos nos exponemos. ¡Supera la exposición al Sol, que es todo un reactor de fisión nuclear! Sin embargo, no todos nos enfrentamos a la misma cantidad de radón.

Los niveles de radón varían por todo el planeta, dependiendo de los minerales presentes en cada región. Hay países con poco, como Islandia, mientras que otros tienen cantidades exorbitantes, como República Checa. Pero, ¿qué hay de España? El mapa de radón español podría hacer creer que no hay demasiado: el Levante, el sur y la mayoría del norte no presentan niveles altos. Sin embargo, Galicia, Extremadura, León y Castilla y partes de Madrid acumulan altas cantidades. Este gas radiactivo puede causar cáncer, pero antes de colarse a tu salón, inicia como uranio en las entrañas de la Tierra.

Mapa potencial del radón por provincia. Es crucial mencionar que la mejor forma de visualizarlo es por municipio.

El uranio no se convierte en radón por arte de magia, sino con un poco de física y química. Todos los elementos de la tabla periódica están compuestos por tres partículas subatómicas: protones, neutrones y electrones. Los dos primeros forman el núcleo atómico y alrededor de este “orbitan” los electrones. Existen núcleos diminutos, como el del hidrógeno, que solo tiene un protón, y núcleos masivos, como el uranio, que cuenta con 234 partículas.

Los núcleos atómicos colosales se vuelven inestables bajo su propio peso. Para estabilizarse, pasan por un proceso natural llamado desintegración nuclear, de la que existen tres formas: alfa, beta y gamma. Centrémonos en la primera. La desintegración alfa es un evento cataclísmico a nivel atómico en el que el núcleo del elemento se parte, formando dos nuevos elementos: helio y otro elemento con un núcleo más pequeño que el original. Durante esta partición nuclear se liberan altas cantidades de energía, lo que conocemos como radiación.

La historia del radón comienza en las profundidades de la corteza terrestre, donde hay grandes cantidades de uranio. Este enorme elemento pasa por la desintegración nuclear para estabilizarse. Cuando se desintegra, forma torio, otro elemento inestable que sufre la misma suerte. Tras desintegrarse, el torio se transforma en radio, que también es inestable. El radio eventualmente también se desintegra y forma radón.

Serie del uranio y formación del radón.
La serie del uranio muestra cómo la desintegración nuclear forma nuevos elementos. Cada vez que un elemento se desintegra, libera radiación.

El uranio, el torio y el radio son metales, pero el radón es un gas. Este gaseoso elemento puede escapar de la corteza terrestre y colarse a nuestro mundo, en la superficie terrestre. En el exterior, el radón se disipa rápidamente por la atmósfera y no representa un peligro. Sin embargo, puede infiltrarse en nuestros hogares y almacenarse ahí.

Nuestras casas están sobre la tierra y desde sus profundidades, como un ratón silencioso que aprovecha cualquier grieta u agujero, el radón puede escabullirse sin que nos percatemos. Si la ventilación no es la adecuada, este inquilino radiactivo se queda por ahí, flotando, y podemos inhalarlo sin notarlo.

Aunque el radón es un gas, en términos atómicos sigue siendo enorme y puede sufrir desintegración nuclear dentro del pulmón. La cantidad masiva de energía (radiación) que libera al transformarse en polonio daña el ADN. Podemos imaginar al ADN como castillo de arena y a la radiación como una ola: cuando la energía impacta con la molécula de la vida, esta se desmorona.

Los daños en el ADN causan mutaciones, cambios en los genes (instrucciones) que contiene. Ciertas mutaciones vuelven inútiles a los genes porque la instrucción que contienen deja de tener sentido. Dos grupos de genes son esenciales para mantener el cáncer a raya: los genes supresores de tumores, que regulan la división celular y evitan que las células se reproduzcan demasiado rápido, y los oncogenes, que inducen la división celular.

Ambos tipos de genes deben estar en equilibrio, como si estuviesen en una balanza, ya que si dejan de funcionar correctamente, las células se dividen sin control. Podemos imaginarlo como una presa: siempre deseamos que tenga agua; si falta, dejamos que pase más; si sobra, cerramos las compuertas para que no llegue más y se desborde. Si no se puede frenar el paso del agua, eventualmente la presa se desborda. Las células se parecen: tienen que multiplicarse, pero si no pueden frenar, forman un tumor.

Efectos de la radiación en el ADN.
La radiación liberada por la desintegración nuclear es capaz de romper el ADN y causar serias mutaciones genéticas. Ormalternative/Shutterstock

Si se vive en una zona alta en radón (puedes consultar tu municipio), es conveniente tomar algunas medidas. En las plantas bajas, casas y sótanos es fundamental sellar bien el suelo y las fisuras con cemento para evitar que el gas se infiltre. La ventilación también ayuda, aunque las ventanas podrían no ser suficientes. A veces, conviene instalar un extractor. Esto se determina midiendo la cantidad de radón en casa.

La última recomendación es sacudir y aspirar porque, al desintegrarse, el radón se transforma en polonio, otro elemento radioactivo, capaz de adherirse al polvo, el cual podemos inhalar. El polonio también se desintegra, volviéndose plomo y liberando altas cantidades de energía que dañan el ADN. El plomo es un elemento que por fin es estable y culmina la cadena de desintegración nuclear que inició el uranio.

Un hachazo no derriba un árbol, al igual que una desintegración nuclear del radón no causa cáncer. Sin embargo, como varios golpes con el hacha tiran un pino, años respirando un gas radiactivo en casa pueden causar serias mutaciones en las células del pulmón, causando cáncer. Por ello, es crucial saber si vives en una zona de alto riesgo. A veces con abrir la ventana y sellar las grietas por casa es suficiente, pero ciertas construcciones requieren de un extractor, pero todo comienza sabiendo que existe un gas rastrero que puede ser un inquilino silencioso, pero no bienvenido.

Referencias utilizadas

Britannica Editors (2026, February 26). alpha decay. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/science/alpha-decay

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Mapa del Potencial de Radón de España CSN, 2017

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Ecoansiedad: ¿Por qué el clima nos quita el sueño?

¿Has sentido alguna vez una sensación de angustia al leer sobre el deshielo de los polos o los incendios forestales que cada vez son más frecuentes? No estás solo. El simple hecho de hacer “scrolling” en tu teléfono móvil cada mañana y leer noticias sobre sequías, inundaciones o incendios forestales se ha convertido, para muchos, en un ejercicio de ansiedad.

De hecho, este malestar no es un fenómeno aislado: un estudio internacional publicado en The Lancet Planetary Health señala que casi el 60% de los jóvenes en todo el mundo se sienten muy o extremadamente preocupados por el cambio climático. Esto refleja como en los últimos años el cambio climático ha dejado de ser únicamente una crisis ambiental para convertirse en un desafío de salud pública. Este malestar definido por una mezcla de impotencia y tristeza tiene un nombre técnico: ecoansiedad

¿Qué es exactamente la ecoansiedad?

La ecoansiedad no es solo un tema de moda en internet o una enfermedad mental. Según explica la investigadora María Pastor Valero, de la Universidad Miguel Hernández (UMH), es una “respuesta emocional lógica y muy normal ante un problema que es real” .

Mientras que la ansiedad clínica a menudo carece de una causa clara, impide el funcionamiento diario y/o necesita un tratamiento médico, la ecoansiedad nace de una amenaza objetiva como es la crisis climática. Se manifiesta a través de sentimientos de tristeza profunda, pensamientos rumiantes sobre el futuro del planeta, desesperación e incluso sentimientos de negación. Solo se convierte en cuadros clínicos como depresión o estrés postraumático si estos sentimientos se vuelven crónicos o muy intensos.

Brisbane - Alan" por School Strike / Flickr / Licencia Creative Commons CC BY 2.0
«Brisbane – Alan» por School Strike / Licencia Creative Commons BY 2.0)

¿Cómo se mide un miedo global?

Para estudiar este fenómeno, la ciencia utiliza herramientas validadas internacionalmente. Una de las más destacadas es la escala Hogg, diseñada originalmente en 2021 para jóvenes en Australia y hoy es utilizada en diversos países.

Este instrumento consta de 13 ítems que evalúa la experiencia y las sensaciones sobre el clima de las personas en las últimas dos semanas.  A través de diferentes preguntas como «¿has tenido pensamientos repetitivos sobre el futuro del planeta?» o «¿has sentido angustia o ansiedad cuando piensas en el cambio climático?», se asigna una puntuación de 0 (nunca) a 3 (casi todos los días), sumando un total de 39 puntos. Esta puntuación permite a los epidemiólogos identificar qué grupos de población están sufriendo más.

¿La ecoansiedad nos afecta a todos por igual?

Uno de los hallazgos más reveladores de las investigaciones sobre la ecoansiedad es que no nos afecta a todos por igual ya que existe una brecha de desigualdad. Un estudio cualitativo realizado en Brasil revela que en lugares como las favelas de Sao Paulo (Brasil) los jóvenes viven el cambio climático como una amenaza directa; el medio a perder su casa por una inundación. En cambio, en jóvenes universitarios con un nivel socioeconómico alto, la ecoansiedad suele ser más “intelectualizada” generada por el flujo constante de información catastrófica en redes sociales. Por lo que la ecoansiedad es un espejo de la desigualdad social, ya que muestra una clara injusticia medioambiental asociada a la pobreza.

También se ha comprobado que la ecoansiedad golpea más fuerte a las mujeres jóvenes debido a una mayor conciencia social y preocupación por el futuro y a una mayor carga de responsabilidad en los hogares.

¿Cómo podemos gestionar este malestar?

La clave está en la comunicación y la acción colectiva. Mensajes alarmistas en los medios de comunicación o que buscan culpabilizar al individuo solo aumentan la angustia y el malestar en la población. En cambio, la comunicación debe incluir mensajes esperanzadores y contar historias de éxito local.

Proyectos de cooperación internacional, como el proyecto CLINE (Generation Climate Crisis), propone combatir la angustia mediante la creación de laboratorios ciudadanos. Se ha comprobado que cuando las personas se asocian con otras de la comunidad para realizar acciones proambientales, el nivel de ecoansiedad se neutraliza. Esto funcionan como una terapia en el que los niveles de angustia disminuyen.

Sentirte abrumado por las noticias del clima de hoy en día es una respuesta lógica y normal, pero, sobre todo, es importante entender que el conocimiento y la acción comunitaria son las herramientas definitivas para reducir las desigualdades sociales. Es posible que quizás este gran desafío nos obligue a conectarnos y dejar el aislamiento atrás para proteger no solo nuestro planeta, si no también nuestra salud mental.

Evolución humana: la conexión profunda entre composición de la dieta, la edad de destete y sus consecuencias poblacionales en el paleolítico superior

Los descubrimientos realizados en el yacimiento de la cueva de Taforalt, Marruecos, publicados en Nature Ecology & Evolution desafían ideas asentadas sobre la dieta y costumbres de los cazadores-recolectores de la edad de piedra tardía. La mitad de la base nutricional de la dieta era de origen vegetal. También han inferido que la edad de destete era alrededor del año lo cual consideran que puede estar relacionado con esta importancia de los alimentos de origen vegetal en su vida cotidiana.

Yacimiento de Taforalt, Marruecos.
Imagen del yacimiento de la cueva de Taforalt (fuente: Wikimedia licencia CC0-0 1.0)

Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania, han analizado las dentaduras de restos humanos de algo más de 13.000 años de antigüedad encontrados en el yacimiento de la cueva Taforalt, en el norte de Marruecos. La investigación ha posibilitado un mejor entendimiento sobre sus dietas. Esto, a su vez, permite un mejor entendimiento del estilo de vida y las costumbres que en aquel momento seguían los pobladores de esa región. La comparación de los niveles de zinc en los dientes humanos con los de herbívoros y carnívoros locales mostró que los humanos consumían una dieta más rica en plantas que en carne, asemejándose más a los herbívoros.

Con esto no sólo se comprende mejor la realidad cotidiana de estas personas que habitaban la región del norte de África, conocidos como cultura Ibero Mauritana, sino todo el estilo de vida de caza y recolección del paleolítico superior.

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«L’activitat física és de les intervencions no farmacològiques més eficaces contra la diabetis»

Entrevista a Ivan Quesada Moll

Catedràtic de Nutrició i Bromatologia de la UMH i membre de la Unitat d’Investigació Bàsica en Diabetis del UMH-IDIBE

Professor Ivan Quesada Moll

En l’actualitat el professor Quesada, en la seua figura d’investigador, està treballant en diversos projectes analitzant la disfunció de les cèl·lules beta i alfa pancreàtiques (productores de les hormones insulina i glucagó, respectivament) durant l’envelliment o l’embaràs que poden afectar la regulació pancreàtica del sucre en sang i l’aparició de diabetis. Entre els seus articles més citats estan no només estes qüestions de les cèl·lules alfa i de la regulació glucèmica en situacions de diabetis i obesitat sinó també el paper dels disruptors en patologies metabòliques. Tots estos temes tenen com a punt central l’alimentació, la nutrició i el metabolisme, i per això per a ell és fundamental no només la qüestió fisiològica al darrere sinó també la qüestió social, on parla directament d’una societat obesogènica.

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«Disponer de agua para regar hoy va a depender de la evolución del clima»

La directora del grupo de investigación Agua y Energía para una Agricultura Sostenible de la UMH, Herminia Puerto Molina, alerta de la falta de actuaciones en el mantenimiento de los recursos naturales

Herminia Puerto Molina. Imagen cedida por la profesora.

La zona de la Vega Baja se encuentra en el sureste peninsular. Se caracteriza por un clima mediterráneo seco, con un volumen de precipitación muy bajo. Además, en la Vega Baja se concentra una importante actividad agrícola, gracias, en parte, a las aguas del polémico Trasvase Tajo-Segura. Sin embargo, la situación podría cambiar con los efectos del cambio climático. La profesora Herminia Puerto Molina llama a la acción inmediata, individual y colectiva, para paliar los efectos de este calentamiento global y preservar los recursos del suelo, el agua y la agricultura.

1. Actualmente ¿a qué problemas se enfrentan los agricultores de la zona?

Los grandes problemas que tienen son, por un lado, la falta de relevo generacional; por otro, no se conocen bien las posibilidades que tiene la automatización, para mejorar la eficiencia del riego de los cultivos. Los agricultores podrían hacer algún tipo de inversión en automatización en regadío tradicional porque no son excesivamente caras. Sin embargo no es una inversión que sea fácil de acometer por la gran falta de relevo generacional en la agricultura.

2. ¿Qué otros problemas existen en esta zona que puedan agravar la situación de déficit de agua?

Otro de los problemas es la tendencia al abandono de las tierras y, si se quedan desnudas- sin vegetación-; si no se consigue dejarlas de alguna manera preparadas para que las lluvias no arrastren el suelo, esto significará pérdida de suelo y la escala de formación del suelo es de milenios. Es un recurso que, si se pierde, va a ser muy difícil recuperar.

Además, está la falta de superficie de evaporación en la costa o zonas cercanas a la costa. En verano, las brisas marinas que se forman en la costa van cargadas de humedad. El sentido de la brisa es del mar hacia tierra. A lo largo de ese recorrido la brisa o el aire cargado de humedad se eleva. Si se encuentra en la parte de tierra con zonas húmedas (un lago, saladar, zonas regadas), la evapotranspiración contribuye a aumentar la humedad y se desatan las lluvias o las tormentas de verano. Si en la zona de la costa no tenemos áreas con zonas húmedas, ese aire pasa por encima de las montañas y se ha perdido la oportunidad de tener una tormenta de verano.

3. Esta zona recibe aguas trasvasadas, ¿por qué este trasvase del Tajo-Segura es, prácticamente, el más polémico de España, aunque hay muchos?

En España hay del orden de 15 trasvases. El Tajo-Segura es el último gran trasvase que se ha hecho en España. Y es un trasvase que ha traído agua de Castilla la Mancha, que en su momento no tenía un gran desarrollo agrícola, a una zona que sí que ha florecido con el agua del trasvase. Ha dado lugar a una industria agroalimentaria de gran valor añadido. Es problemático porque trae agua de una zona donde realmente lo que se ha ido produciendo a lo largo del tiempo es despoblamiento a una zona que ha florecido con la agricultura.

Fotografía del Trasvase Tajo-Segura en Murcia. Fuente propia

<<Es un recurso [el suelo] que, si se pierde, va a ser muy difícil recuperar>>.

4. ¿Podría disminuir el volumen del agua trasvasada, como uno de los efectos del cambio climático?

Las previsiones que hay para la zona de la Comunidad Valenciana, o en general para la zona mediterránea, son una disminución de las lluvias en la parte interior y que aumenten, o que aumenten ligeramente o se mantengan, en la zona de la costa aunque serán de tipo más torrencial. Con lo cual, habrá bastantes problemas en el tema del arrastre y pérdida de suelo por erosión hídrica. Donde están el nacimiento del Júcar y del Segura es donde está previsto que disminuyan las lluvias. Así que, seguramente, los caudales de estos ríos disminuirán con el tiempo.

En el caso del Tajo, si, efectivamente, el caudal de los ríos que abastecen a esos embalses de cabecera (Entrepeñas y Buendía) disminuye, el número de días o meses que el volumen en los embalses sea menor del necesario para poder hacer un trasvase aumentará.

5. La Vega Baja es una zona con alto riesgo de DANA. El incremento de las DANA que se prevé por el cambio climático ¿también podría afectar negativamente a toda la zona de regadío y ayudar justamente a esa pérdida de suelo?

Las inundaciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Conocemos la pérdida de bienes, destrucción de infraestructura… Pero también puede tener un efecto beneficioso porque lava los suelos y, en una zona como la Vega Baja con tendencia a la salinidad, donde suelos y los acuíferos son salinos, las lluvias como las DANA podrían lavar los suelos y favorecer a la pérdida de la salinidad. Es un tema que está por estudiar. Yo creo que sí que sería interesante tener al menos un proyecto de investigación que se centrara en eso.

6. ¿En su opinión, habrá que despedirse de los frutos típicos de la zona: granadas, limones, naranjos y alcachofas?

Los cultivos en la Vega Baja han ido cambiando hacia cultivos de invierno, como la alcachofa, porque durante el invierno las necesidades de riego son menores. Si los agricultores no van a poder tener agua para llevar al final el cultivo, cambiarán a otros o dejarán de cultivar, aunque los granados podrían funcionar bien sin mucha agua.

7. ¿Qué soluciones existen más allá del trasvase? Se ha comentado mucho la importancia de la depuración de las aguas de Madrid para aumentar la cantidad de agua que llegue al trasvase. ¿Y sobre la desalinización como posible solución?

Si miramos los porcentajes de uso del agua, en España el 70% se dedica a regadío, la agricultura es la mayor consumidora de agua. Luego entre 18 a 20% se dedica a la industria, y entre un 10 y un 12% se dedica al abastecimiento urbano. Aprovechar un 90% de ese 10% de agua depurada es un 9% del total, es decir, podemos incrementar un 9%el uso del agua. Es más interesante usar las aguas depuradas por los nutrientes que puede llevar: los nitratos y los fosfatos, porque son macronutrientes.

Sobre la desalinización, el problema es que la relación sodio-calcio del agua del agua desalinizada no es buena para el regadío porque favorece la sodificación del suelo. Además, el porcentaje de rechazo del boro de las membranas es bajo, con lo cual son aguas ricas en boro, que es un tóxico específico para los cultivos. En mi opinión, no tendría que contemplarse como recurso habitual.

8. Como experta en eficiencia energética, ¿qué recomendaría a los agricultores de la zona como soluciones?

Yo intentaría incrementar el contenido en materia orgánica del suelo, porque un kilo de materia orgánica es capaz de retener hasta 10 L de agua. Se puede hacer a base de enmiendas orgánicas, a base de abonado verde o de acolchado de material vegetal como paja o astillas de madera. Y porque disminuye la emisión de óxidos de nitrógeno, que son también gases de efecto invernadero.

<<Es importante que nos pongamos las pilas y que se actúe de forma contundente>>.

9. ¿Qué papel juega la sociedad en esto: pérdida del suelo, malos usos del agua…?

Si la sociedad piensa que producir alimentos en nuestro territorio es importante, que es un valor que tenemos que preservar y que es importante que se pueda seguir produciendo alimentos en nuestro territorio, entonces deberíamos poner los medios para que se pueda seguir haciendo. Si nos da lo mismo como sociedad, pensamos que ya lo importaremos de otro sitio porque tenemos capacidad económica para comprarlo de otros países, pues, al menos, estaría bien tener un plan de reversión de las tierras a su estado, más o menos, natural para no perder el suelo. Porque a lo mejor dentro de algún tiempo, las generaciones venideras pensarán que es importante comer.

10. ¿Qué opina de las acciones que se están tomando a nivel nacional y europeo? ¿Son suficientes? ¿Qué otras acciones recomendaría tomar?

Tenemos ya muchas evidencias del cambio climático. Hay que tomárselo en serio, hay que empezar a actuar ya, cuanto antes mejor, porque se nos está cerrando la ventana de posibilidad de actuación contra el calentamiento global. Hace falta más acción, más compromiso. No es una cosa solo individual; es parte individual sí, y parte colectiva, parte de los gobiernos. Tenemos que ser más exigentes con los que toman las decisiones. Necesitaríamos tener un pacto global, lo mismo que se hizo con el agujero de ozono. Que se utilicen soluciones basadas en la naturaleza para infiltrar las aguas de lluvia que caen en las zonas selladas, que los usos del suelo no sigan cambiando y que no aumenten las superficie selladas y construidas. El efecto del cambio climático no se va a poder evitar: sequía en el Mediterráneo e inundaciones en el centro de Europa y ambas tienen el mismo origen. Es importante que nos pongamos las pilas y que se actúe de forma contundente.

Las zonas marinas cercanas a la costa conocidas como upwellings podrían reducir su producción de oxígeno debido al cambio climático

El cambio climático ha tenido muchos efectos en los últimos años en los diferentes ecosistemas: incremento de los incendios en los bosques, contaminación en los océanos, aumento medio de la temperatura, especies en peligro de extinción y fenómenos meteorológicos adversos. Las zonas marinas próximas a la costa y con una alta productividad de nutrientes, conocidas como upwellings -o afloramiento en español- no están exentas de consecuencias climáticas. En los próximos años se espera una reducción de su productividad que podría terminar en una disminución del oxígeno.

Fig.1: Esquema gráfico explicativo de un upwelling. Autor: NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration).

Los upwellings  más importantes se sitúan en los sistemas de corrientes oceánicas de Benguela (Sur de África), California (Estados Unidos), Canarias (Norte de África) y Humboldt (América del Sur). Se trata de lugares donde las aguas profundas, más frías y cargadas de nutrientes, emergen. Miles de microorganismos aprovechan este recurso. Entre los organismos encontramos microalgas, esenciales en la producción de oxígeno. Son también zonas de especial importancia para los humanos pues proporcionan lugares de pesca abundante.

Un estudio publicado en el Anual Review of Marine Science, a principios de este año, ha recabado toda la información de previos trabajos sobre el cambio climático y sus efectos, directos e indirectos, en estos afloramientos. El artículo ha sido contundente con los datos: existe suficiente evidencia para confirmar que el cambio climático está afectando a estas zonas. “Hay muchos proyectos que siguen monitorizando su evolución en todo el mundo. Todo apunta a que hay cambios reportables (en todos) como resultado del calentamiento global”, ha explicado Antonio Juan González Ramos, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, quien, al igual que los autores del estudio, ha  investigado durante años los efectos del cambio climático en los afloramientos.

Las consecuencias del cambio climático sobre estos ecosistemas podrían generar un efecto dominó, según el estudio. El calentamiento del agua superficial, por el incremento de la temperatura terrestre, dificultaría la mezcla vertical y, por tanto, la llegada de aguas ricas en nutrientes. De ello se derivaría una disminución en la producción, esto es, la masa vegetal marina se reduciría y, con ella, la fotosíntesis. Los afloramientos son, junto con los bosques terrestres, los grandes productores de oxígeno. Si se reduce su producción fotosintética, la cantidad de oxígeno también lo hará. “Mayor calentamiento, mayor debilitamiento del afloramiento”, así lo ha resumido el profesor González Ramos al referirse a los efectos del cambio climático en los upwellings. 

Las zonas terrestres contiguas a los upwellings también tendrían impactos. Suelen ser lugares desérticos -como el desierto de Namibia, en el upwelling de Benguela o el Sahara en el sistema de Canarias. El calentamiento de las aguas superficiales generaría mayor vapor de agua, que se condensaría, lo que terminaría por incrementar las lluvias en estas zonas y provocaría un cambio en el paisaje.  

Los autores del estudio han alertado de la incertidumbre que aún pesa sobre las consecuencias del cambio climático en estas zonas. Los modelos que actualmente predicen los efectos no son del todo eficaces debido a la gran cantidad de variables que han de tener en cuenta. A esto se le añade la necesidad de estudiar las características de cada upwelling, que son importantes para conocer mejor cómo evolucionará en el tiempo. La falta de conocimiento podría dificultar la gestión de los upwellings y sus recursos y provocar mayores pérdidas al no estar preparados.