María Dolores Bargues, Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia: “Sin una coordinación interdisciplinar One Health hubiera sido imposible abordar lo sucedido en la DANA de Valencia”

Apenas diez minutos separaban el laboratorio de la Dra. María Dolores Bargues Castelló de la zona cero de una de las catástrofes climáticas más devastadoras de nuestro país. Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia, subdirectora del Centro Colaborador de la OMS en Fascioliasis y del Centro de Referencia de FAO/Naciones Unidas para Parasitología, la Dra. Bargues lideró una respuesta científica inmediata tras la inundación del 29 de octubre de 2024 en Valencia. 

El trabajo dirigido por Bargues contó con el soporte de los proyectos PROMETEO (Generalitat Valenciana) y CIBERINFEC (CIBER-ISCIII, Ministerio de Sanidad), centrados en la prevención de riesgos epidémicos asociados a la DANA en Valencia. Su equipo cartografió el desastre a través de cuatro cuencas fluviales, identificando una diversidad de virus, bacterias y parásitos ocultos bajo el lodo y el barro, la mayoría eran patógenos para los seres humanos. A juicio de la también ex-presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional, el enfoque One Health es la única vía para afrontar y gestionar los riesgos de un futuro marcado por la emergencia climática. 

Dra. María Dolores Bargues Castelló. Imagen cedida por la entrevistada

Ha trabajado en varios proyectos tanto internacionales como nacionales de gran envergadura. ¿Cómo se siente cuando el objeto de estudio ocurre solo a 10 minutos de su puesto de trabajo?

Fue una sensación de «tengo que hacer algo». Ante eventos catastróficos así, los agentes infecciosos circulan libremente por el medio ambiente y no tardamos ni tres días en reaccionar. Nos lanzamos a la calle con lo que teníamos; contábamos con más medios humanos que materiales, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que pudimos realizar.

Al final de la investigación se indica que el estudio está dedicado a los habitantes de Valencia y a los voluntarios. ¿Cómo vivió el equipo esa solidaridad mientras se realizaba el muestreo?

La palabra es sobrecogedor. En el terreno, es decir en la zona afectada, toda la gente se volcó en ayudarnos, incluso en sitios donde el acceso estaba prohibido por el peligro persistente. Hasta los mismos bomberos nos ayudaron a tomar muestras en parkings totalmente inundados. Fue una colaboración imprescindible y gratamente satisfactoria. Y desde el punto de vista científico, contamos desde el primer momento, con la colaboración del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, de la Universidad de La Laguna, liderado por el Dr. Jacob Lorenzo-Morales y del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, a través del grupo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, dirigido por la Dra. Consuelo Borrás.

En el artículo se aborda el enfoque One Health como la única vía capaz de abordar de manera integral las consecuencias de desastres climáticos complejos. ¿Cómo ayuda este concepto a entender lo que pasó en Valencia el 29 de octubre?

Lo que pasó en Valencia tuvo consecuencias inmensurables que debían abordarse de forma multidisciplinar.  El enfoque One Health integra la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. No solo analizamos agentes infecciosos, sino también las prácticas y conocimientos de la población, los animales que actúan como reservorios y la heterogeneidad del entorno. Sin una coordinación interdisciplinar hubiera sido imposible gestionar lo sucedido en Valencia. Gracias a este enfoque se ha podido definir un marco estratégico para poder mitigar y gestionar los eventos catastróficos, que van a ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático.


«Nos tiramos a la calle con lo que teníamos: más medios humanos que materiales»


El estudio divide la zona afectada en cuatro cuencas. ¿Por qué fue tan importante cartografiar con detalle el territorio?

La zona afectada era tan inmensa que lo primero que hicimos fue evaluar las trayectorias del flujo hídrico para entender cómo se desplazaban los riesgos. Cartografiamos cuatro cuencas principales: el afluente del río Gabriel y río Júcar, el río Magro, la Rambla del Poyo y el río Turia. A su vez, cada una de estas cuatro cuencas fluviales o de ramblas comprende cuatro subzonas inundadas con características diferenciadas según la altitud decreciente que seguía el flujo del agua (desde el interior hasta el mar): desde las áreas silvestres y montañosas, pasando por las llanuras agrícolas y áreas urbanas, hasta llegar a la zona del lago de la Albufera. Es importante cartografiar con detalle el territorio porque no se puede explicar lo que encuentras en las zonas de baja altitud sin saber qué había en las zonas altas del interior ya que hubo un desplazamiento hídrico masivo.

¿Qué tipo de muestras recogieron durante las primeras semanas tras la riada? ¿Y qué les sorprendió más al analizarlas?

Durante las tres primeras semanas recogimos más de 111 muestras medioambientales, como muestras de agua, barro – lodo y polvo en condiciones de gran dificultad.  Lo que más me impactó fue la inmensa diversidad de agentes patógenos identificados: una treintena de microorganismos entre virus, bacterias, protozoos y amebas de vida libre, así como vectores de enfermedades como mosquitos, flebótomos y caracoles dulceacuícolas. Además de que la gran mayoría eran patógenos humanos y las muestras evidenciaban una fuerte contaminación fecal, tanto de origen humano como animal, lo que explica la alta incidencia de cuadros de gastroenteritis y diarreas en la población.

En el estudio mencionan que la presencia de los microorganismos también tiene un origen animal. ¿Cómo influye en el riesgo sanitario la muerte de casi 3000 animales?

La muerte de estos animales liberó al entorno numerosos patógenos que pueden transmitirse entre animales y humanos (zoonosis), contaminando el agua y, sobre todo, el lodo, lo que aumentó el riesgo de infección por contacto directo. El lodo resulta más peligroso que el agua porque actúa como un medio donde los patógenos se depositan y se concentran. Por este motivo cuando se da una catástrofe por inundación, la principal vía de transmisión es la contaminación fecal por contacto directo. Es esencial el uso de mascarillas y guantes, el lavado exhaustivo de cualquier alimento o bebida que vayamos a ingerir y la protección de pequeñas heridas en la piel para reducir el riesgo de infecciones. 

 Contaminación de aparcamientos subterráneos y alcantarillas.
Fuente: Mas-Coma et al., 2025 DOI: 10.1016/j.onehlt.2025.101093

El estudio indica que el 60% de los fallecidos fueron ancianos, principalmente por factores físicos como vivir en plantas bajas o su menor movilidad ante el agua. Ustedes introducen el concepto de ‘inflammaging’ para analizar una amenaza distinta: la que aparece durante la limpieza y las hospitalizaciones posteriores. ¿Por qué este estado de ‘inflamación crónica’ hace que un patógeno del lodo, que quizá solo daría una diarrea leve a un joven, se convierta en una amenaza vital para una persona mayor?

El envejecimiento conlleva un fenómeno llamado «inmunosenescencia», que es el proceso de envejecimiento del sistema inmunitario. A medida que una persona envejece, sus defensas se vuelven menos eficaces y más desreguladas. Este proceso implica también una mayor inflamación crónica. Por eso, un patógeno del lodo que solo causaría una molestia leve en un joven puede ser más patógeno para una persona mayor por su menor capacidad para combatir las infecciones. Además, los ancianos fueron el grupo más vulnerable no solo biológicamente, sino también económica y psicológicamente, ya que la mayoría residían en plantas bajas de las calles céntricas de las poblaciones inundadas, donde los destrozos y las pérdidas fueron mayores. 


«Solo si ciencia, salud y política actúan de forma coordinada, las sociedades podrán afrontar el cambio climático»


El estudio habla de la necesidad de crear una “línea base extrapolable”. ¿Cómo puede este trabajo ayudar a gestionar futuras catástrofes climáticas, que cada vez son más frecuentes?

Las inundaciones representan el 40% de los desastres naturales y son responsables de un elevado número de víctimas. Con este trabajo hemos definido una línea de base que cualquier país puede extrapolar: un modelo que enseña cómo coordinar ciencia y política, y cómo monitorizar los agentes patógenos antes, durante y después de la crisis. Lo ocurrido en Valencia nos ha mostrado las deficiencias y ahora tenemos un modelo de referencia sobre cómo actuar para salvar vidas en catástrofes futuras similares. Además, fue vital que el conocimiento sobre estos agentes infecciosos llegara de inmediato a los hospitales y centros de salud para poder aplicar cuanto antes las medidas preventivas. Publicar el artículo de forma temprana en una revista científica de Open Access fue la mejor manera de compartir los resultados para su consulta y aplicación.

En las conclusiones menciona la necesidad de elegir gestores con “talento y habilidades verificadas”. ¿Qué considera que falló en la cadena de mando a la hora de la gestión de la gota fría? 

Lo más importante que podemos destacar de nuestra experiencia es que es necesaria una respuesta rápida, y coordinada.Sobre todo, liderada por especialistas. Solo si la ciencia, salud y política actúan de forma coordinada y adaptable, la sociedad podrá afrontar eficazmente los retos globales como el cambio climático o las emergencias sanitarias. Necesitamos fortalecer los sistemas de alerta temprana, incorporar la vigilancia ambiental pre y post- desastre, diseñar infraestructuras resilientes y apostar decididamente por la cooperación interdisciplinar bajo el marco de One Health. De aquí se desprenden múltiples lecciones que deben ser asimiladas tanto por los profesionales de las disciplinas implicadas como por los responsables políticos y de gestión gubernamental.